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Tormentas provocan que la segunda reserva de agua más grande de California supere su capacidad

Water from the lake exits through an auxiliary spillway.

A las 8 a.m. del sábado, una lámina de agua comenzó a derramarse desde el borde de la segunda reserva más grande de California, para caer sobre una colina parcialmente despejada, hacia el río Feather.

Fue la primera vez en los 48 años de historia del lago Oroville que la represa estuvo tan llena como para provocar descargas incontroladas hacia las salidas de emergencia.

Alimentado por la corriente de la tormenta, el embalse pasó del 80% de su capacidad al desborde en menos de una semana. Fue entonces cuando los gerentes se vieron obligados a reducir las descargas en los vertederos de concreto de Oroville, severamente dañados.

El aliviadero de emergencia hacía su trabajo: dejar que el agua saliera del enorme lago para que no sobrepusiera el dique.

Funcionarios de aguas estatales afirmaron que el derrame fue pequeño y esperaban que finalice este domingo o lunes, a medida que los niveles del lago descendieran por debajo del nivel de emergencia.

“Los caudales que estamos viendo no representan una amenaza para la represa ni son una alerta de inundación”, afirmó Bill Croyle, director interino del Departamento de Recursos Hídricos del estado, quien sin embargo dejó en claro que, aunque éste es el primer derrame de emergencia de Oroville, podría no ser el último.

Mientras los niveles de precipitación sobre la Sierra septentrional superaron los registros del año más húmedo en lo que va de este invierno, los administradores de Oroville tienen varios meses por delante para preocuparse. “Hay mucha nieve allí arriba”, observó Croyle.

La capa de nieve en la zona, que incluye la cuenca del río Feather, está en un 150% del nivel normal para la fecha. A nivel estatal, el promedio es del 180%.

Los embalses de todo el estado también necesitan hacen descargas para controlar las inundaciones. En el condado de Mariposa, el pequeño embalse detrás de la represa del mismo nombre, desbordó y envió agua por su vertedero por primera vez desde la década de 1950, afirmó el vocero del condado de Merced, Mike North. Cerca de 25 hogares sufrieron inundaciones este sábado, a consecuencia del nivel excedente de Mariposa Creek.

El cambio de este invierno, luego de un lustro de sequedad, fue drástico. Hace un año, Oroville se encontraba apenas lleno hasta la mitad. En 2014 lucía apenas poco más de un tercio lleno, y su línea de costa, en retroceso, era un vívido símbolo de la difícil situación de sequía en todo el estado.

Sin embargo, los californianos no deberían sorprenderse. “Si miramos un mapa de los EE.UU. y la variabilidad climática, California es el sitio más cambiante del país”, afirmó Jeff Kightlinger, gerente general del Distrito Metropolitano de Agua del Sur de California. “Esto es un extremo. Pero no es nada muy distinto de lo que hemos experimentado en el pasado”.

Finalizado durante la gobernación de Ronald Reagan, Oroville es la piedra angular del Proyecto de Agua del Estado, que envía agua desde el norte hacia el sur de California.

Como jefe del mayor cliente del proyecto, Kightlinger observa el tema ansiosamente desde el martes, cuando un agujero lo suficientemente grande como para tragar una casa pequeña se abrió en el largo conducto de hormigón que forma el vertedero normal del lago. Los administradores de la represa cerraron brevemente las descargas y luego las reiniciaron de forma controlada y reducida, mientras luchaban para que el lago no desborde al punto de disparar derrames de emergencia.

El viernes pasado, la situación parecía controlada. Pero esa noche llovió y el sábado por la mañana el nivel del lago había subido a 901 pies, el punto en el cual el agua comenzó a sobresalir del aliviadero de emergencia, de 1,700 pies de largo, para deslizarse por la colina formando una corriente ondulada que brillaba bajo la luz del sol.

Los administradores de la represa buscaron evitar dicha situación por dos motivos: no son ellos quienes controlan las descargas de emergencia, sino la naturaleza, y el desborde no se detendrá hasta que los volúmenes caigan por debajo de la descarga. Además, a medida que el agua desciende por la ladera lleva sedimentos y escombros al río Feather, materiales que pueden obstruir el canal de agua, la central eléctrica de la represa y las instalaciones aguas abajo.

Hacia el final de la semana pasada, el personal trabajó frenéticamente para despejar árboles y malezas de las vías de emergencia del agua. Los equipos emplearon helicópteros para quitar las lineas eléctricas. También se emplearon embarcaciones para recoger los escombros del agua en la base de la represa. Más de 10 millones de salmones fueron evacuados del criadero del río Feather, río abajo, en peligro debido al barro que contenía el agua.

Los ingenieros han limitado los caudales en el vertedero dañado para no evitar una erosión aún mayor. Sin embargo, esto también puso un límite a las descargas, lo cual significa que cuando el derrame de emergencia haya terminado, podrían ser necesarias nuevas descargas para contrarrestar la escorrentía en futuras tormentas.

Croyle señaló que el estado ya está estudiando opciones de reparación, entre ellas la construcción de un vertedero para reemplazar el dañado. No obstante, ese trabajo no podrá comenzar hasta que la temporada de escorrentía finalice, y será costoso. Para Croyle, podrían requerirse entre $100 y $200 millones para reparar el aliviadero, un proyecto que se destinará en gran medida a los contratistas del Proyecto de Agua del Estado, entre ellos Metropolitan.

“Obviamente, en el transcurso hablaremos con la Agencia de Manejo de Emergencias Federales (FEMA, por sus siglas en inglés) y el gobierno federal y estatal para obtener financiamiento destinado a desastres”, advirtió Kightlinger. “Pero eventualmente habrá un proyecto importante para los contratistas estatales en temas de agua… y en última instancia será para Metropolitan”.

Kightlinger detalló también que su agencia ofrece asistencia técnica y de ingeniería al estado para desarrollar planes de reparación. El funcionario concordó en que la represa de arcilla de Oroville “debería estar en buena forma”, pero dijo que el uso sin precedentes del vertedero de emergencia implica riesgos de erosión en las laderas y el envío de sedimentos dañinos aguas abajo. “Sólo esperamos que pasen este invierno sin daños catastróficos, para poder empezar a trabajar en ello”, agregó.

Greg y Doreen Schmidt viven en una zona baja del centro de Oroville, no lejos de la represa. “Cuando rebase, quién sabrá qué ocurrirá”, expresó Greg Schmidt. “Pero parece que lo tienen bajo control”. No obstante, remarcó, “Tengo mis maletas listas y estoy atento”.

Ralph Thomas se mostró más optimista mientras observaba cómo la represa descargaba agua bajo el puente de Table Mountain Boulevard, en Oroville. “Esto no es nada comparado con 1997”, resaltó. “En aquel entonces, el agua llegaba casi hasta el puente”.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis