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Las personas transgénero no están ‘enfermas’; la sociedad que las discrimina sí lo está

Manifestantes se reúnen para una sentada de protesta contra la ley conocida como ‘House Bill 2’ en Raleigh, Carolina del Norte, el 25 de abril pasado. (Chuck Liddy/The News & Observer, vía Associated Press).

Manifestantes se reúnen para una sentada de protesta contra la ley conocida como ‘House Bill 2’ en Raleigh, Carolina del Norte, el 25 de abril pasado. (Chuck Liddy/The News & Observer, vía Associated Press).

Descartemos la ciencia. Un legislador de Kansas cree saber qué hace transgénero a las personas: la enfermedad mental.

En un discurso que atacó al gobierno de Obama por su apoyo a los estudiantes trans, el senador estatal Steve Fitzgerald desestimó toda idea posible de una identidad transgénero. “Uno es hombre o mujer; eso no es modificable”, afirmó. “Es la realidad. La incapacidad para hacer frente o reconocer esa realidad es confusa, y puede ser confusa al punto de la locura”.

Fitzgerald no está solo en su diagnóstico. En febrero pasado, la representante Susan Lynn, de Oklahoma, presentó un proyecto de ley para regular el uso de los baños por parte de las personas transgénero, apoyada en la idea de que son seres altamente inestables mentalmente. Lynn escribió en su perfil de Facebook: “Nadie debe estar obligado a entretener el desorden mental de otra persona, y tampoco es sano para el individuo que está enfermo”.

En una carta enviada en mayo último al fiscal general de Tennessee, Herbert Slatery, la senadora estatal Janice Bowling estuvo de acuerdo con Lynn y acusó al gobierno federal de “apoyar a los estudiantes con trastorno de identidad de género a expensas de los alumnos mentalmente sanos”. La misiva de Bowling fue firmada también por otros 13 senadores y 20 diputados, todos los cuales, por lo tanto, adhieren a que ser transgénero es una enfermedad.

Esta idea parece ser común entre los legisladores republicanos, y ha servido como potente munición para impulsar los proyectos de leyes de regulación del uso de los baños en todo el país. Además de común, esta noción es absolutamente falsa y está basada en una noción científica anticuada e inexacta. La opinión médica acerca de la comunidad LGBT ha cambiado radicalmente en las últimas décadas, y continuar tratando a las personas trans como una población sospechosa y afectada es una verdadera amenaza para la salud pública.

Aunque la homosexualidad fue desclasificada como una ‘enfermedad mental’ por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés) en 1973, el progreso de la comunidad médica en temas transgénero fue mucho más lento. Hasta 2012, las personas trans eran calificadas como pacientes “con trastorno de identidad de género”.

Pero la APA modificó esta clasificación hace cuatro años, y ahora se lo conoce como “disforia de género”. Como la revista Mother Jones ha señalado, este cambio al Manual de Diagnóstico y Estadísticas de Trastornos Mentales intentó demostrar que “ser transgénero no es una enfermedad sino una variación humana, más parecido a ser zurdo que esquizofrénico”.

Jack Drescher, de la APA, afirmó además que el objetivo del cambio fue poner fin a la práctica médica de crear una patología de las personas transgénero, simplemente porque su existencia “pone incómoda a otra gente”.

La desclasificación de la APA también refleja la evolución de cómo la ciencia está comprendiendo la identidad trans. Un equipo de investigadores del centro australiano Prince Henry’s Institute of Medical Research argumentó que la disforia de género es producto de la biología, específicamente durante el desarrollo en el útero. “Es posible que una disminución de los niveles de testosterona en el cerebro durante el desarrollo podría resultar en la masculinización incompleta del cerebro de un transexual de varón a mujer [sic], dando por resultado un cerebro y una identidad de género más femeninos”, afirmaron los autores del estudio.

En España, un grupo de investigadores hallaron que los cerebros de los hombres trans y de aquellos consignados como varones al nacer son prácticamente idénticos. La Dra. Johanna Olson, quien es directora médica de la Clínica Transgénero del Hospital de Niños de Los Ángeles, le dijo a la revista Rolling Stone en 2014 que es poco probable que exista una razón única para que las personas sean trans. En lugar de ello, el desarrollo de la identidad de género es mayormente resultado tanto de la biología como de la crianza.

Claramente, la ciencia y la psicología han recorrido un largo camino desde aquellos viejos conceptos freudianos que señalaban la identidad de género como un producto del trauma infantil. Pero eso no ha impedido que los grupos defensores de derecha, tales como el Colegio Americano de Pediatras (ACP) compare las readecuaciones de sexo a las mutilaciones genitales. La ACP ha recomendado, además, que los administradores escolares “rechacen todas las políticas que condicionan a los niños a aceptar como normal una vida de químicos y suplantaciones quirúrgicas del sexo opuesto”.

Un detalle a tener en cuenta es que la ACP es un grupo de presión política, y no un legítimo grupo médico. Tal como explica Zach Ford, de ThinkProgress, “su nombre está creado para ser confundido con el de la Academia Americana de Pediatría (AAP), que es una organización nacional con más de 60,000 miembros”.

Aun así, la información errónea de la ACP continúa dando frutos en la iniciativa nacional para la aprobación de leyes regulatorias del uso de los baños. En Georgia, este año, los políticos republicanos escribieron una carta instando al gobernador Nathan Deal que se una a una demanda de 11 estados contra el gobierno de Obama, con el argumento de que sus políticas para los estudiantes trans conforman “un abuso infantil”. En la misiva se citaron los estudios de la ACP.

Las agrupaciones conservadoras que se oponen a los derechos trans no van a desaparecer. A menos que se las confronte, sus opiniones continuarán generando intolerancia en nombre de la ciencia, con el apoyo de una opinión pública que desconoce la diferencia.

La patologización continua de las personas transgénero sigue haciendo más sencilla la discriminación. Más de 30 países de Europa aún tienen leyes que requieren la esterilización obligatoria de las personas trans que solicitan documentación legal con su cambio de género. Estos países incluyen a Italia, Francia, Alemania e Inglaterra.

Ser transgénero no es sinónimo de enfermedad mental. Lo que está verdaderamente enfermo es una sociedad que sigue tratando a estas personas de ese modo.

Si desea leer la nota en inglés haga clic aquí.


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