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Las mujeres estadounidenses son las grandes triunfadoras de Río; y no por casualidad

Michelle Carter, Maya DiRado, Aly Raisman, Simone Manuel, Katie Ledecky, Simone Biles y Kristin Armstrong. (Los Angeles Times and Associated Press).

Michelle Carter, Maya DiRado, Aly Raisman, Simone Manuel, Katie Ledecky, Simone Biles y Kristin Armstrong. (Los Angeles Times and Associated Press).

Una chica se adentra en un gimnasio en Houston en un viaje de estudios; un trabajador es cautivado por su chispa y, una docena de años después, la joven gana cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos.

Una niña se arroja a una piscina de un suburbio de Washington, D.C., donde asiste para hacer amigos. Un entrenador observa su brazada y, 12 años después, la misma chica recibe cuatro medallas de oro en las Olimpíadas.

A cinco días del cierre de los Juegos Olímpicos de Río, el veredicto final ya está listo, y las ganadoras indiscutidas son las mujeres estadounidenses.

Hay muchas mujeres que están rompiendo barreras; la magnitud de esto ha sido impresionante”.

Donna Lopiano, exdirectora ejecutiva de Women’s Sports Foundation.

Con once días transcurridos -de los 16 en total- las mujeres de los EE.UU. han ocupado el podio, dominado las transmisiones y dado testimonio de una inclusiva sociedad deportiva, ausente en muchas otras partes del mundo.

Una niña ingresa al mundo del judo gracias a su madre, cinturón negro, y eventualmente gana la medalla dorada. Otra chica acompaña a cazar a su abuelo; crece y dispara tan bien que alcanza el oro.

“Siempre crecí con estímulo, nunca me dijeron que no podía competir”, asegura la nadadora y campeona olímpica Maya DiRado, de 23 años de edad. “Esto es una parte aceptada de nuestra cultura”.

La gimnasta de los EE.UU. Aly Raisman (izq.) muestra su medalla de plata, y Simone Biles exhibe su medalla dorada, luego de los ejercicios de suelo en categoría femenina, este martes (Alex Livesey / Getty Images).

La gimnasta de los EE.UU. Aly Raisman (izq.) muestra su medalla de plata, y Simone Biles exhibe su medalla dorada, luego de los ejercicios de suelo en categoría femenina, este martes (Alex Livesey / Getty Images).

Las mujeres estadounidenses han cosechado 41 medallas, más que cualquier otra nación, a excepción de China y Gran Bretaña. También han ganado 17 medallas de oro, tanto como las delegaciones enteras de otros países. Y, además, han ganado dos medallas más que los hombres de los EE.UU., siete medallas de oro más que ellos, y absolutamente toda la atención de los medios en nuestro país.

Durante la primera mitad de los JJ.OO., según un estudio realizado por tres profesores de la universidad, el 58.5% de las transmisiones por televisión en horario central de NBC fueron dedicadas a las mujeres. La cifra es la mayor de todos los tiempos. “Es programación inteligente”, señaló Andy Billings, profesor de medios de deporte en la Universidad de Alabama y uno de los autores del estudio. “Tenemos una cultura tan progresista, y eso propicia que tengamos también muchas de las mejores atletas del mundo”.

Cuarenta y cuatro años después de la histórica aprobación del Título IX, que prohibe la discriminación contra las mujeres en todos los ámbitos de la educación con fondos federales, incluidos los deportes, el desempeño de las atletas estadounidenses no se remite sólo a la participación, se trata de ganar campeonatos. “Hemos dado más oportunidades a las mujeres en este país”, señaló Donna Lopiano, exdirectora ejecutiva de Women’s Sports Foundation y campeona nacional en nueve oportunidades con la Asociación de Softball Amateur. “Los efectos de eso se evidencian en estos Juegos Olímpicos”.

El equipo de los EE.UU. llegó a Río con el contingente de mujeres más numeroso de la historia olímpica: 292 de ellas -y 263 hombres-. En 1972, sólo 90 mujeres participaron, de un total de 428 atletas.

Una mujer de Monrovia, de 37 años de edad, supera los efectos de un embarazo complicado y dispara al platillo lo suficientemente bien como para convertirse en la primera en ganar una medalla en seis juegos consecutivos.

Una tiradora musulmana se convierte en la primera atleta estadounidense en competir llevando su velo, y obtiene para su equipo una medalla de bronce.

“En mi infancia en Rusia, los varones hacían deportes y las niñas tejían y hacían las labores hogareñas”, cuenta Mariya Koroleva, atleta de nado sincronizado que se trasladó al norte de California cuando tenía 9 años de edad. “Aquí había muchas oportunidades; las chicas pueden hacer deporte, eso es lo mejor de nuestro país”.

La participación de las mujeres estadounidenses fue tan fascinante como inspiradora. Con pocas horas de diferencia, Simone Biles ganó el campeonato de gimnasia, y Simone Manuel, al triunfar en los 100 metros estilo libre, se convirtió en la primera nadadora negra estadounidense en ganar la medalla de oro.

Incluso en medio de la grandeza de Michael Phelps, la estrella de la natación que estableció dos récords mundiales fue Katie Ledecky. A pesar de todos los jóvenes, una de las figuras más entrañables fue la ciclista Kristin Armstrong, de 43 años de edad, ganadora del oro. La ganadora más novedosa no fue una gimnasta brillante, sino la fuerte y poderosa lanzadora Michelle Carter.

“Hay muchas mujeres que están rompiendo barreras; la magnitud de esto ha sido impresionante”, afirmó Lopiano.

El rendimiento y la popularidad de las mujeres es todavía más importante si se considera que el movimiento olímpico aún debe adoptar plenamente la equidad de género. El Comité Olímpico Internacional (COI) nunca ha sido liderado por una mujer. Actualmente el presidente es un hombre, tres de los cuatro vicepresidentes lo son, y siete de los 10 miembros del comité ejecutivo también.

En el Comité Olímpico de los EE.UU., 10 de los 16 miembros del directorio son hombres, entre ellos el presidente, Larry Probst, y el director ejecutivo, Scott Blackmun. “No es perfecto”, dijo la nadadora DiRado. “Pero cuantas más niñas crezcan viendo los Juegos Olímpicos y comprendiendo que ellas son tan buenas como los varones, mejor nos irá”.

¿Puede esto llevar a un aumento en la popularidad de las mujeres deportistas durante los años no olímpicos? Hasta ahora, no. La única liga profesional femenina es la WNBA, que se ha beneficiado del apoyo de la poderosa NBA.

“La gente parece responder a las mujeres en el deporte cuando hay banderas de los EE.UU. involucradas. Para todo lo demás, es difícil”, señaló Billings, quien escribió su reporte olímpico junto con James Angelini, de la Universidad de Delaware, y Paul MacArthur, de Utica College.

Para Billings, parte del problema es la renuencia de los medios a cubrir deportes femeninos; uno de sus estudios comprueba que “SportsCenter”, el programa nocturno de ESPN, dedica menos de un 2% a ello. El otro tema, simplemente, es el tiempo. “Tendemos a gravitar en torno al deporte con el cual crecimos, y los deportes femeninos evolucionan lentamente, especialmente entre las generaciones mayores”, afirmó el especialista. “Pero eventos como los JJ.OO. abren a la gente a ello”.

El equipo femenino estadounidense de remo ganó su onceavo campeonato olímpico consecutivo, un dominio que superó al gran equipo soviético de hockey, que había ganado 10 títulos consecutivos. El equipo femenino de baloncesto está en camino de conseguir su sexta medalla olímpica, con una racha de 47 victorias consecutivas en los JJ.OO.

Las mujeres triunfan; el país se maravilla. Con suerte, este legado perdura.

Si desea leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


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