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La mujer que triunfó en la industria de la construcción, un sector dominado por los hombres

Beverley Kruskol, propietaria de M.Y. Pacific Building Inc., en uno de los proyectos terminados de su compañía, en Calabasas (Glenn Koenig / Los Angeles Times).

Beverley Kruskol, propietaria de M.Y. Pacific Building Inc., en uno de los proyectos terminados de su compañía, en Calabasas (Glenn Koenig / Los Angeles Times).

El trabajo: Beverley Kruskol, de 68 años, es propietaria de M.Y. Pacific Building Inc., una empresa de pintura y construcción que cofundó en 1993. Kruskol supervisa hasta 30 trabajadores en proyectos que incluyen propiedades comerciales, residencias unifamiliares y casas de alta gama, donde su firma maneja temas de pintura, instalación de paneles de yeso y trabajos de carpintería. Kruskol y su compañía de Tarzana son algo atípico en la industria de la construcción, en la cual las mujeres representaban sólo el 9.3% de la fuerza de trabajo en 2015, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales.

Atención a lo que le interesa: Kruskol siempre había tenido interés por los trabajos manuales. Cuando tenía cerca de nueve años de edad, arregló una plancha averiada con un destornillador. Cuando la conectó, toda la casa quedó a oscuras. “Estaba mortificada; me preocupaba que mi padre me castigara”, recuerda.

Cuando cumplió 21 años, se mudó desde Sudáfrica a los EE.UU. y encontró un empleo de contabilidad, aunque siempre tuvo los ojos puestos en el negocio de la construcción.

Creer en la idea: Kruskol dejó el frío de Chicago y se mudó a Los Ángeles a mediados de la década de 1970, para unirse a quien por entonces era su esposo durante su residencia médica. Así, tomó un empleo de recepcionista en una firma de gerencia de propiedades, con el deseo de impulsar su carrera. Seis meses más tarde recibió un ascenso y trabajó hasta convertirse en directora. Terminó gestionando financiación y propiedades para una firma con cerca de 90 casas en su cartera.

Luego de obtener su licencia de pintura, comenzó su propio negocio en 1993 con la ayuda de quien fue su segundo marido. Kruskol necesitaba hallar clientes y tuvo suerte cuando un contratista que trabajaba en una casa de una comunidad cerrada en Torrance le pidió ayuda con ciertas reparaciones causadas por una explosión. Muchos hogares en el vecindario habían resultado dañados. Su cliente quedó tan contento e impresionado con su cuidado y atención a los detalles, que la recomendó a otros. “Cuando terminamos, había reparado 17 hogares”, recuerda. Así, se convirtió en la dueña única de la compañía, a principios de 2000, luego de que su exmarido dejara la firma.

Superar obstáculos: Kruskol ha sentido los efectos de trabajar en una industria dominada por hombres desde sus primeros días. A veces, era la única mujer en un sitio de construcción. “Cuando conozco a un nuevo contratista o arquitecto, siempre se dirigen al hombre con quien voy, no a mí”, dice. “A mitad de la conversación se dan cuenta de que estoy a cargo, y de repente cambian. No creo que sea un prejuicio, sino que la gente está programada de esa manera”.

Aunque algunos en la industria no la toman en serio, Kruskol aprendió a no tomarlo como una ofensa personal ni sentirse amenazada. En cambio, le ayuda sentirse cómoda en su conocimiento y que su sólido historial hable por sí mismo.

Lección clave de gestión: Kruskol comprendió que había una necesidad de más mujeres en la industria, y aprovechó ese potencial. Muchas de sus clientas confían en ella más que en sus pares masculinos, señaló, debido a su paciencia y atención al detalle.

Una vez, mientras trabajaba en la pintura de una casa de Beverly Hills, valuada en $10 millones de dólares, su clienta probó más de 60 colores antes de elegir uno para sus paredes. Fue una tarea que requirió mucho tiempo, pero a Kruskol no le importó. “En muchas viviendas uno se comunica con la esposa, y hay que hacerlo respetuosamente. Muchos hombres en esta industria tratan de manera diferente con las mujeres”, afirma. “La conclusión no es que se trata de ‘una quisquillosa’. Es su casa y uno está en ella, por ende, la mujer tiene derecho a decirte lo que quiere”.

Como resultado, Kruskol se convirtió en amiga de muchas de sus clientas. “No puedo creer que, cuando termino los trabajos, muchos me invitan a bat mitzvahs o cenas”, cuenta.

Trabajar con la misión en mente: Kruskol afirma que una clave para tener un negocio exitoso es hacer que la gente se sienta como algo más que un trabajador. A ella le gusta que todos los involucrados estén orgullosos de su tarea y, como resultado, algunos empleados han trabajado con ella durante 30 años. “No soy fácil todo el tiempo”, señala, pero pese a ello ha creado un lazo familiar con sus trabajadores. “Veo nacer a sus hijos, graduarse, casarse y tener hijos propios”.

Mirar hacia el futuro: en el próximo año, Kruskol quisiera encontrar un socio para hacer crecer su empresa. Es consciente de que, si lo hiciera sola, podría poner en peligro la calidad del trabajo y los servicios que su empresa ofrece.

Personal: Kruskol tiene un hijo y vive en Tarzana. Le gusta visitar museos y jugar al póker, a veces participa en torneos. Trabaja en estrecha colaboración con Boys & Girls Club of Hollywood y es una ávida viajera y fan de las artes, particularmente en ballet.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


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