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Editorial: Los vales escolares no solo socavan las escuelas públicas, también nuestra democracia

Betsy DeVos

El presidente Donald Trump mira a la secretaria de Educación, Betsy DeVos, en una reunión con padres de familia y profesores, celebrada en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca, el 14 de febrero pasado.

(Evan Vucci)

El presidente Trump quiere desviar miles de millones de dólares de las escuelas públicas para financiar los vales para escuelas privadas y religiosas. Es una mala idea para los niños, la educación pública y nuestra democracia.

Hoy en día, los vales son utilizados por menos del 1% de los estudiantes del país. Trump y su secretaria de Educación, Betsy DeVos, quieren cambiar eso. La nueva propuesta presupuestaria de Trump realizaría recortes históricos al gasto federal en educación, al desviar mil millones de dólares a los programas de vales, un “pago inicial” sobre su promesa de aportar $20,000 millones, reiterada con frecuencia. Creemos que el plan del presidente sería un golpe terrible para las escuelas públicas y el 90% de los niños estadounidenses que asisten a ellas, mientras que no beneficiaría prácticamente en nada a los alumnos que reciben los vales.

Aunque nuestras organizaciones han discutido y discrepado durante años, tal es el peligro para la educación pública planteada por la aceptación de los vales por parte de Trump, que queremos manifestarnos juntos sobre este tema. El esfuerzo Trump-DeVos para impulsar los vales -o algo equivalente a ellos a través de créditos fiscales- amenaza la promesa y el propósito del gran nivelador de los Estados Unidos: la educación pública.

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En una época en que los niños de bajos recursos constituyen la mayoría de los estudiantes de las escuelas públicas, como país debemos hacer más para apoyar a las familias, los maestros, los administradores y las escuelas públicas. El plan de Trump haría lo contrario.

Las escuelas públicas nunca se han recuperado plenamente de la Gran Recesión. La investigación, el sentido común y nuestras experiencias colectivas en el trabajo con los niños, las familias y las organizaciones educativas nos dicen que debemos invertir en la educación pública, no recortarla. Eso significa ofrecer una educación preescolar de alta calidad para los niños y los servicios sociales, médicos y de salud mental que necesitan. Significa asegurar que los estudiantes lean a nivel de grado para el final del tercer grado; que cuentan con grandes oportunidades de aprendizaje, incluyendo la capacitación técnica y profesional que los pueda preparar para la universidad y el trabajo, y que son guiados por profesores y otros especialistas de la educación con buena formación. Significa abordar la profunda falta de financiación del gobierno federal para la educación especial y el desarrollo de una cultura de colaboración entre maestros, administradores, padres y comunidades.

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Los planes de presupuesto y vales de Trump-DeVos, de los cuales aún se desconocen los detalles, eliminarían más de 20 iniciativas de educación, entre ellas los programas de actividades extracurriculares y de verano, la educación técnica y profesional, el desarrollo profesional de los docentes y la financiación para reducir el tamaño de las clases. El dinero público se utilizaría, en cambio, para las escuelas que carecen de las protecciones de derechos civiles y responsabilidades de las escuelas públicas. DeVos impulsó de forma alarmante estas preocupaciones durante una audiencia del Congreso llevada a cabo la semana pasada, cuando en varias ocasiones se negó a decir que el Departamento de Educación retendría los vales de aquellas escuelas que discriminan, incluso contra los estudiantes LGBT o con discapacidades. Del mismo modo, evadió las preguntas sobre la rendición de cuentas.

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Creemos que el dinero de los contribuyentes debería apoyar las escuelas que son responsables ante los votantes, abiertas a todos, laicas y transparentes sobre el progreso de los estudiantes. Tales escuelas -públicas tradicionales y charter- son parte de lo que nos une como país.

Quienes enarbolan un enfoque esencialmente no regulado y de libre mercado para la educación K-12, entre ellos DeVos, se oponen diciendo que el suyo es un mejor camino para ayudar a los alumnos necesitados. No obstante, los hechos demuestran que allí donde se han puesto en práctica los vales a gran escala, el aprendizaje de los estudiantes ha sufrido.

En abril pasado, la sección de investigación del Departamento de Educación publicó un estudio del programa de vales instituido por el gobierno federal en Washington. Éste reveló que a los estudiantes con vales les fue peor en matemáticas que a los alumnos de escuelas públicas similares, y añadió a un creciente cuerpo de investigación que llegó a la conclusión de que los vales pueden dañar más que ayudar en cuanto al rendimiento de los estudiantes. De hecho, los resultados de las pruebas con vales -en comparación con otras reformas- son los peores en la historia del campo, según Kevin Carey, director de políticas de educación de New America.

Los funcionarios de la administración han sugerido el equivalente a una ‘forma ilegítima’ de incrementar el alcance de los vales: conceder créditos fiscales para las corporaciones y los ricos que contribuyan a los fondos de vales de terceros. La Asociación de Superintendentes Escolares de la nación analizó los estados donde dichos créditos ya existen y encontró que, en algunos casos, los donantes han obtenido ganancias a expensas de los contribuyentes y, en última instancia, de los niños. Y lo que Carey llama ‘la estafa’ de mover dinero a través de estos fondos hace difícil contabilizar cómo se gasta el dinero.

Las prioridades perversas de la administración de Trump son cada vez más claras: imponer los mayores recortes a los fondos federales destinados a la educación en toda la historia y reducir el apoyo a los niños pobres y las familias al eliminar Medicaid, los cupones para alimentos y otros programas, al mismo tiempo que se reducen los impuestos para los ricos. Es un plan que traiciona a millones de familias que buscan una vida mejor, y una contradicción con lo que representa este país. Las escuelas públicas son un motor fundamental de oportunidades en los EE.UU. Estaremos unidos para defenderlas.

Jonah Edelman es director ejecutivo de la organización Stand for Children, que aboga por una educación pública de calidad. Randi Weingarten es presidente de la Federación Estadounidense de Profesores.

Traducción: Diana Cervantes

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Para leer este artículo en inglés, haga clic aquí

 


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