Dos estudiantes activistas de Parkland fueron blanco de falsas llamadas de emergencia al 911

Dos estudiantes activistas de Parkland fueron blanco de falsas llamadas de emergencia al 911

Los engaños conocidos como “swatting” son falsas llamadas al 911 con consecuencias reales, y las figuras públicas o las celebridades a menudo son las víctimas.

La semana pasada, el activista de 18 años de edad David Hogg y su compañero, el líder estudiantil de #NeverAgain Cameron Kasky, fueron blanco de esas llamadas, de acuerdo con las autoridades de los condados de Broward y Palm Beach, en Florida. Ambos jóvenes emergieron como activistas después del tiroteo del 14 de febrero pasado, que dejó 17 muertos en Marjory Stoneman Douglas High School, en Parkland.

Bautizada por los escuadrones SWAT de la policía, que responden a las llamadas, la práctica del swatting a menudo involucra personas que llaman y describen emergencias con hombres armados o rehenes, en un intento de atraer a oficiales fuertemente armados. A menudo parece que es la víctima quien está llamando de urgencia al 911.

Según el FBI, que ha emitido advertencias sobre este tipo de engaño telefónico desde 2008, en todo el país se registran aproximadamente 400 llamadas por el estilo al año.

Las consecuencias pueden ser mortales. En diciembre, un hombre desprevenido de Wichita fue asesinado por la policía que llegó a su casa para investigar un supuesto homicidio y un atacante que sostenía a las víctimas a punta de pistola. Las autoridades fueron convocadas a la casa de Andrew Finch, de 28 años, después de una disputa entre jugadores en línea que provocó la llamada falsa del 911 a su dirección. El bromista, que realizó la llamada desde Los Ángeles, le dio a las autoridades una dirección incorrecta, donde vivía Finch, que no estaba relacionada con el sujeto del engaño intencional de los jugadores.

El sospechoso que llamó fue arrestado y ahora enfrenta cargos por homicidio.

Después de la muerte de Finch, el representante estadounidense Ron Estes (R-Kansas) presentó un proyecto de ley federal, en marzo último, que incrementaría el castigo para quienes practican este tipo de engaños: una pena de prisión de hasta 20 años si alguien resulta gravemente herido, y de cadena perpetua si alguien muere.

En Parkland, no había nadie en la casa de los Hogg cuando los oficiales respondieron, el martes por la mañana. Una persona que llamó al 911 afirmó que había alguien armado dentro de la vivienda, con múltiples armas, y que había herido a personas, indicó la portavoz del sheriff de Broward, Gina Carter. Quien llamó no precisó que David Hogg estuviera entre las supuestas víctimas.

De forma similar, en West Delray, las autoridades acudieron a la casa de Jeffrey Kasky, padre del fundador de #NeverAgain Cameron Kasky, quien vive allí a tiempo parcial. Tampoco él estaba en la casa en ese momento. Sin embargo, las autoridades destacaron que en la vivienda había otros parientes.

El incidente de engaño en la residencia de Kasky ocurrió el miércoles por la mañana y las autoridades respondieron, pero el personal SWAT permaneció en estado de alerta, según la vocera de la Oficina del Sheriff del Condado de Palm Beach, Teri Barbera. “La persona que llamó afirmó que había un incidente allí, que alguien había sido apuñalado, que la persona estaba armada y que iba a comenzar a dispararle a otros individuos en el hogar”, precisó.

Los investigadores pudieron comunicarse con los Kasky, quienes se sorprendieron al enterarse del incidente en su casa, afirmó Barbera.

Contactado por teléfono el viernes, Kasky (padre) relató que él y Cameron se encontraban en vuelo a San Francisco y se enteraron de la llamada de engaño al aterrizar, después de que todo se había solucionado. “Cameron está involucrado en una organización que actualmente se centra en registrar a los jóvenes para votar. Yo participo en una organización separada, que actualmente enfrenta a los candidatos respaldados por la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) para que podamos, por primera vez en décadas, producir algún cambio federal real en nuestras leyes de armas”, expresó. “Hay personas que ganan incontables millones de dólares con la venta de armas y se sienten amenazados por las acciones de Cameron y su equipo, así como por las que estoy emprendiendo con mi grupo”.

La organización de Jeffrey Kasky, Families vs. Assault Rifles (familias vs. rifles de asalto), fue fundada por él y otros padres de los estudiantes de Stoneman Douglas High. “Mi esperanza es que quienes hicieron estas llamadas telefónicas estén registrados para votar y que participen en el proceso democrático como se pretende, que vayan a las urnas y que animen a otras personas”, indicó Kasky. “Ya sea que estén de acuerdo con lo que los estudiantes están haciendo o no, deben salir a votar. Eso es lo que deberían hacer”.

Las autoridades no indicaron si las bromas swatting dirigidas a Hogg y Kasky tenían relación entre sí, pero el tema está siendo investigado. Ambos jóvenes son ahora bien conocidos por su activismo, pero la mayoría de las veces son las celebridades el blanco del “swatting”.

En 2015, la policía de Miami Beach fue convocada a la mansión del rapero Lil Wayne mediante una denuncia de que había cuatro víctimas de asesinato dentro de la casa. La policía publicó la llamada al 911 en la que el bromista dice, con voz monótona: “Acabo de dispararle a cuatro personas, mataré a quien sea que vea. No me importa una [improperio] si eres policía o no. Estoy disparando para matar a todos”.

La llamada atrajo a los oficiales del SWAT y los equipos de negociadores de rehenes, pero resultó ser un engaño, comentó Ernesto Rodríguez, un oficial de la policía de Miami Beach. “Cuando recibimos este tipo de llamados no podemos responder pensando que pueden ser falsos. Debemos atenderlas y debemos asignar los recursos como si el incidente fuera cierto y la gente estuviera en peligro”, aseguró. “Tenemos que investigarlas a fondo y asegurarnos de que no hay una amenaza”.

Lil Wayne fue una vez más una víctima del swatting en 2016; en esa ocasión, el rapero se encontraba en su mansión de Miami Beach cuando llegó la policía.

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