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USC recibió muchas advertencias sobre el comportamiento del decano de la escuela de medicina, pero tomó pocas medidas al respecto

El Dr. Carmen Puliafito, exdecano de la Escuela de Medicina Keck de la USC, en 2015. Las quejas sobre sus problemas con la bebida comenzaron a llegar a los administradores de la casa de estudios hace más de cinco años.
(Alex J. Berliner)

Durante años, inquietantes informes circularon entre el profesorado de la Escuela de Medicina Keck de la USC: su decano tenía problemas con la bebida.

Un colega relató por entonces haber visto al Dr. Carmen Puliafito borracho, tambaleándose y gritando en una cena universitaria. Otro dijo que el médico parecía alcoholizado en una reunión fuera del campus, mientras ingresaba en su automóvil y se marchaba.

También hubo una conferencia médica de Keck, recordó un investigador que asistió, en el que el decano parecía ebrio cuando se quedó dormido en su silla.

Las quejas sobre los problemas de Puliafito con la bebida comenzaron a llegar a los administradores de la USC hace más de cinco años. Luego en 2016, y nuevamente en marzo pasado, la universidad recibió información de que el exdecano había estado en una habitación de un hotel con una mujer joven, quien sufrió una sobredosis de drogas.

Pero la USC permitió que Puliafito permaneciera en la Escuela Keck, donde el reconocido cirujano ocular continuó atendiendo pacientes. La universidad no lo reportó a la Junta Médica de California durante ese período, confirmó una fuente de la casa de altos estudios. La junta suspende habitualmente la atención a pacientes de los médicos si se sospecha que están siendo afectados por el alcohol o las drogas.

Los principios éticos de la profesión médica establecen que los supervisores y otros en los hospitales y clínicas tienen la responsabilidad de actuar con prontitud para retirar de la práctica a los galenos que muestren señales de abuso de alcohol o drogas.

Eso no sucedió con Puliafito. La universidad no suspendió sus privilegios médicos hasta después de la publicación de una investigación del Times, en julio, que detallaba su doble vida como amigo de adictos y traficantes de drogas duras, con quienes regularmente usaba metanfetamina y otras. El artículo del periódico desencadenó una investigación de la junta médica que resultó en acusaciones formales el mes pasado hacia Puliafito, por haber fumado durante 21 meses metanfetamina “a horas” de atender pacientes, y haber abusado de esa sustancia casi todos los días en el campus de Keck y otros lugares.

La Dra. Nancy Jecker, profesora del Departamento de Bioética y Humanidades de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, afirmó que las quejas de consumo excesivo de alcohol “eran una base suficiente para suspender al Dr. Puliafito de la práctica mientras estos informes se investigaban de forma competente”. “La decisión ética no podría ser más clara: servir a los intereses de la institución o al bienestar de los pacientes vulnerables”, aseguró.

La USC no proporcionó un informe completo de cómo manejó las diversas acusaciones sobre Puliafito. El presidente de la universidad, C.L. Max Nikias, informó en una carta dirigida a la comunidad de la USC este verano que la escuela refirió a Puliafito al personal médico del Hospital de Keck -un panel de revisión integrado por pares- en marzo pasado, luego de que el Times preguntara por la presencia del exdecano en un episodio que incluyó una sobredosis de drogas en un hotel de Pasadena. El panel no encontró “ninguna denuncia existente de atención al paciente y ningún problema clínico conocido” en Puliafito, escribió Nikias.

La entidad tampoco revisó sus privilegios clínicos cuando el oftalmólogo renunció, el año pasado, porque no había evidencia de “actividades ilegales o ilícitas”, aseveró Nikias en la carta.

Incluso algunos dentro del liderazgo de la facultad de medicina se preguntan por qué no se hizo más al respecto.

Dos días después de la publicación del artículo del Times, decenas de estudiantes de medicina llenaron un foro del campus para obtener respuestas por parte del Dr. Rohit Varma, quien sucedió a Puliafito como decano de Keck. Varma afirmó entonces que los administradores de la USC no sabían nada sobre el uso de drogas de Puliafito hasta que este periódico publicó su investigación. Sin embargo, reconoció que la escuela estaba al tanto de sus problemas de alcohol. “Esto plantea un problema de por qué no se hizo algo más en ese momento”, les dijo Varma a los estudiantes, y agregó que él personalmente había visto al exdecano “en esa neblina de abuso de alcohol”, pero no cuando estaba tratando a pacientes.

Varma también afirmó al alumnado que Puliafito había buscado y recibido tratamiento para el alcoholismo. Pero en una declaración reciente, la USC advirtió que Varma “lamentablemente se equivocó al hablar” cuando relató que Puliafito había recibido tratamiento. “Tuvo la intención de decir que el médico había sido asesorado sobre su comportamiento profesional”, señaló la declaración. “No tenemos registro de que haya recibido tratamiento por problemas con el alcohol”.

Los expertos sostienen que cualquier líder de la USC que supiera sobre el consumo de alcohol de Puliafio tenía el deber de intervenir, independientemente de si el oftalmólogo estaba o no en tratamiento por alcoholismo.

Varma y otros administradores de la USC, incluido Nikias, se negaron a ser entrevistados para este artículo. Un portavoz de la universidad afirmó en un comunicado que “no ha habido quejas documentadas de los pacientes, informes de negligencia médica u otros problemas con la atención a pacientes relacionada con Carmen Puliafito”.

Varma renunció como decano el mes pasado, cuando el Times se preparaba para informar que la universidad había concluido en 2003 que él había acosado sexualmente y luego tomado represalias contra una mujer que estaba bajo su supervisión.

La junta médica suspendió la licencia de Puliafito para practicar la medicina, a la espera de la decisión del panel sobre los resultados de su investigación. Si el grupo decide castigar a Puliafito, podría revocar su licencia o reactivarla con ciertas restricciones, como el requisito de someterse a pruebas de drogas y alcohol. La indagación fue realizada por la división de investigación del Departamento de Asuntos del Consumidor del estado, que tiene la opción de remitir sus conclusiones a los fiscales locales por cargos criminales.

La agencia estatal responsable de regular los hospitales, el Departamento de Salud Pública de California, aseguró que no está investigando a Keck. El departamento dijo en un correo electrónico que “no ha recibido ninguna queja o incidente reportado relacionado con el Dr. Puliafito”.

La Asociación Médica Estadounidense (AMA, por sus siglas en inglés) y el Consejo de Acreditación en Educación Médica para Graduados aconseja a los médicos y a sus supervisores que retiren de inmediato de la práctica a los doctores que podrían verse perjudicados por el abuso del alcohol o las drogas.

El consejo acredita al Hospital Keck y otras instituciones como sitios donde los residentes médicos pueden entrenar. Puliafito dirigió la escuela de medicina desde el 2007 hasta el año pasado y permaneció en la práctica hasta julio.

Una publicación del consejo de acreditación afirma que “los médicos con su salud deteriorada deben ser reconocidos y retirados de las actividades de atención al paciente. Los residentes y profesores son humanos y, en raras ocasiones, tienen problemas... Es responsabilidad de cualquier persona en el sistema de atención de la salud que observe un comportamiento alterado informar a un supervisor u otro que pueda intervenir”.

Los reguladores estatales han tomado medidas disciplinarias contra los médicos por temas de intoxicación, no sólo en el trabajo sino también fuera de horario laboral, incluyendo cuando reciben citaciones por conducir en estado de ebriedad. Una decisión de 2002 de la Corte de Apelaciones del Segundo Distrito del estado estableció que los galenos podrían enfrentarse a la disciplina de la junta médica, incluso si no se concluye que su comportamiento haya perjudicado a los pacientes.

Desde agosto de 2016 hasta el pasado abril, el consumo de alcohol fue citado como la única razón o un factor que contribuyó a la revocación, suspensión o restricción de las licencias de más de 40 médicos por parte de la junta médica. La mayoría de las sanciones se derivan de condenas por conducir bajo la influencia; otras fueron resultado de observaciones de sospecha de intoxicación.

Por ejemplo, un médico del área de Sacramento fue visto en 2013 con una botella de vodka en el trabajo, y estaba claramente intoxicado mientras asistía a una reunión con el director ejecutivo de la compañía de telemedicina que lo empleaba, de acuerdo con los registros de la junta médica. El ejecutivo lo reportó a la junta.

Después de una investigación, la junta exigió que el médico se sometiera a pruebas aleatorias de drogas y alcohol, y sea supervisado por un monitor, según muestran los documentos.

En 2015, un médico de Concord estrelló su automóvil contra un vehículo estacionado y fue llevado a un hospital y sometido a un tratamiento para la abstinencia del alcohol, según los registros de la junta médica, que le ordenó someterse a pruebas regulares de alcohol y drogas como condición para conservar su licencia.

El año pasado, un gerente de la clínica médica Folsom requirió que un médico tomara una prueba de alcoholemia luego de que sus colegas expresaran sospechas de que había estado bebiendo. La junta médica posteriormente suspendió su licencia durante 60 días, lo colocó en un período de prueba de siete años e impuso otras restricciones, incluyendo el requisito de someterse a psicoterapia, según los documentos.

Las pautas de AMA para los estatutos que rigen al personal médico del hospital establecen que se puede exigir que un médico se someta a pruebas de alcohol o drogas, incluso si la medida se basa simplemente en testimonios de sospecha de intoxicación y no ha habido informes de daños a los pacientes.

El exdirector de recursos humanos de la USC, James Lynch, le dijo al Times que un empleado anónimo de Keck presentó múltiples quejas sobre el consumo de alcohol de Puliafito, incluyendo sospechas de hace más de cinco años de que conducía ebrio. Lynch recuerda no haber hecho nada con esas quejas y le dijo al empleado que confrontara al decano. No se sabe si el empleado confrontó a Puliafito.

Empleados actuales y anteriores de Keck afirmaron en las entrevistas con el Times que vieron a Puliafito beber en exceso en varias ocasiones, incluyendo en la conferencia de marzo de 2016, en otros eventos universitarios y en el campus, hasta altas horas de la noche.

The Times comenzó a investigar a Puliafito después de recibir una denuncia sobre la sobredosis de drogas de Sarah Warren en marzo de 2016, por entonces de 21 años, en una habitación que el médico había alquilado en el Hotel Constance. El incidente llevó a paramédicos y policías al hotel, aunque no se realizaron arrestos.

La sobredosis ocurrió tres semanas antes de que Puliafito abruptamente renunciara como decano.

En su carta a la comunidad universitaria después de la publicación del artículo de The Times, Nikias informó que la renuncia se produjo tras un enfrentamiento entre el rector de la USC, Michael Quick, y Puliafito, por las quejas sobre su desempeño como decano y su comportamiento. Nikias no proporcionó más detalles.

La carta del 28 de julio decía que la USC había recibido “varias quejas” sobre el oftalmólogo a lo largo de los años. También proporcionó una línea de tiempo con referencias de sanciones disciplinarias no especificadas para Puliafito y “entrenamiento de desarrollo profesional”. La misiva hace sólo una referencia a cualquier escrutinio de sus competencias para practicar medicina, la revisión de marzo pasado generada por la investigación de The Times sobre la sobredosis.

Un portavoz de la USC afirmó que la revisión del personal médico del hospital “descubrió que no había preocupaciones sobre su competencia clínica”.

Hace aproximadamente un año, un miembro no identificado del personal de comunicaciones de la USC recibió una denuncia sobre la participación de Puliafito en “un incidente en un hotel de Pasadena”, según la carta de Nikias. En respuesta, los administradores cuestionaron al médico, y él dijo que la hija de un amigo había sufrido una sobredosis en el hotel y él la había acompañado al hospital, según la carta.

Nikias no proporcionó ningún otro detalle, como la fuente de la denuncia, y no dio ninguna indicación de que la USC haya contactado a las autoridades de Pasadena o investigado más a fondo.

“La USC debería haber hecho más para determinar qué sucedió exactamente en la habitación del hotel una vez que recibió informes de la presencia del Dr. Puliafito y la sobredosis”, aseveró Jecker, la profesora de la Universidad de Washington. “Estaba justificada una investigación cuidadosa sobre estos asuntos”.

La USC despidió a Puliafito y formó un grupo de trabajo interno para examinar la forma en que la universidad manejó las quejas al respecto. La escuela también declaró que mejoró la comunicación en la oficina de Nikias, donde se recibió la llamada telefónica anónima -en marzo de 2016- alertando sobre la participación de Puliafito en la sobredosis, 10 días antes de su renuncia como decano.

La carta de Nikias decía que dos recepcionistas habían tomado la llamada, de seis minutos de duración, pero que la información nunca se había transmitido a los administradores superiores porque la persona que llamó no les resultó “creíble”.

 

Traducción: Diana Cervantes

Si quiere leer este artículo en inglés, haga clic aquí

 

 


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