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Él era tan entusiasta y divertido, hasta que descubrí que su ex era demasiado…

No fue hasta el día antes de su vuelo a Miami, luego de que yo había prometido llevarlo al aeropuerto, que me avisó que tenía algo que decirme (Valeria Petrone / Para The Times).

No fue hasta el día antes de su vuelo a Miami, luego de que yo había prometido llevarlo al aeropuerto, que me avisó que tenía algo que decirme (Valeria Petrone / Para The Times).

Lo conocí en Tinder. Recién soltera y no preparada aún para otra relación, yo sólo quería un amigo; alguien con quien hablar, con quien ir a cenar antes de un largo viaje al extranjero por un mes que había planeado para despejar mi mente, sin hombres y sin el drama de las citas.

Y luego me envió flores para mi cumpleaños, dos días después del nacimiento de su hijo”.

Él era encantador; también era colombiano (yo soy mitad colombiana). Le dije que no me gustaban los colombianos, a excepción de mi papá. Él contestó algo absurdo acerca de refutar mis teorías. Lo rechacé con la mano, pero de todas maneras dejé que me mimara. Cenas de lujo, interminables botellas de vino y conversaciones interesantes; él era lo suficientemente ingenioso para llevarme a citas desde Los Feliz hasta el lado oeste. “Eres difícil de descubrir”, me dijo un día en el auto. “No puedo terminar de entender si te gusto o no”.

Me preguntó qué pensaba acerca del matrimonio, los hijos, y los hombres con hijos. Nos divertíamos, mucho, hasta que me presionó para comprometerme. “No es el momento adecuado para mí”, le dije. “Pero disfruto de salir contigo”.

Antes de partir a mi gran aventura europea (Los Ángeles a Miami en auto, Nueva York, Londres, París, Praga y Berlín en avión y tren), me dijo que él también viajaría a Miami, mi ciudad natal, para ver a su familia por un mes.

Es un largo tiempo, pensé, para un trabajador, pero ¿quién era yo para juzgarlo? Tiendo a huir de las cosas, y quizás él estaba haciendo exactamente lo mismo. No fue hasta el día antes de su vuelo a Miami, luego de que yo había prometido llevarlo al aeropuerto, que me avisó que tenía algo para decirme. “Dímelo ahora mismo”, expresé.

No soy buena para el suspenso. Resultó que, aunque él sí vería a su familia en Miami, sus parientes no eran exactamente la razón de su viaje. Su exnovia -así la llamó él- estaba embarazada y daría a luz a su hijo en 10 días. No estaba huyendo de Los Ángeles, ni de una mujer, ni de un empleo, sino de un pequeño ser humano que pronto cambiaría de su vida.

Y luego me envió flores para mi cumpleaños, dos días después del nacimiento de su hijo.

¡Su hijo! De repente, esta diversión se convirtió en algo mucho más complicado. Yo estaba sin palabras; no quería saber nada más con él, pero me rogó que lo dejara explicarme.

“Bien”, le respondí, sabiendo que probablemente no creería ni una palabra que dijera. Él tenía la injusta ventaja (porque es hombre) de poder ocultar algo que yo, de haber estado en sus zapatos, no hubiese podido por motivos físicos.

De cualquier manera, lo dejé explicar. Lo llevé al aeropuerto. “Nunca más lo volveré a ver”, me dije. Luego me envió flores para mi cumpleaños, sólo dos días después del nacimiento de su hijo.

Después, por supuesto, nos vimos de nuevo. Él continuó tratando de ganarme. “¿Cómo está tu hijo?”, preguntaba yo, cortésmente. Él me mostraba fotos; era un orgulloso papá. Yo le deseaba el bien, mientras me alejaba.

Luego me compró un boleto de vuelta de Berlín. Cuando más corría, él más se aferraba a algo que no había tenido un buen comienzo. Me fui a Europa; hablamos una que otra vez. Regresé a los EE.UU. un mes más tarde, y entonces nunca más volvimos a conversar.

Meses después de perder contacto, recibí un email de la mamá de su bebé. “Un pequeñito no será criado por su padre y una familia no pasará la Navidad unida por tu culpa”, decía.

Le respondí de inmediato. Aunque no era mi deber aclarar las cosas, sentí la necesidad de defenderme. Le dije que lo había conocido en un sitio de citas y que él no había revelado inmediatamente la situación.

La desafortunada cuestión es que dos mujeres inteligentes y capaces habían sido engañadas. Y si bien yo he podido seguir con mi vida cotidiana, incluyendo las citas, ella tiene toda una vida para compartir las responsabilidades de la crianza de un niño con un hombre en el cual no se podía confiar.

Después de esta experiencia, no estoy necesariamente más precavida pero sí soy un poco más inquisitiva y observadora cuando salgo con gente nueva. Estoy en un momento donde sé lo que quiero, y es más fácil eliminar a los tipos que son un poco sospechosos o no reúnen los criterios que busco.

Es tan cursi como perturbador o revelador, pero la verdad siempre debe hacernos libres (cuando se trata de citas, y para la vida en general).

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí

Traducción: Valeria Agis


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