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Basta de las escuelas charter y de los vales; aquí hay cinco ideas que deberían ser adoptadas (OPINIÓN)

Donald Trump estira su brazo para estrechar la mano de un estudiante, antes de un discurso sobre la elección llevado a cabo el 8 de septiembre de 2016 en el Cleveland Arts and Social Sciences Academy.

Donald Trump estira su brazo para estrechar la mano de un estudiante, antes de un discurso sobre la elección llevado a cabo el 8 de septiembre de 2016 en el Cleveland Arts and Social Sciences Academy.

(Evan Vucci)

Donald Trump no se cansa de recordarnos que es un hombre de negocios, y con Betsy DeVos ha nombrado a una secretaria de Educación que apoya un modelo de negocio enfocado en mejorar la educación primaria y secundaria. El problema es que avala el modelo equivocado.

Las instrucciones de DeVos incluyen la administración escolar con fines de lucro, vales financiados por los contribuyentes para pagar la matrícula en escuelas privadas y la elección de los padres como el principal vehículo para la regulación. Sin embargo, donde se ha experimentado con tales cuestiones de libre mercado se han visto resultados decepcionantes.

El modelo de libre mercado data de un ensayo escrito en 1955 por el economista Milton Friedman de la Universidad de Chicago. Friedman sostuvo que el papel del gobierno en la educación debe limitarse a proporcionarle a los padres vales para pagar una cantidad fija de la matrícula en escuelas que cumplan los requisitos mínimos. Si el costo excede el valor del bono, el pago por parte de los padres, o de los fondos de la beca, debería cubrir la diferencia.

Para Friedman, los vales liberaban a los estudiantes de las inadecuadas escuelas públicas de su comunidad, y la competencia para inscribir alumnos mejoraba la variedad y la calidad de la enseñanza.

Comparando la educación con los productos alimenticios, Friedman escribió que al igual que los consumidores se benefician de la competencia entre supermercados, los padres y los estudiantes se beneficiarían de la competencia entre escuelas. También mantuvo que los vales les otorgarían a los alumnos minoritarios una salida de las escuelas segregadas y que la competencia entre las escuelas generaría mejores sueldos para los buenos maestros al incrementar la demanda de sus servicios.

Estas ideas se enraizaron por primera vez en Chile en 1981. Un año antes de su aplicación, el 78% de los alumnos de ese país asistía a escuelas públicas, el 15% a escuelas privadas con ayuda del gobierno y el 7% a escuelas privadas de élite sin tal ayuda.

Para 2008, las cifras fueron del 46%, 47% y 7%, respectivamente. La segregación socioeconómica había intensificado la brecha de rendimiento académico entre los niños más desfavorecidos y sus compañeros de clase media y alta; los administradores escolares con fines de lucro habían generado protestas y pedidos de reformas, y el salario de los profesores siguió siendo bajo.

Una historia similar ocurrió en Suecia, la cual, una década más tarde adoptó un sistema de vale completo. Cuando los inversionistas financiaron ahí la apertura de cientos de escuelas privadas con fines de lucro muchos suecos nativos optaron por las escuelas nuevas, dejando atrás a los niños inmigrantes. El desempeño de Suecia disminuyó en las evaluaciones educativas internacionales, la administración escolar con fines de lucro provocó protestas y reformas y se redujo el salario de los maestros.

Sólo unas pocas ciudades en los Estados Unidos implementaron sistemas de vale, pero los resultados en estas ciudades -particularmente en Milwaukee, que lideró el camino en 1990, seguida por Cleveland y Washington-, tampoco han reivindicado la estimación de Friedman.

Una forma diferente de ofrecer la elección de escuelas, a través de instituciones charter financiadas públicamente pero administradas de forma independiente, ha demostrado ser mucho más popular.

Implementadas en 1992 por Minnesota, actualmente existen casi 7,000 charter en todo el país, pero estas instituciones también han logrado resultados desiguales, han llevado a una mayor segregación estudiantil y en gran parte han reducido el salario de los profesores.

En ningún otro sitio esto ha sido más cierto que en el estado de origen de DeVos, Michigan, el cual, gracias a sus esfuerzos, es hogar de la mayor cantidad de escuelas charter administradas comercialmente que cualquier otro estado en el país. De acuerdo con un reciente estudio del Urban Institute, y después de hacer controles demográficos, Michigan ocupa el lugar 47 en lectura y matemáticas de todos los estados.

El problema fundamental con el modelo de libre mercado para la educación es que las escuelas no son productos alimenticios. La educación es compleja ,y después de todo, el consumidor inmediato es un niño o un adolescente que no sabe mucho sobre la forma en que debe ser enseñado un tema. El padre, el legislador y el contribuyente necesariamente deben de estar cerca.

Por el contrario, los productos alimenticios son bienes discretos adquiridos por adultos quienes fácilmente pueden juzgar cada artículo según el sabor, valor nutricional y costo. Los supermercados también pueden ser fácilmente juzgados de acuerdo al servicio, ambiente y comodidad.

Aunque el modelo de libre mercado no sea una buena opción para las escuelas, hay cinco conceptos de negocio que deberían ser adoptados por los reformadores de la educación y las autoridades.

Así como la inversión de fase inicial en empresas prometedoras puede ofrecer recompensas descomunales para los inversionistas, la inversión de fase inicial en la educación puede ofrecer recompensas significativas para la sociedad. Otro economista de Chicago, James Heckman, analizó información de Michigan y Carolina del Norte que se remonta a varias décadas y encontró que ninguna otra inyección de fondos públicos se acerca a la tasa de rendimiento de la educación temprana de alta calidad.

Desde los días de Henry Ford, los negocios han entendido “la teoría de los salarios de eficiencia”. En 1914, Ford duplicó el salario de los trabajadores de la línea de montaje de $2.50 dólares al día a $5. Más tarde, los economistas validaron los resultados: pagar más cuesta menos, ya que los empleadores atraen y retienen a mejores trabajadores y por lo tanto mejoran la producción, e incluso reducen los costos de supervisión y rotación. Los estudios muestran una estrecha relación similar entre el salario de los maestros y los resultados educativos.

Un análisis entre los sueldos de profesores y el rendimiento de los estudiantes en ciencias (a los 15 años de edad) proporciona un buen ejemplo. Los datos provienen de los cinco países nórdicos y los seis países de habla inglesa involucrados en el Programa para la Evaluación Estudiantil Internacional de 2012. Los Estados Unidos y Noruega pagaron a los maestros un 68% y 71% de lo recibido por sus conciudadanos con títulos universitarios, y obtuvieron puntuaciones por debajo de la media de PISA. Finlandia y Canadá, por otra parte, pagaron a sus maestros un 97% y 105% y sacaron puntuaciones muy por encima de la media.

Retener a los buenos maestros y preparar a los administradores desde dentro de las filas, en lugar de entregar la dirección a los forasteros constituye otra importante lección de la guía empresarial. Así como documentó el historiador en negocios Alfred Chandler, las grandes organizaciones desarrollan talento internamente. Los investigadores de la educación en repetidas ocasiones han demostrado, en particular, que la rotación de los profesores deteriora el rendimiento estudiantil. Además, así como podrá recordar Los Ángeles de su experiencia con David Brewer, los superintendentes sin experiencia en el salón de clase tienden a estar fuera de sintonía con las necesidades pedagógicas.

La remuneración basada en el desempeño, otro objetivo principal de los reformadores con visión empresarial como DeVos, suena lógica pero fracasa. En su lugar, los reformadores deberían seguir el ejemplo de W. Edwards Deming, el padre de la industria automotriz japonesa moderna, quien sostuvo que la calificación y el pago por mérito generan miedo y perjudican el trabajo en equipo. “Así, la organización es quien pierde”, escribió.

Estudios longitudinales independientes del pago basado en el mérito entre maestros en Nashville y Chicago, realizados en 2010 por los investigadores de Vanderbilt University y Mathematica, lo corroboran: no encontraron ningún efecto sobre el rendimiento estudiantil.

“No dependan de la inspección para alcanzar buena calidad”, escribió Deming. “La inspección rutinaria se convierte en poco fiable mediante el aburrimiento y la fatiga”. Esta recomendación debe ser aplicada a los exámenes anuales de lectura y matemáticas para estudiantes, impuestos en el 2001 por la Ley No Child Left Behind y ratificada en 2015 por la Ley Every Student Succeeds.

En lugar de la “inspección rutinaria”, Deming instó al análisis detallado de las muestras pequeñas y evitar la práctica generalizada -los finlandeses hacen exactamente eso- con exámenes de alta calidad administrados a grupos pequeños de estudiantes. En consecuencia, los profesores no sienten ninguna presión para “enseñar para la prueba”, los estudiantes obtienen una formación integral y los administradores consiguen una comprensión superior del progreso estudiantil. La puntuación de los adolescentes finlandeses está entre los primeros lugares de las evaluaciones educativas internacionales.

Samuel E. Abrams es director del Centro Nacional para el Estudio de la Privatización en la Educación en Teachers College, Universidad de Columbia, y es el autor de “Education and the Commercial Mindset”.

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Traducción: Diana Cervantes

Para leer esta historia en inglés haga clic aquí


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