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Crímenes de odio: finaliza selección del jurado en el caso Dylann Roof, joven que asesinó a nueve afroamericanos

El hombre de 22 años acusado de matar a nueve feligreses negros en la histórica iglesia Emanuel AME, en Charleston, Carolina del Sur, enfrenta dos juicios por pena de muerte, la primera vez que ocurre en la historia de los EE.UU.

El hombre de 22 años acusado de matar a nueve feligreses negros en la histórica iglesia Emanuel AME, en Charleston, Carolina del Sur, enfrenta dos juicios por pena de muerte, la primera vez que ocurre en la historia de los EE.UU.

Este miércoles finalizó la selección del jurado en el juicio federal por homicidio y crímenes de odio del autodenominado supremacista blanco, acusado de matar a nueve feligreses negros el año pasado en la histórica iglesia Emanuel AME, de Charleston.

Después de un extraordinario ir y venir legal entre Dylann Roof y sus abogados, muchos en Charleston y en todo el país se prepararon para un desagradable espectáculo en los tribunales. La semana pasada, Roof eligió representarse a sí mismo durante las etapas iniciales de la selección del jurado. Pero el lunes, el juez de distrito de los EE.UU. Richard Gergel accedió a su pedido de reintegrar a su equipo legal para la fase penal del juicio, cuando el jurado deberá decidir si lo sentencia a muerte o a cadena perpetua.

Reincorporar a los abogados de Roof para la mayor parte del juicio da por terminado con la inquietante perspectiva de que el acusado examinara personalmente a los sobrevivientes y familiares de las víctimas que pudieran testificar. Sin embargo, permite que el joven de 22 años pueda sabotear su condena, posiblemente reteniendo información acerca de su salud mental y animando al jurado a enviarlo al pabellón de la muerte.

El juicio de Roof marca la primera ocasión en la historia de los EE.UU., que los gobiernos federales y estatales llevan a cabo casos paralelos de pena capital para el mismo acusado. En enero, Roof se enfrentará a una segunda potencial sentencia de muerte por cargos de asesinato y tentativa de homicidio en un juicio estatal separado.

Para muchos observadores aquí y en el resto del país, los hechos de la masacre están claros: varias personas fueron testigos de cómo Roof disparó a los feligreses durante su sesión de estudios de la Biblia, el 17 de junio de 2015. Hasta los abogados de Roof advierten que su cliente siempre ha ofrecido declararse culpable. “La única cuestión”, argumentaron en una declaración la semana pasada, es “si se impondrá la pena de muerte federal”.

En una acusación de 33 cargos, el Departamento de Justicia acusó a Roof de 12 cargos por cometer un delito de odio contra víctimas negras, 12 cargos por obstaculizar el ejercicio de la religión y nueve por usar un arma de fuego para cometer un asesinato. La agencia buscó la pena de muerte apoyada en que Roof “demostró una falta de remordimiento” y “en su animosidad hacia los afroamericanos, que jugó un papel clave en los asesinatos”.

En un manifiesto en línea escrito antes de la masacre, Roof empleó insultos raciales para describir a los afroamericanos y publicó imágenes de sí mismo, posando con una bandera confederada de batalla y una pistola Glock calibre 45.

Si Roof trató de ocultar cualquier evidencia de una posible enfermedad mental o disturbio emocional al jurado, afirman los observadores legales, limitaría la habilidad del jurado de evaluar completamente su culpabilidad moral.

Al inicio, los abogados de Roof presentaron papeleo en el cual declaraban que presentarían evidencia experta para demostrar “la enfermedad mental, o defecto, o cualquier otra condición mental relacionada con el tema de castigo”.

En una moción judicial de la semana pasada señalaron que los acusados a pena capital a menudo eligen representarse a sí mismos “para evitar la presentación de pruebas atenuantes en la fase de penalidad de sus juicios, que no pueden soportar”. “Me parece que Dylann Roof realmente quiere vivir”, señaló Christopher Adams, un abogado de Charleston que se especializa en defensas de juicios federales. “Sin embargo, parece igualmente claro que preferiría morir y ser condenado a pena capital antes de que el mundo y los jurados descubran su enfermedad mental”.

Mientras que un acusado tiene el derecho constitucional de representarse a sí mismo bajo la Sexta Enmienda, la Octava Enmienda garantiza el derecho de una sentencia justa, lo cual requiere de un intenso escrutinio en un caso de posible pena capital. La Suprema Corte nunca se ha pronunciado acerca de un acusado que se enfrenta a la pena máxima y busca representarse a sí mismo, privando así a los miembros del jurado de información crucial sobre la sentencia.

“Hay una enorme diferencia en la mente de un jurado entre alguien que es malo y despreciable, y alguien que está enfermo mentalmente”, aseguró Robert Dunham, director ejecutivo del Centro de Información sobre la Pena de Muerte. “Cuando un individuo emocionalmente perturbado o enfermo mental impide que el jurado sepa la naturaleza y extensión de su condición, esto tiene un efecto que repercute en todo el proceso judicial”.

El conflicto entre Roof y sus abogados se hizo público el mes pasado, cuando el equipo de defensa planteó preguntas acerca de su estado mental y pidió al juez que lo declare incompetente para ser juzgado. El juez Gergel ordenó a Roof someterse a una evaluación psiquiátrica, pero la naturaleza exacta de su estado mental no está clara porque la audiencia, de dos días de duración, no fue abierta al público.

Finalmente, Gergel halló a Roof capaz de ser juzgado y argumentó que, pese a haber abandonado la escuela en noveno grado, posee un “coeficiente mental extremadamente alto” y es capaz de entender los procedimientos de la corte. Sin embargo, los expertos legales señalan que hay una clara diferencia entre la capacidad intelectual y el juicio. “Uno puede tener comprensión de un proceso legal, pero eso no significa que esté menos enfermo o perturbado emocionalmente”, alegó Dunham.

A regañadientes, Gergel permitió que Roof se representara a sí mismo, aunque aseguró que lo consideraba “estratégicamente imprudente”, pese a que era “una decisión que él tiene derecho a tomar”, según los periódicos Charleston Post y Courier. El papel del abogado de pena capital de Roof, David Bruck, quedó reducido a un consejero de reserva, que asesoraría a Roof pero no podría hacer objeciones o preguntar a los testigos.

Si bien el acusado luchó para articular puntos en la primera parte de la selección del jurado, la semana pasada, y asumió un papel pasivo en gran medida, el juez no permitió que su consejo de reserva hiciera objeciones. Como resultado, un proceso que se esperaba tomara varias semanas finalizó en una. Sus antiguos abogados argumentaron en una moción que el gobierno se arriesgó a violar los derechos constitucionales de Roof al negar “una asistencia razonable y limitada” y permitirle “recurrir a un abogado experto que la corte designó para que esté a su lado y lo ayude a encontrar las palabras que necesita”.

Algunos observadores legales sostienen que la decisión inicial de Roof de renunciar al asesoramiento ya tuvo un impacto irreversible en el juicio, que permite que la mayor parte de la selección del jurado continúe sin un extenso interrogatorio por parte de abogados con experiencia en pena capital. Muchos observadores suponen que habrá apelaciones.

El domingo, Roof presentó una moción para pedir a Gergel que su equipo de defensores lo representara nuevamente. “Me gustaría pedir si es posible que mis abogados me representen para la etapa penal del juicio”, solicitó en una nota manuscrita. “¿Podría permitirse que ellos me representen en la fase penal, y que yo me represente durante la etapa de la sentencia?”.

Cuando Gergel le concedió permiso a Roof para ello, le advirtió que no podría cambiar de opinión si no está de acuerdo con el desempeño de los abogados. En cambio, sí puede revocar su decisión de representarse a sí mismo durante la sentencia.

Aunque es inusual, no es la primera vez que un acusado a la pena capital actúa como su propio abogado, particularmente en un caso donde se proveyó de un equipo legal altamente experimentado. El año pasado, Frazier Glenn Miller Jr., un supremacista blanco que asesinó a tres personas en dos centros judíos de Kansas fue sentenciado a pena de muerte después de representarse a sí mismo. Miller le dijo a los jurados que no le importaba qué sentencia dictaran, y gritó “¡Heil, Hitler!” cuando escuchó su condena a muerte.

En 2013, Nidal Malik Hasan, del ejército de los EE.UU, quien mató a 13 personas en la base militar de Ft. Hood, en Texas, confesó los disparos en su declaración de apertura y argumentó que había cambiado de bando para convertirse en un guerrillero defensor de los talibanes. Durante su juicio no llamó a testigos ni ofreció testimonios.

La representación dividida durante un juicio, como propone Roof, es aún más rara. Ocasionalmente, un acusado puede representarse a sí mismo en un proceso y luego, desanimado después del veredicto, recurrir a un abogado para la fase de la sanción. Pero es muy inusual que un acusado pida ser representado por un abogado solo para la fase de culpabilidad. “Todo en este caso es único”, señaló Dunham. “No estoy seguro de que podamos sorprendernos por algo de lo que ocurrirá”.

Si desea leer la nota en inglés, haga clic aquí.

Traducción: Valeria Agis


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