Carrie Fisher hablaba de sus demonios, y no esperó jamás un final de película

Carrie Fisher hablaba de sus demonios, y no esperó jamás un final de película

Carrie Fisher nunca dijo que había vencido sus problemas. La hija predilecta de Hollywood nunca esperó un final de película. A menudo hablaba abiertamente acerca de su larga lucha, durante 45 años, con el trastorno bipolar, el alcoholismo y su adicción a las drogas, explicando cómo los opiáceos en particular “suavizaban” sus episodios maníacos.

En su característico humor negro, compartió anécdotas tales como la vez que Dan Aykroyd le realizó la maniobra de Heimlich para liberarla de un ahogo con un repollo de Bruselas. También escribió acerca de sus lavajes de estómago y de cómo fue recibir terapia electroconvulsiva.

Mientras que muchas estrellas jóvenes que han muerto por abuso de drogas se convirtieron en mitos, atrapadas en una inmortal vía rápida, Fisher expuso la realidad mucho más desigual y tediosa con la que luchan millones de estadounidenses.

Un informe del forense publicado este lunes acerca de su muerte, en diciembre pasado, reveló que restos de alcohol, cocaína, heroína y ecstasy en su sangre. Aunque los patólogos no pudieron concluir cuán tóxicos dichos niveles de drogas fueron, o cómo afectaron su deceso, su uso después de tantas intervenciones médicas y terapias testifican la implacabilidad absoluta de la lucha de Fisher. “Desafortunadamente, hay tantos estadounidenses y personas en todo el mundo que sufren de adicción y problemas de salud mental, y su vida realmente pone de relieve lo devastador que ello puede ser como enfermedad”, afirmó Adam Leventhal, director del Laboratorio de Salud, Emoción y Adicción de USC.

La honestidad de Fisher ayudó a otros

Carrie Fisher vivía en círculos enrarecidos: era la hija de Debbie Reynolds y Eddie Fisher, la actriz más conocida como la Princesa Leia en la exitosa saga “Star Wars”.

Su voluntad de hablar acerca de su enfermedad mental ayudó a quitarle el estigma al tema para muchos otros estadounidenses comunes, y probablemente llevó a que más personas hablen con sus amigos y familiares acerca de sus sentimientos, o a buscar un tratamiento, estimó Leventhal.

Para el experto, el problema es que muchas sustancias que alteran la mente -el alcohol, la mentanfetamina, el ecstasy, la cocaína y la heroína- “engañan al cerebro humano para que crea que son necesarias para sentirse bien”.

“Las drogas me hacían sentir más normal”, le dijo Fisher a Psychology Today en 2001. “Me contenían”.

Su sustancia preferida era Percodan, una medicación opiácea que se conoció en la década de 1970. En su punto más bajo, la actriz tomaba 30 píldoras al día, le dijo a la publicación. “Ni siquiera te hacen efecto. Es como un trabajo; como marcar la tarjeta del empleo”, recordó. “Le mentía a los médicos y buscaba en los cajones de la gente y en los botiquines de los baños ajenos en busca de drogas”.

A los 28, terminó en el hospital con un tubo en su garganta para bombear su estómago, ya que ni siquiera estaba lo suficientemente consciente como para decirle a los doctores qué había ingerido.

La lucha contra el trastorno bipolar, la búsqueda de alivio

Después de su recuperación, fue diagnosticada con trastorno bipolar. Era la segunda vez en cuatro años. La primera vez lo había ignorado, y sentía que el diagnóstico sólo le había dado una excusa para sus fallas morales como una niña privilegiada que se había vuelto adicta. Esta vez, lo aceptó y recibió el tratamiento para ello y sus adicciones. Comenzó a escribir sobre la experiencia de la rehabilitación en su novela semiautobiográfica y best-seller “Postcards From the Edge”.

Se estima que seis millones de estadounidenses sufren de trastorno bipolar. Al menos la mitad de ellos “tienen toda una vida de abuso de alcohol, y un tercio de ellos abusa de las drogas”, remarcó Samuel A. Ball, presidente y director ejecutivo del National Center on Addiction and Substance Abuse. “Los medicamentos para el dolor, la ansiedad y el sueño pueden usarse con frecuencia en un intento de automedicar el dolor emocional, la agitación o la falta de sueño que acompañan la fase maníaca o depresiva de la enfermedad bipolar”.

Con tratamiento, Fisher tomaba casi dos docenas de píldoras por día, algunas veces a regañadientes por temor a sofocar el ataque de creatividad que venía con la manía. También le dijo a los entrevistadores que escribir era una forma de canalizar su mente hiperactiva. Así, se convirtió en una autora prolífica y experta en guiones, y sus historias cómicas y autoflagelantes de excesos parecían estar arraigadas en el pasado.

“Hay tratamientos y una variedad de medicamentos que se pueden usar para aliviar los síntomas de un maníaco depresivo, o de un depresivo”, declaró Fisher a USA Today en 2002. “Se puede llevar una vida normal, sea lo que fuere. He llegado a un punto donde puedo llevar una vida normal, donde mi hija puede confiar en mí y en mis comportamientos predecibles, y eso es muy importante para mí”. 

No estoy sola cuando las cosas se ponen difíciles’

Muchos se inspiraron con su mensaje. Charlotte Horton, una estudiante de la Universidad de Cincinnati, de 20 años de edad, afirmó que se sentía aislada cuando era adolescente luego de que le diagnosticaran trastorno bipolar, ansiedad y depresión. No tenía amigos con quién hablar de su enfermedad y creía que nunca lograría nada en su vida.

Luego halló artículos online acerca de Fisher y Demi Lovato, una cantante y actriz quien también ha hablado públicamente acerca del trastorno bipolar.

“Saber que otra gente lo tenía me dio la sensación de que no estoy sola cuando las cosas se ponen difíciles”, dijo Horton. “Puedo ser exitosa. Puedo hacer mi propia historia en lugar de que mi enfermedad mental controle mi vida”.

Fisher estaba en un período altamente productivo de su vida justo antes de morir. Acababa de finalizar el rodaje de “The Last Jedi”, secuela de “Star Wars”; HBO había estrenado un documental acerca de su relación con su madre, “Bright Lights: Starring Carrie Fisher and Debbie Reynolds”, y se encontraba de gira para promocionar su flamante best-seller, “The Princess Diarist”.

Fisher dejó de respirar el 23 de diciembre, en un vuelo de Londres a Los Ángeles. Su asistente dijo a las autoridades que Fisher había dormido la mayor parte del viaje y sufrido algunos episodios de apnea del sueño, lo cual era habitual, según el informe del forense. Hacia el final del vuelo, no pudieron despertar a la actriz, sostiene el informe. Minutos más tarde comenzó a vomitar profusamente y se desplomó. Fue llevada al Ronald Reagan UCLA Medical Center, donde se le colocó asistencia respiratoria, y cuatro días después murió.

El impulso de la automedicación

Steve Sussman, profesor de medicina preventiva, psicología y trabajo social en USC, señaló que es difícil saber qué empujó a Fisher hacia el uso de drogas en los días previos a su fallecimiento, pero la decisión de emplearlas es a menudo una respuesta ante el estrés. La mente asocia sensaciones positivas con una droga, y luego la busca como automedicación. “Con los adictos, todo es momento a momento”, precisó.

Natasha Tracy, quien escribe un blog de salud mental y es autora del libro “Lost Marbles: Insights Into My Life With Depression & Bipolar”, consideró que Fisher fue “una luz brillante” para las personas que luchan con enfermedades mentales. Más que ser honesta al respecto, Fisher mostró que es posible tener una carrera y una familia, escribir libros y hacer humor. “Creo que hace que sea más fácil reconocer las luchas propias. Las personas con enfermedades mentales no están locas… tienen vidas y pueden, de hecho, lograr grandes cosas”, señaló.

También remarcó que desde su propio diagnóstico de trastorno bipolar, hace casi dos décadas, halló consuelo en que otros hablaran sobre su enfermedad, y recuerda haber leído acerca de un episodio maníaco que Fisher sufrió en un crucero. “Ese momento por sí solo es tan educativo, porque dice que no importa lo mucho que una enfermedad mental complique tu vida -y puede complicarla mucho, mucho, mucho-, se puede volver de ello y seguir con la existencia que uno desea”.

Para Tracy, el hecho de que Fisher falleciera con drogas en su sangre no empaña su legado de resistencia y tenacidad en la lucha contra las enfermedades mentales. “Se puede pelear y pelear y pelear, y a veces uno pierde”, dijo. “Si algo demuestra es cuánto dolor y cuánta lucha ella había dado durante tanto tiempo… El final es realmente desafortunado, pero todo lo demás es increíble”.

Traducción: Valeria Agis

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