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Escuchar a los maestros; una idea para los millonarios reformadores de la educación, como Bill Gates

Bill y Melinda Gates hablan con los reporteros acerca de su fundación, el 22 de febrero pasado, en Nueva York. Ambos son copresidentes de la fundación privada más grande del mundo (Seth Wenig/Associated Press).

Bill y Melinda Gates hablan con los reporteros acerca de su fundación, el 22 de febrero pasado, en Nueva York. Ambos son copresidentes de la fundación privada más grande del mundo (Seth Wenig/Associated Press).

Al editor: mientras me preparo para jubilarme, la próxima semana, después de 52 años de enseñanza, debo reflexionar sobre todo lo grandioso y lo terrible que he visto en la educación. Mi observación final es que nadie, ni siquiera Los Angeles Times, escucha a los maestros, los profesionales que saben lo que se necesita para mejorar la educación (“Los errores de la Fundación Gates demuestran que los filántropos no pueden fijar la agenda de la educación pública ”, editorial del 1 de junio).

Más bien, lo que llama la atención son las “balas de plata” aplicadas en las aulas por los administradores en favor de sus propias y egoístas intenciones. Nadie les pregunta a los profesores qué debería hacerse para mejorar la educación. Pero, eso sí, los maestros y nuestros sindicatos son culpados de todos los defectos en la educación. Sin embargo, a nadie le interesa más que a los maestros que la educación mejore.

Por desgracia, casi todos los cambios son ordenados de arriba hacia abajo, por personas que se sienten amenazadas por la creatividad de los maestros. Ellos no confían en nosotros; demasiados administradores y filántropos, como Bill Gates, quienes “generalmente no son expertos en educación”, parecen pensar que lo que es bueno para uno es bueno para todos, y que ellos tienen la solución fácil y rápida a todos los problemas de la educación.

Ellos no tienen la respuesta, pero sí existe una: escuchar a los maestros, y dejar de obstruir su camino.

Sam Platts, Sylmar.-

Al editor: su editorial que cuestiona la tarea de la Fundación Bill y Melinda Gates resulta demasiado poco y demasiado tarde. Los maestros de todas partes podrían haberle anticipado a la Fundación Gates y a las juntas escolares -encandiladas con la promesa de los dólares de los filántropos- lo qué pasaría con esas iniciativas.

Hace algunos años, el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD) envió a maestros y administradores al área de Seattle para recabar información sobre la nueva iniciativa de Gates en “comunidades pequeñas de aprendizaje”. Ahí aprendimos de los maestros que no necesariamente una comunidad más pequeña había generado una diferencia positiva en el rendimiento de los estudiantes, y que las cosas eran mucho más difíciles para los aprendices de inglés. Nosotros reportamos lo que vimos, pero de todas formas el LAUSD siguió adelante con la iniciativa, porque le ofrecieron muchos dólares (sería interesante saber cuántos otros dólares que no provinieron de Gates también gastaron en ella).

Sería conveniente que los filántropos se enteraran de boca de los maestros en cada escuela lo que podría realmente hacer la diferencia, en lugar de colgar el dinero delante de las juntas escolares, que prometen implementar programas de eficacia no comprobada.

Alexa Smith Maxwell, Los Ángeles.-

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Al editor: Felicito a la Fundación Gates y otros grupos por animarse a mejorar nuestro sistema educativo. Sin embargo, todos esos esfuerzos se extravían cuando enfatizan el apoyo a programas que tienen como objetivo enfocarse sólo en lo que un maestro enseña.

La institución de la educación ha fracasado en estudiar esos sistemas escolares del mundo que tienen más éxito en las pruebas de los estudiantes de preparatoria que en la evaluación de la creatividad y las habilidades para resolver problemas. Estos países, Finlandia en particular, han puesto un mayor énfasis en la formación del profesorado y las clases recuperatorias, y han reclutado a sus mejores graduados de las escuelas preparatorias para asistir a sus academias de enseñanza. Estos estudiantes están expuestos a un currículo riguroso de la teoría educativa; libremente discuten sobre el currículo y la metodología en colaboración, definiendo los desafíos a los que se enfrentarán.

Este enfoque hace que el profesor principiante se dé cuenta de que es su habilidad en la enseñanza lo que hace que los estudiantes aprendan, y que todo currículo es sólo una herramienta que se utiliza para ayudar a sus alumnos a triunfar. Los profesores más débiles siempre tienen otros maestros fuertes en quien apoyarse para obtener ayuda, y tienen la oportunidad de observar a sus mentores en acción.

Si un profesor diseña un programa curricular que sigue las directrices educativas, éstas lo harán exitoso.

Bob Bruesch, Rosemead. El autor es maestro y miembro de la Junta de Educación del Distrito Escolar de Garvey.

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Traducción: Diana Cervantes.

Si desea leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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