Las ocho lecciones que aprendí al ser soltera en Los Ángeles

Las ocho lecciones que aprendí al ser soltera en Los Ángeles

Llevo ocho años en la categoría de las chicas solteras, es la decisión  que he tomado y hasta ahora me siento muy bien así. En estos ocho años he crecido enormemente y aprendido unas cuantas lecciones sobre mí misma, sobre el amor y el sexo opuesto.

Así que, sin preámbulos, vayamos a la lista. Ocho años soltera, ocho lecciones aprendidas:

1) Di lo que piensas: no puedo nunca darme cuenta si alguien gusta de mí. En serio, a menos que alguien venga y me diga: “Jonesie, me gustas”, nunca asumo que eso ocurre. Un tipo podría estar coqueteando descaradamente conmigo y yo lo miraré descuidadamente, como si se tratara de un payaso asesino del espacio exterior, que me deja petrificada por el miedo. Por favor, por el amor de todas las cosas sagradas, sólo dile cómo te sientes y qué piensas. Si la otra persona lo retribuye, entonces ¡misión cumplida! Si no, por lo menos liberaste tus emociones en lugar de reprimirlas.

2) Vive sola: vivir por cuenta propia es una necesidad para todos… especialmente para las mujeres. Saber que puedo matar todas las arañas en mi departamento me hace sentir súper poderosa. Además, he aprendido a sentirme bien al estar sola. Tengo mi propio conjunto de herramientas, puedo cargar un montón de comestibles por la escalera, armar un mueble de IKEA, arreglar mi inodoro y terminar una pizza entera yo sola.

3) Aprende acerca tu dinero: ¿A dónde se va tu dinero cada mes? ¿Cuánto estás gastando? ¿Cuánto puedes ahorrar? ¿Cuáles son los planes para ese dinero? Estas son todas lecciones que he aprendido de la forma más difícil, al estilo extracomplicado, innecesario (“en-qué-demonios-estabas-pensando”).

Mi mamá manejaba su dinero a la perfección. Ella ganaba mucho en su trabajo, ahorraba, pagaba las cuentas a tiempo, presupuestaba los gastos para ella y mi papá, básicamente todo. Ella era una maga con el dinero, y afortunadamente me enseñó a ser así.

Para mí, depender financieramente de otro no es una opción, pero si lo es para ti y eres feliz viviendo de esa manera, no lo juzgo. Incluso así, siempre es necesario aprender un buen manejo del dinero.

4) Piensa qué quieres: cuando era una veinteañera no buscaba tener una relación seria y sólo salía con tontos. Cuando más me ignoraban, más los prefería. Luego, cerca de los 30, tuve mi primera relación seria, que finalizó hace dos años. Hasta me había comprado un traje de bodas, ¿y para qué? No quería vivir con él, pero lo hice. No quería casarme, pero me compré el vestido… en secreto.

Durante mis veinte y tantos asistí a distintas escuelas, intentando encontrar la que era perfecto para mí. En el camino, siempre pensaba que debía parar un momento y averiguar qué era lo que realmente buscaba. Ahora, a los 36, sé exactamente lo que quiero y no pienso conformarme con menos.

5) No tengas un ‘tipo’: cometí el error de tener una lista de características que quería en un chico. Debía ser alto, tener una sonrisa perfecta, músculos, cabello oscuro. ¡¿Y me preguntaba por qué sólo atraía imbéciles?! Tener un tipo específico limita las posibilidades de atraer a la persona correcta para ti. Es bueno enfocarse en las cualidades, no en el aspecto, para atraer todo lo que se desea en un compañero.

6) Mantén tus estándares altos y comprueba tus expectativas: tener un estándar para la forma en que uno siente que merece ser tratado es genial. Ahora, esperar que otro llene cada expectativa que uno tiene de una relación, eso no es tan genial.

Si hay un cierto estándar que uno tiene -ejemplo: él debe tener su casa-, está bien. Pero, ¿ese estándar incluye expectativas de que la casa tenga seis dormitorios, siete baños, un vestidor y un tigre en el patio trasero? ¿Está clara la diferencia?

El hombre que conozcas puede no vivir en una mansión, pero sí poseer todas las cualidades deseadas. Hay que darle una oportunidad, y la mansión podrían construirla juntos.

7) Cambia tú, no a tu pareja: hay algunas cosas acerca de mí que sé que molestan mucho a otras personas. Por ejemplo, el hecho de que limpio mi casa como si viniera Oprah a visitarme. Aspirar me hace feliz, y también recorrer cada pasillo del supermercado, así compre algo allí o no. Veo mucho “Family Guy”, “Bob’s Burgers” y películas de épica. Anhelo pasar tiempo a solas. El silencio me hace feliz. Soy una suerte de solitaria que se regocija con los dibujos animados, los productos de limpieza y la escritura. Ahora, ¿estoy dispuesta a cambiar algunos de estos aspectos de mi personalidad? Creo que no.

OK, entonces quizás pueda alivianar mis rutinas de limpieza, y si él realmente se siente fatal con ello, quizás puedo obviar el Pasillo 5 en Vons. Esencialmente, quien soy como persona en este momento es lo que la otra persona conocerá, y ambos podremos cambiar y crecer juntos. Modificar algo para adaptarse o satisfacer las necesidades de otro tiene un sabor amargo.

8) Siéntente bien a solas: pasar tiempo a solas y sentirse solo son cosas distintas. Yo tengo necesidad de silencio y aislamiento muchas veces. Así sea para leer, escribir o cocinar, ese tiempo es una necesidad para mí. Estar a solas  puede sentirse ‘solitario’ a veces. Especialmente cuando pasas tus fines de semana con Netflix y descansando en el sofá, con la ropa interior de tu abuelita, comienzo palomitas y bebiendo vino.

Debemos aprender a sentirnos bien a solas para poder apreciar plenamente lo que significa tener a alguien que quiere incluirnos en su espacio. Qué hermoso es cuando eres tan increíble que una persona quiere compartir su precioso tiempo sólo contigo.

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Traducción: Valeria Agis

Copyright © 2019, Hoy Los Angeles, una publicación de Los Angeles Times Media Group
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