Cada día, cerca de 20 niños mueren en los EE.UU. por las armas de fuego; qué estamos haciendo al respecto

Cada día, cerca de 20 niños mueren en los EE.UU. por armas de fuego; qué estamos haciendo al respecto

Cada día, tres o cuatro menores de 17 años mueren y otros 16 son hospitalizados en el país por una misma causa: armas de fuego. De hecho, según un nuevo análisis de datos federales publicado en la revista académica Pediatrics, la violencia armada es la tercera causa de muerte para niños estadounidenses de entre uno y 17 años de edad, y la segunda causa de fallecimientos relacionados con lesiones, después de los accidentes automovilísticos.

Se trata de una cuestión de salud pública importante, y de un tema puramente estadounidense: los EE.UU. representan el 91% de las muertes por armas de fuego de chicos de uno a 14 años de edad entre todos los países de altos ingresos. Aun así, el Congreso, cooptado por la Asociación del Rifle cuando se trata de políticas de armas, no trata el tema como una amenaza para la salud pública, lo cual es indignante.

El análisis expone algunas diferencias interesantes entre las víctimas. Las tasas más altas de homicidios con armas de fuego se registraron en Washington, D.C., y Louisiana, y luego se concentran en el sur y el medio oeste, así como en California -a pesar de nuestras relativamente fuertes leyes de control- y Nevada. Los varones son víctimas más del 400 por ciento de las veces que las niñas, una diferencia que se incrementa entre los adolescentes.

“La mayoría de estos niños son varones de entre 13 y 17 años, afroamericanos en el caso de homicidios, y blancos e indígenas nativos en el caso de suicidios”, remarcó el informe.

Los niños más pequeños tienden a sufrir disparos por parte de familiares en incidentes de violencia doméstica, o como espectadores inocentes en balaceras públicas (aunque el estudio advierte que los datos provienen sólo de los 17 estados que informan al National Violent Death Reporting System). Los chicos mayores suelen sufrir disparos en conexión con otro crimen, a menudo vinculado con pandillas o drogas.

De hecho, el 85% de los niños menores de 12 años fueron abatidos en una casa o apartamento (el 60% de ellos por alguien que jugaba con un arma), pero la cifra cae al 39% entre los niños mayores, con un porcentaje similar de ellos baleados en una calle o callejón. Las armas se emplearon en más de las tres cuartas partes de los homicidios, pero sólo en el 60% de los suicidios, y la tasa es levemente menor en las muertes no intencionales.

Por ello, asegurar las armas de fuego puede ser una protección significativa contra los suicidios en particular, remarca en informe. Eliminar el fácil acceso a las armas, que son desalentadoramente eficaces como forma de suicidio, podría reducir los incidentes. “Los suicidios suelen ser impulsivos en este grupo etario. Hay hallazgos previos que indican que muchos de los que intentan quitarse la vida pasan 10 minutos o menos deliberando”, dice el reporte. “La alta tasa de letalidad asociada con los intentos de suicidio con armas de fuego hace que disponer de medios altamente letales en momentos de una crisis sea un factor crucial en el hecho fatal”.

Cada vez más investigaciones sugieren otras políticas y leyes para abordar la gama de temas relacionados con muertes y lesiones por armas. Por ejemplo, las leyes que limitan el acceso a las armas a personas bajo órdenes de restricción por violencia doméstica reducen el riesgo de disparos entre parejas, y los programas dirigidos a reducir la violencia en general -como iniciativas antipandillas y entrenamiento escolar contra la violencia- también, obviamente, reducen los episodios con armas.

Y esta es la vergüenza de la nación: sabemos que es un problema (que se puede rastrear a diario aquí), sabemos que se pueden tomar medidas para abordarlo, pero no las tomamos.

Tal como algunos señalaron después del tiroteo en Sandy Hook Elementary School, en 2012, nuestro sistema político -sesgado por el pesado pulgar del lobby de las armas- ha decidido que las vidas de niños inocentes pueden ser sacrificadas por la quimera del derecho a llevar armas de fuego.

Garry Wills lo enmarcó dentro del contexto del antiguo dios canaanita Moloch, para quien se sacrificaban niños.  “Por ese horror [de Sandy Hook] no puede culparse sólo a una persona desquiciada”, escribió. “Fue el sacrificio que nosotros, como cultura, hicimos y hacemos constantemente a nuestro dios demoníaco. Garantizamos que loco tras loco tengan a su disposición un suministro de poder letal… El arma no es una mera herramienta, un poco de tecnología, un tema político, un punto de debate. Es un objeto de culto. La devoción a ella impide la interrupción de los sacrificios que conlleva. Como la mayoría de los dioses, hace lo que quiere y eso no puede ser cuestionado. Sus acólitos piensan que sólo es capaz de cosas buenas”.

Sorprendentemente, estamos en esta rutina de inacción legislativa aunque el porcentaje de estadounidenses que poseen armas de fuego ha disminuido, el 55% de las personas en el país quieren más controles de armas e incluso la mayoría de los propietarios de armas apoyan el aumento de los requisitos de seguridad y controles universales obligatorios de antecedentes, todos elementos que han sido rechazados por el lobby de armas.

Otra rareza: los dueños de armas reportan que las poseen para protección, a pesar de que el crimen violento en el país viene cayendo durante el último cuarto de siglo y los estudios muestran que la presencia de un arma de fuego en la casa aumenta las posibilidades de que alguien muera, ya sea mediante un suicidio o un acto de violencia doméstica.

Cuando más tiempo tardemos en actuar, más demorará la matanza.

Traducción: Valeria Agis

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