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Cómo un maestro de Lincoln High logra que todos sus estudiantes aprueben el examen de Cálculo Avanzado

El maestro de la preparatoria Lincoln High, Anthony Yom estuvo trabajando en el total anonimato hasta que la semana pasada recibió la noticia de que uno de sus estudiantes fue uno de los 12 en el mundo en aprobar el examen de cálculo avanzado con puntuación perfecta. (Barbara Davidson / Los Angeles Times)

El maestro de la preparatoria Lincoln High, Anthony Yom estuvo trabajando en el total anonimato hasta que la semana pasada recibió la noticia de que uno de sus estudiantes fue uno de los 12 en el mundo en aprobar el examen de cálculo avanzado con puntuación perfecta. (Barbara Davidson / Los Angeles Times)

Yom, así llaman los estudiantes a su maestro de cálculo en Lincoln High, está en el pizarrón con su marcador en la mano.

Nada lo detiene.

Trabaja de izquierda a derecha, traza triángulos ágilmente, apila torres de números y convierte el salón 754 en una galería de arte rupestre.

Y ahí está la parte más impresionante.

Todos los estudiantes están concentrados, no hay ninguno soñando despierto o bromeando.

Veinticinco jóvenes observan y escuchan como un sonriente Anthony Yom imparte su clase de pre -cálculo con la perspectiva de un emocionante recorrido por la trigonometría a través de un laberinto de senos y cosenos para probar que tres al cuadrado más cinco al cuadrado va a ser igual a H al cuadrado, o si no el mundo está fuera de su eje.

“Ya terminé de explicar”, dijo Yom finalmente, antes de que los estudiantes iniciaran su propia misión de resolver sus problemas. “Ahora se tienen que poner a trabajar”.

Mientras comienzan a escribir sobre el papel, Alexis Pong, una estudiante de segundo año, me cuenta lo difícil que es el trabajo, pero también lo divertido que resulta. Ella dice lo siguiente sobre el método de Yom:

“Nos desafia al máximo para que salgamos bien en nuestros exámenes”.

Yom tiene 35 años, ha dado clases en Lincoln desde que tenía 24 y todavía luce lo suficientemente joven como para postularse para presidente de la clase.

Hasta la semana pasada había trabajado en el total anonimato, al igual que prácticamente todos los buenos maestros, sin embargo, cuando uno de sus estudiantes Magneto resultó ser uno de los 12 estudiantes en el mundo en obtener una calificación perfecta en el examen de colocación de cálculo avanzado, todo cambio.

“No sólo se trata de mi”, dijo el estudiante Cedrick Argueta al reportero Hailey Branson- Potts de Los Angeles Times, después de haber sido invitado a la Casa Blanca por el presidente Obama.

Argueta, de 17 años, señaló que los 21 estudiantes de la clase de cálculo AP impartida por Yom habían aprobado el riguroso examen, siendo este el tercer año consecutivo que toda la clase de Yom aprueba el examen.

Cuando llamé a Yom para concretar una visita a su salón de clase en lo alto de Broadway en Lincoln Heights, estas fueron sus primeras palabras:

“Todo el crédito es de los niños”.

Muy bien, de acuerdo, pero aún así quiero saber quién es el Sr. Yom y cómo logra lo que hace.

Yom se mudó de Corea a Coreatown en Los Ángeles cuando tenía 12 años, su mamá manejaba un restaurante chino y su papá trabajaba en un taller de tapicería en Compton; Yom tomaba el autobús para ir a las escuelas del Valle de San Fernando, antes de ir a Palisades High; Yom quería jugar en un equipo diestro de tenis.

Yom fue a UCLA y se graduó en economía, pero no tenía un plan profesional; su madre le recordó que parecía disfrutar cuando trabajaba como tutor mientras seguía en la escuela y que tal vez debía buscar la credencial de maestro.

Eso le pareció bien a Yom, UCLA lo aceptó de nuevo; tuvo distintas ofertas de trabajo después de haberse graduado, escogió la oferta de Lincoln High e inmediatamente se arrepintió.

“Fue como un choque cultural”, dijo Yom.

Yom no podía creer el número de estudiantes que no estaban preparados y que no tenían ningún tipo de motivación, se sintió intimidado por algunos, incluyendo un estudiante que lo retó colocándose a unas cuantas pulgadas de su cara en un desafío amenazante a su autoridad.

“No voy a mentir, realmente lo odiaba”, dijo Yom.


Todos los días después de clases se reunía con otra maestra primeriza que lloraba y compartía las mismas frustraciones; pero con el tiempo, Yom el novato, también obtuvo consejos de maestros experimentados sobre cómo manejar los problemas de disciplina, después llegó el punto decisivo.

Varios estudiantes le dijeron que sabían que los alumnos problemáticos le estaban haciendo la vida miserable, pero que ellos lo apreciaban y pensaban que estaba haciendo un buen trabajo.

“Esas palabras significaron mucho para mí”, dijo Yom.

Yom convirtió su juventud en un recurso, siguiendo el ejemplo de un estudiante que se refería a él como una especie de hermano mayor; llegó a conocer mejor a sus estudiantes, llamaba a sus casas por la noche para saber si necesitaban ayuda extra, en su tiempo libre, los fines de semana ofrecía clases particulares en Lincoln y también durante las vacaciones; aún lo hace.

El director de la escuela, José Torres, con 31 años de experiencia en las escuelas de Eastside, dijo que le dice a los maestros que su primer deber es tener fe en el potencial de sus alumnos, incluidos aquellos que tienen una vida difícil o que fuera de la escuela viven en desventaja.

“Una vez que están aquí, tenemos que asegurarnos de hacerles saber que ante todo creemos que pueden aprender, independientemente de donde vienen”, dijo Torres. “Anthony se lo ha tomado muy a pecho y también otros maestros”.

Los estudiantes de Yom que alguna vez se burlaron de él por ser ajeno a su cultura, un día le preguntaron si había probado la comida mexicana, el maestro dio la respuesta equivocada.

“Pensé que Taco Bell era legítimo”, dijo Yom.

Sus estudiantes aullaban.

“Un chico me llevó a un restaurante justo en frente de la escuela, me pidió un taco y dijo:"Este es un verdadero taco, Sr. Yom. ', lo probé y desde entonces nunca he regresado a Taco Bell. Han sido literalmente a 10 años”.

Cuando hace cinco años se le preguntó si quería dar la clase de cálculo, Yom tembló; hacía tanto tiempo que no había estudiado el tema, que no se sentía cualificado, así que se volcó en los libros hasta altas horas de la noche para prepararse para su nuevo reto; también tuvo un mentor y consejero, el profesor Sam Luu de Lincoln.

“No quería parecer estúpido frente a los niños”, dijo Yom, quien hace hincapié en las aplicaciones prácticas para hacer el cálculo más interesante. Por ejemplo, Yom le dice a los estudiantes que cuando pasan a través de una intersección como por donde están los semáforos, estos fueron programados por un ingeniero civil utilizando el cálculo y luego les muestra cómo se hace.

A Yom le encantó la película “Stand and Deliver”, que trata sobre el éxito que tuvo el legendario maestro de matemáticas, Jaime Escalante de la escuela Garfield con los llamados estudiantes imposibles de enseñar. En Lincoln, el 80% de los estudiantes son latinos y uno de los objetivos de Yom es reclutar a más de ellos en las clases de preparación universitaria, lo cual sigue siendo dominado por los asiáticos. Yom quiere que sepan que si se ponen a trabajar pueden tener carreras en ciencias, ingenierías y tecnología.

“No creo que los estudiantes asiáticos sean más inteligentes que los estudiantes latinos”, dijo, atribuyendo la baja participación de los latinos a las diferencias culturales y a las bajas expectativas.

Se espera que el éxito de Argueta, quien es mitad latino y mitad asiático y ahora es prácticamente el hombre más importante en el campus, atraerá más estudiantes latinos a su clase.

Al final de la clase de pre-cálculo, Carlos Navarrete, de 17 años, me dijo que lo está haciendo bien y que está tratando de sacar una B hasta llegar a una A antes de que finalice el semestre.

Le pregunté qué hacían sus padres.

“Mi madre limpia casas”, dijo. “Mi padre es empleado en una fábrica”.

Le pregunté a Carlos qué quiere hacer al terminar la universidad .

“Convertirme en profesor”, dijo, “O trabajar para la NASA”.

Yom dice que le siguen preguntando si hay alguna receta secreta para hacer que los estudiantes desarrollen su potencial al máximo.

“Esto puede sonar cursi, pero realmente hay que amarlos”, dijo Yom. “Construir confianza, y una vez que lo han logrado, lo que les pidan lo van a hacer con un esfuerzo adicional. La receta es amor”.

steve.lopez@latimes.com

Twitter: @LATstevelopez

Traducción: Diana Cervantes.

Si desea leer esta nota en inglés, haga clic aquí


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