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Crece la ira después de dos tiroteos mortales a manos de policías de Los Ángeles

Marian Petersen, de 71 años, dijo que su última protesta contra la policía había sido en 1965, sobre los disturbios de Watts.

Marian Petersen, de 71 años, dijo que su última protesta contra la policía había sido en 1965, sobre los disturbios de Watts.

(Allen J.Schaben / Los Angeles TImes)

Un hombre de 18 años de edad -cuyo mortal tiroteo por parte de la policía de Los Ángeles generó protestas durante el fin de semana- fue derribado por los oficiales luego de que se volviera hacia ellos con una pistola en la mano, señaló este lunes el jefe de policía, Charlie Beck.

El homicidio de Carnell Snell Jr., un joven de raza negra, se convirtió en la última referencia de un debate que se da a nivel nacional acerca de la policía y cómo los agentes hacen uso de la fuerza, en particular contra los afroamericanos.

A Snell le dispararon el sábado pasado, cerca de su hogar, en 107th Street, luego de que la policía afirmara que huyó de un auto con placas de papel, al cual habían intentado detener pensando que podía ser robado.

Protests at LAPD headquarters folliow Police Chief Charlie Beck’s comments about two shootings by officers.

Mientras una vigilia realizada para Snell se convertía en otra manifestación popular, el domingo por la noche, se conoció otro tiroteo letal con la policía en el sur de Los Ángeles, cerca de 48th Street y Ascot Avenue. Los funcionarios forenses aún no identificaron a la persona que murió, a quien el LAPD describió como un varón de entre 18 y 22 años de edad.

Beck señaló que los acontecimientos que llevaron al tiroteo con Snell comenzaron cerca de la 1:40 p.m., cuando los agentes que trabajaban en las inmediaciones de 108 Street y Western Avenue divisaron un Nissan de color azul claro, con placas de papel. Mientras los oficiales observaban el vehículo, una persona que estaba sentada en el asiento trasero se agachó al verlos, “como para esconderse de ellos”, precisó Beck. Esa persona fue identificada después como Snell, detalló el jefe de policía.

Los oficiales comenzaron a seguir el auto, que redujo la velocidad. Cuando la policía activó sus luces y sirenas, el coche desaceleró aún más y Shell salió del vehículo, “con una mano en la cadera, como si estuviera sosteniendo algo”, señaló Beck.

Monique Morgan, the mother of Carnell Snell Jr., is comforted by neighbors near a makeshift memorial for her son.

Pensando que el hombre tenía una pistola, los oficiales lo persiguieron. En algún momento durante la persecución, que se extendió por unas 200 a 300 yardas, los oficiales vieron cómo Snell sacaba un arma y la llevaba en su mano izquierda.

Las autoridades lo persiguieron hasta una entrada para autos ubicada al 1700 de 107th Street, detalló Beck. Allí, Snell se volvió hacia los policías, con el arma aún en su mano.

Los agentes dispararon seis veces, dijo Beck. La información inicial revela que el hombre recibió dos impactos, en el torso y en su pierna derecha, y que murió en el lugar. Su arma cargada, una .40 mm, fue recuperada “a no más de cinco pies de distancia” de su cuerpo. Beck señaló que, al parecer, Snell no había disparado, puesto que el arma estaba totalmente cargada.

Los oficiales no llevaban cámaras corporales, pero un video de un negocio cercano “muestra claramente” a Snell, corriendo con el arma en su mano.

El segundo tiroteo ocurrió cerca de las 5 p.m. del domingo, cuando agentes de la brigada antipandillas respondieron a un llamado que denunciaba la presencia de un hombre armado cerca de 48th Street y Ascot Avenue. Los oficiales divisaron a un hombre que coincidía con la descripción -latino, con un suéter gris y pantalones negros- y comenzaron a acercarse a él, narró Beck.

El sujeto se volvió hacia ellos y los apuntó con un arma de fuego, lo cual llevó a los agentes a disparar. Los paramédicos llevaron al hombre a un hospital, donde más tarde falleció.

La pistola, informó el jefe de policía, resultó ser una réplica, y la punta de color naranja estaba cubierta con pintura de color negro. Esos oficiales sí llevaban cámaras corporales; Beck vio el video esta mañana. “Apoyo totalmente las declaraciones y versiones brindadas por los oficiales respecto de este incidente”, aseguró.

Mientras que un residente de la zona le dijo a The L.A. Times que vio a la policía disparar mientras el hombre ya estaba en el suelo, Beck afirmó que las imágenes “refutan claramente” esos reportes. “Eso no ocurrió”, agregó.

Ambas investigaciones “avanzan fluidamente” en estos momentos, aseguró el jefe del LAPD. “Aún hay muchos factores que se desconocen”. Sin embargo, precisó, los oficiales en ambos incidentes “temen por sus vidas”.

Mientras Beck hablaba en una sala llena de periodistas, una multitud de manifestantes ingresó en el vestíbulo del cuartel central del LAPD en el centro de la ciudad. Sus cánticos (‘¡Déjennos entrar!’) se escuchaban mientras el funcionario hablaba.

Cerca de las 11:30 a.m., la policía declaró la formación de una reunión ilegal dentro del edificio y le pidió al grupo -formado por unas 25 personas- que abandonaran el sitio para evitar un arresto. La gente comenzó a cantar el nombre de Snell y pidió la renuncia de Beck.

Cerca de 15 minutos después, los agentes formaron una línea y trasladaron poco a poco al grupo y la prensa fuera del edificio, hasta una acera. Un vocero del LAPD afirmó después que se habían realizado dos detenciones.

Tiffany Peterson, de 45 años de edad, afirmó que vio el tiroteo del domingo desde una ventana de su casa, ubicada frente a Ascot Elementary School. La mujer declaró que vio correr al hombre desde 48th Street y Ascot Avenue, y que éste se detuvo cuando los oficiales salieron de la patrulla. Al parecer, el sujeto mantuvo sus brazos a los costados del cuerpo, aunque Peterson remarcó que no llegó a ver sus manos. Uno de los oficiales disparó sin previo aviso, aseguró. “Salieron del coche y no dijeron que se detenga, ni nada”, afirmó Peterson este lunes, desde la escena del tiroteo. “Sólo le dispararon”.

También señaló que la policía lanzó una segunda lluvia de balas cuando el hombre ya estaba en el piso, y remarcó que no pudo ver si el sujeto estaba armado porque un vehículo estacionado en la zona obstruía parcialmente su visión. “Si le hubieran dado una orden, él la hubiera acatado”, señaló Peterson. “Pero no le dieron opción”. También señaló que no contó su versión de los hechos a la policía porque teme una posible represalia.

El lunes por la mañana podía verse en el lugar del tiroteo un pequeño monumento, con cinco velas debajo de un simple letrero que decía “Basta de homicidios policiales”. Cinta adhesiva marcaba los sitios donde las balas habían impactado, en la escuela y en una cerca vecina.

Aproximadamente 20 personas se reunieron cerca de la escena, aunque ninguna de ellas conocía al fallecido. Peterson afirmó que los residentes no tienen relación con el LAPD. “No tenemos comunicación con ellos; eso es triste”, dijo. La mujer, que invitaba a cada conductor que pasaba por la zona a sumarse a una vigilia por el hombre, aseguró que no puede dormir desde el domingo. “Cada vez que cierro los ojos, lo veo caer”, relató.

Shanae Rivers, prima de Peterson, quien vive también en el vecindario, afirmó que incidentes como el tiroteo dificultan su confianza en la policía. “Se supone que deben proteger y servir”, expresó. “Pero no protegen a nadie, salvo a ellos mismos”.

El reportero de planta del L.A. Times Joseph Serna contribuyó con este informe.

Si desea leer la nota en inglés, haga click aquí.

Traducción: Valeria Agis


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