Anuncio
Share

Republicanos buscan sobrevivir; algunos ya dieron por perdida la presidencia

El candidato presidencial Donald Trump, en el exterior de la Trump Tower, en Nueva York, este sábado, saluda a sus fans mientras los líderes del partido republicano abandonan su campaña (Getty Images North America).

El candidato presidencial Donald Trump, en el exterior de la Trump Tower, en Nueva York, este sábado, saluda a sus fans mientras los líderes del partido republicano abandonan su campaña (Getty Images North America).

Un profundamente herido Donald Trump luchaba este sábado por salvar su campaña presidencial, mientras los republicanos que habían permanecido a su lado -por temor o lealtad- lo abandonaban en pos de redimirse -ellos mismos y a la mayoría de su partido en el Congreso-.

Aunque Trump insiste en que permanecerá en la carrera contra Hillary Clinton, un desfile de senadores, diputados y líderes partidarios repudiaron sus comentarios vulgares, realizados en una entrevista de 2005 que se conocieron recién este viernes. En el video, Trump afirma que él podía manosear a las mujeres “porque cuando eres una estrella, ellas dejan que lo hagas”.

La enemistad pública hacia el abanderado del partido un mes antes de la jornada electoral marcó una brutal ruptura con lo que venía ocurriendo hasta el momento ante otras polémicas de Trump. Hasta ahora, la mayoría de los republicanos desautorizaban sus declaraciones y lo instaban a cuidar sus palabras, pero no daban el paso extra de quitarle su apoyo como candidato a presidente.

Algunos continuaron con esa misma postura este sábado: el presidente de la Cámara, Paul Ryan; el líder del Senado, Mitch McConnell y el jefe del partido republicano, Reince Priebus, permanecieron al lado del magnate. Pero otros hicieron un cálculo diferente: que era más peligroso respaldarlo que huir.

El Senador de Arizona John McCain, quien había apoyado a Trump a pesar del desprecio del candidato hacia él (a quien tildó de ‘no ser un héroe de guerra’ porque fue capturado y torturado en Vietnam) habló este sábado, como muchos otros, y afirmó que había intentado durante todo este tiempo respaldar a Trump, pero que ya no podía sostenerlo.

“El comportamiento de Donald Trump esta semana, que concluye con la divulgación de sus comentarios degradantes hacia las mujeres y su alarde de sus ataques sexuales, hacen que me resulte imposible seguir ofreciendo mi apoyo a su candidatura”, señaló McCain.

Para muchos republicanos, el sábado olía a desinfectante, como si el objetivo fuera impedir que el virus se extendiera más allá de Trump. Limitar el impacto es particularmente importante para mantener el control del Senado, donde los republicanos tienen 54 bancas, contra 46 de los demócratas y sus aliados independientes.

Su presencia en la Cámara es aún más firme, pero algunos republicanos ya comenzaban a preocuparse de que la campaña de Trump pudiera colapsar tan precipitadamente como para dañar también la participación de los votantes republicanos.

“Es hora de que los líderes del partido pasen el próximo mes intentando salvar el Senado, la Cámara y a los gobernadores”, afirmó Rich Galen, un estratega del partido quien ha trabajado para Newt Gingrich y Dan Quayle.

“La presidencia está acabada”, agregó.

“A menos que un sondeo diga que uno vive en Trumpville, creo que la mayoría de la gente huirá en masa, y creo que es lo correcto… La presidencia está liquidada y, no seamos tímidos al respecto, porque se trata de una decisión de cada hombre y mujer”, aseguró.

Trump no realizó eventos públicos este sábado. Dejó su residencia en la Trump Tower, de Nueva York, brevemente durante la tarde, para reunirse con partidarios que cantaban en el exterior del edificio.

Ante las cámaras de televisión, la visita parecía destinada a recordarle a su propio partido que conserva una importante porción de los votantes, y que ha sobrevivido a muchos tropiezos que, según muchos habían predicho, destrozarían su carrera. Al comienzo del día había escrito un tuit que parecía una broma: “¡Ciertamente han sido 24 horas muy interesantes!”, dijo. Luego insistió en que seguiría en la carrera. “Los medios y los líderes políticos me quieren ver fuera de campaña” tuiteó. “NUNCA DEJARÉ LA CARRERA, NUNCA DECEPCIONARÉ A MIS SEGUIDORES”.

Su compañero de fórmula, el gobernador de Indiana, Mile Pence, emitió un comunicado en el cual, con el lenguaje político y diplomático de las alianzas, sirvió de reprimenda. Pence, quien no apareció en un mitin en Wisconsin junto con Ryan, tal como estaba previsto, afirmó que estaba “ofendido por las palabras y acciones de Trump”.

“No justifico sus comentarios y no puedo defenderlos. Estoy agradecido de que haya expresado su arrepentimiento y pedido perdón al pueblo estadounidense”, dijo Pence.

El repudio de Trump fue bipartidista: tanto McCain como el vicepresidente, Joe Biden, se refirieron a las palabras del candidato como indicadores de “un ataque sexual”.

La campaña de Clinton, por su parte, se mantuvo en gran medida fuera de la contienda, a fin de no entrometerse en la inmolación republicana, y se limitó mayormente a emitir recordatorios de rutina para los votantes que viven en estados donde rige la elección anticipada. De todas maneras, añadió un fragmento acerca de los comentarios sexuales agresivos de Trump a un anuncio publicitario.

Las personas en mayor peligro fueron los candidatos en carreras disputadas, para quienes -tal como para el partido republicano, en general- Trump ha sido a la vez una salvación y una maldición.

El desarrollador inmobiliario convertido en personalidad de TV empleó su fama y fortuna, y un mensaje pulidamente populista, para ganarse a los votantes blancos de clase trabajadora en muchos estados que anteriormente se habían alineado con los demócratas o habían permanecido en sus casas durante el día de elecciones. Eso representó un buen número de nuevo apoyo para los republicanos en algunas áreas.

Pero con el mismo mensaje que Trump usó para atraer a los votantes blancos de clase trabajadora, también repelió a las mujeres y a los votantes de minorías, así como a aquellos con educación universitaria, de los cuales los republicanos dependen en muchas áreas para ganar márgenes.

En New Hampshire, Trump ya había sido un lastre para la senadora Kelly Ayotte, quien fue atacada y se vio obligada a dar marcha atrás la semana pasada cuando, en un debate, dijo que el candidato sería un modelo para los niños. Su comentario fue anterior a que se conociera el video con las incendiarias palabras sexuales.

El sábado, Ayotte afirmó en un comunicado publicado en Facebook que había intentado apoyar a Trump porque representaba un cambio. “Sin embargo, ante todo soy madre y estadounidense, y no puedo apoyar a un candidato que se jacta de degradar y agredir a las mujeres”, detalló.

Allí fue cuando se desató un extenso y fulminante ataque por parte de su oponente demócrata, la gobernadora Maggie Hassan, cuya campaña señaló que la decisión de Ayotte “era una política de autopreservación”. La campaña de Hassan envió correos a los votantes donde repetía la cantidad de veces en que Ayotte se había alineado con Trump anteriormente, a pesar de sus insultos contra mujeres.

La dinámica de quienes ocupan cargos republicanos está llena de peligros: si no han dejado de lado a Trump, pronto estarán bajo presión para hacerlo. Si ya lo han hecho, se les cuestionará por qué no lo habían hecho antes, dadas las repetidas controversias. En algunos casos, también se enfrentarán al castigo por parte de sus seguidores.

Alice Stewart, una estratega republicana de estrechos vínculos con activistas religiosos del partido, señaló que los comentarios del candidato fueron “irrespetuosos y no presidenciales”, particularmente un segmento en en cual habla de su deseo de tener relaciones sexuales con una mujer casada.

Las palabras de Trump no cambiarán la forma de pensar de la mayoría de sus defensores, señaló Stewart, pero tienen el potencial de negarle el voto de los electores suburbanos, quienes son suficientes como para determinar quién es el próximo presidente.

“Desde la convención, su objetivo central era ampliar su atractivo a todo el electorado”, indicó. “Y todo lo que [esos votantes] necesitaban para votar por Hillary o por cualquier otro candidato era algo como esto”.

Dicho esto, añadió, Trump ya había sido ‘descartado’ de la contienda anteriormente, y no obstante resistió las polémicas. “Aquellos que dan por perdido a Trump lo hacen bajo su propio riesgo”, señaló Stewart, quien trabajó para dos de los candidatos republicanos a quienes Trump venció en las primarias.

Otros consideran que la situación del republicano es bastante más grave. El estratega Charlie Gerow sostuvo que lo ocurrido “aceleró un espiral descendente que será muy, muy difícil de superar”. Sin embargo, no cree los problemas del magnate se extiendan a todos los republicanos.

“No creo que sea una derrota como para sangrar”, afirmó Gerow, quien tiene sede en Harrisburg, Pensilvania. “Creo que la gente verá esto como una reflexión acerca de Trump, pero no de los otros candidatos del partido”.

Sin embargo, y como mínimo, las dificultades del nominado podrían servir para anular los propios mensajes del resto de los candidatos. En Pensilvania, Trump se acercó más a Clinton en los últimos días. La semana pasada, la ventaja de la demócrata en ese estado -uno de los ‘obligados’ para una victoria- se afianzó.

La pregunta ahora, tal como ocurre en estados como New Hampshire, Missouri y Carolina del Norte, es si los problemas de Trump barrerán no solo con él sino con el candidato republicano para el Senado. En Pensilvania, por ejemplo, el republicano Pat Toomey está en una estrecha carrera con la demócrata Katie McGinty.

Los demócratas han hecho todo lo posible para vincular a Trump con Toomey, aun cuando éste nunca expresó su apoyo formal al nominado. Un nuevo anuncio del grupo liberal Move On reproduce parte del ahora célebre video, con la leyenda final “Derrotemos a Trump-Toomey”.

Gerow señaló que varias motivaciones -lealtad al partido, odio hacia Clinton- mantuvieron a muchos republicanos alineados con Trump, incluso a pesar de su inclinación por el escándalo. Pero ahora hay una “distinción visceral” entre ‘el antes y el después’ de la divulgación del video.

Para los republicanos, lo que queda es un esfuerzo por salvar su posición entre los grupos de votantes que más necesitan -uno de los principales es, precisamente, a quien Trump ha ofendido más severamente-.

“El desafío de Donald Trump siempre fueron las mujeres educadas de Pensilvania”, señaló Gerow. “Él debía atraer a esas votantes. Ésta no fue la mejor manera de hacerlo”, señaló, irónicamente.

Si desea leer la nta en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


Anuncio