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Los chicos blancos, las letras de rap y el racismo

La escuela Brentwood, en Los Ángeles, investiga un video donde se muestra a un grupo de sus estudiantes cantando un rap con lenguaje profano y ofensivo. En la fotografía, Dave Velasquez, subdirector de la institución, en 2007 (Francine Orr).

La escuela Brentwood, en Los Ángeles, investiga un video donde se muestra a un grupo de sus estudiantes cantando un rap con lenguaje profano y ofensivo. En la fotografía, Dave Velasquez, subdirector de la institución, en 2007 (Francine Orr).

La semana pasada vi el polémico video hecho por estudiantes blancos de la escuela Brentwood, donde cantan un rap que contiene la palabra ’negr…’ y otras vulgaridades. Mi esposo y yo somos padres afroamericanos, e inscribimos a nuestro hijo en la escuela Brentwood para este otoño. El video no cambió nuestra decisión.

Durante el proceso de admisión de nuestro hijo hemos conocido un montón de alumnos de Brentwood, de todas las razas, y a sus familias. Ellos nos impresionaron. De hecho, lo que inicialmente despertó nuestro interés en la escuela fue conocer a Ountae Campbell, un estudiante afroamericano egresado de Brentwood el año pasado. Es un chico versátil y bueno, amable, respetuoso, paciente con los adultos que lo llenaron de preguntas porque querían tomar la mejor decisión para su único hijo. Ountae amó su experiencia en Brentwood, aprendió mucho e hizo amigos de por vida. Definitivamente, quiero que mi hijo sea parte de un entorno que produce muchachos como ése.

Ahora leo comentarios que acusan a los alumnos de Brentwood de ser racistas y misóginos, de tener malos padres. He visto pedidos de suspensión o expulsión de los alumnos que aparecen en el video, y los ataques a la escuela.

No conozco a ninguno de los estudiantes del clip, ni a sus padres, por lo tanto no puedo hablar específicamente sobre ellos. Pero no puedo evitar pensar, en primer lugar, sobre la facilidad con que los adolescentes, en la era de Snapchat e Instagram, pueden difundir cada uno de sus movimientos. La corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable del pensamiento racional y la toma de decisiones, no está completamente formada hasta alrededor de los 25 años de edad. Por ello, no me sorprende que estos estudiantes -o cualquier estudiante— puedan actuar impulsivamente y se involucren en comportamientos cuestionables. Estoy segura de que muchos adultos hoy agradecen que los teléfonos inteligentes no existieran cuando nosotros estábamos en la preparatoria.

Los iracundos comentaristas parecen estar especialmente indignados de que sean alumnos de la escuela Brentwood los que rapean en un video captado con celular, al ritmo de la letra misógina y vulgar de la canción. Al parecer, se supone que en Brentwood los alumnos deben de saber más y mejor. ¿En serio? La escuela no está ubicada en un agujero negro.

Si usted vive en los Estados Unidos y posee una televisión, computadora o teléfono móvil, recibe diariamente una gran dosis de misoginia y vulgaridad. No puedo decirle cuántas veces me he estremecido de horror al ver los comerciales de Carl’s Jr.; no sabía que se necesitaba de mujeres semidesnudas para vender una hamburguesa.

Tampoco la escuela Brentwood es el único lugar donde los estudiantes de todos los colores felizmente rapean al ritmo de la palabra ‘negr…’. La cultura hip-hop ejerce una poderosa influencia sobre la juventud estadounidense. Mi esposo toma el tren ligero del Metro para ir trabajar, y llega a casa con historias de jóvenes varones latinos que se refieren fuertemente el uno al otro con ese término. Una vez escuché a un grupo de adolescentes asiáticos referirse a sí mismos de la misma manera.

Eso no hace que el uso de la palabra esté bien: es un término de odio. Aunque tristemente está profundamente arraigado en la cultura estadounidense. El uso frívolo que hace el hip-hop de esta palabra añade una capa de complejidad a una historia ya cargada de por sí. Muchos adolescentes la oyen utilizada de forma tan casual que ya no los hace ni parpadear. El racismo existe, pero no creo que los estudiantes del video son necesariamente racistas.

Castigar el hip-hop tampoco tiene sentido. La violencia y la vulgaridad no son exclusivos de la música rap, y situar la culpa en un género de música es injusto e inexacto. Como con cualquier forma de arte, el hip-hop no puede considerarse como un monolito. Muchos artistas de rap utilizan su plataforma para revelar verdades acerca de la vida en zonas marginales de los EE.UU. y la difícil situación de los afroamericanos.

En cuanto a culpar a los padres, es responsabilidad de cada uno de nosotros educar a nuestros hijos acerca de la apropiación cultural, el racismo y la palabra en cuestión. Modificar levemente el final de este término no lo convierte en más amable, le decimos a nuestro hijo. No borra el dolor sentido por muchos de nuestros antepasados cuando fueron llamados de esa forma, fea, cruel e intolerante. Y si uno de sus amigos llega a mencionar el término delante de él, nuestro hijo tiene con el conocimiento necesario para explicar por qué no es apropiado, aunque lo digan A$AP Ferg o Jay-Z.

No me gustó lo que vi y escuché en el video de Brentwood, pero tampoco creo que cuando los chicos cantan una ineludible canción popular, esto define de una vez y para siempre a la escuela a la cual asisten, o a un género musical, o a ellos mismos. Si nuestros hijos asisten a pequeñas escuelas privadas o a grandes escuelas preparatorias urbanas, estarán expuestos a todo tipo de influencias. El video presenta un momento que puede aprovecharse para el aprendizaje. ¿Qué vamos a hacer con él?

Nickey Woods es subdirectora de la oficina para estudiantes con discapacidades de UCLA.

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Traducción: Diana Cervantes.

Si desea leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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