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A pesar de las inversiones, cada vez hay menos usuarios del transporte público

Metro planea invertir más de $12 mil millones durante los próximos 10 años para construir dos nuevas líneas de ferrocarril y tres extensiones, en lo que representa la mayor inversión de cualquier agencia de transporte en el país.

Metro planea invertir más de $12 mil millones durante los próximos 10 años para construir dos nuevas líneas de ferrocarril y tres extensiones, en lo que representa la mayor inversión de cualquier agencia de transporte en el país.

(Al Seib / Los Angeles Times)

Durante casi una década, el uso del transporte público ha disminuido en todo el sur de California, pese a los enormes y costosos esfuerzos de los altos funcionarios de transporte para ahuyentar a la gente de sus automóviles y atraerla hacia el uso de autobuses y trenes.

La Autoridad de Transporte Metropolitano del condado de Los Ángeles, la mayor agencia de transportes de la región, perdió más del 10% de sus viajes entre 2006 y 2015, un descenso que parece acelerarse. A pesar de haber realizado una inversión de $9 mil millones, destinada a nuevas líneas de trenes ligeros y metros, la agencia registra ahora menos usuarios que hace tres décadas, cuando los autobuses eran la única opción pública en el condado.

Al resto de las otras agencias no les va mejor. En el condado Orange, la cantidad de pasajeros de autobuses se desplomó un 30% en los últimos siete años, mientras que algunos operadores más pequeños de autobuses en la región han experimentado bajas cercanas del 25%. Sólo en los últimos dos años, un estudio realizado por Metro detectó que 16 proveedores de transporte en el condado de Los Ángeles obtuvieron caídas trimestrales de entre el 4% y 5%.

Años después del fin de la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, que provocó graves cortes de servicio, las agencias de tránsito aún intentan entender adónde se han ido sus pasajeros y qué se puede hacer para traerlos de vuelta, incluyendo cambios de recorridos y horarios.

Las autoridades dicen que la cantidad de pasajeros es cíclica y que los usuarios regresarán a medida que las congestiones de tránsito empeoren, el servicio de autobuses sea mejor, se inauguren nuevas líneas de trenes y una mayor parte de la población se mude a vecindarios fáciles de transitar a pie y cercanos a paradas de transportes.

Pero algunos expertos señalan que la recesión podría representar un cambio permanente en las formas en que la gente se desplaza, impulsado por un mercado laboral cambiante, la caída de los precios de la gasolina, los aumentos de tarifas, la disminución de la inmigración y la creciente popularidad de otras opciones de transporte, entre ellas el ciclismo y las empresas de servicios compartidos como Uber y Lyft.

“No sé si esto será a largo plazo, pero no parece algo temporal luego de 36 meses consecutivos de un descenso de pasajeros”, afirmó Darrell Johnson, director ejecutivo de la Autoridad de Trasporte del Condado Orange.

Esta disminución sugiere que los legisladores del sur de California se están quedando cortos en uno de sus objetivos de largo plazo: alejar a los conductores de sus automóviles y acercarlos al transporte público para reducir congestiones de tránsito, gases de efecto invernadero y la dependencia de la región a los combustibles fósiles.

El sur de California no está solo en este tema. El uso del transporte público en muchas ciudades de los Estados Unidos, como Chicago y Washington DC, ha caído en los últimos años. Pero la pregunta adquiere un nuevo significado en el condado de Los Ángeles, donde los políticos y autoridades de transporte evalúan actualmente la posibilidad de buscar otro aumento de medio centavo en el impuesto a las ventas en noviembre próximo, lo cual recaudaría $120 mil millones para grandes proyectos de transporte, entre ellos varias líneas de ferrocarril.

“Es un poco perverso”, afirmó el profesor de ingeniería de la Universidad del Sur de California (USC) James E. Moore II, quien ha sido un crítico del sistema ferroviario. “Se gasta tanto dinero y hay cada vez menos pasajeros. Si se invierte fuertemente en el transporte público, uno esperaría que el número de pasajeros aumentara”.

Phil Washington, presidente ejecutivo de Metro, afirma que la caída se revertirá cuando su agencia termine una “construcción completa” de su creciente red ferroviaria, un proceso que podría tomar décadas.

Metro planea gastar más de $12 mil millones durante los próximos 10 años para construir dos nuevas líneas de ferrocarril y tres extensiones, la mayor inversión de capital de cualquier agencia de transporte en el país.

Adicionalmente, el Concejo de Los Ángeles aprobó un plan radical el otoño pasado para fomentar el uso del transporte público y otras formas alternativas. El Plan de Movilidad 2035 incluye cientos de miles de carriles exclusivos para bicicletas y autobuses, que se agregarán a las calles de la ciudad durante las próximas dos décadas.

“No estamos construyendo para el presente”, afirmó Washington. “Estamos construyendo para dentro de 100 años”.

John Durant, de 36 años de edad, dejó de tomar autobuses después de graduarse de Cal State L.A., donde su viaje diario era de 45 minutos en cada sentido. Luego de conseguir un empleo en el centro de Los Ángeles, Durant se compró un automóvil, pese a que los gastos de estacionamiento, seguro y combustible le cuestan cientos de dólares más por mes que su pase de Metro.

“Si tomar el autobús fuese más rápido que conducir, más gente lo haría”, señaló Durant. “Pero no lo es”.

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