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Yes mantiene intacta su vena progresiva pese a las ausencias

La agrupación de rock progresivo Yes en su formación actual, que se presentó en el Grove de Anaheim y lo hará mañana en L.A.

La agrupación de rock progresivo Yes en su formación actual, que se presentó en el Grove de Anaheim y lo hará mañana en L.A.

(Cortesía)

Como es ya completamente claro, el 2016 se ha convertido en un año particularmente nefasto en lo que respecta a la partida de figuras destacadas del mundo del espectáculo, por lo que resulta natural lo que sucedió cuando decidimos subir a Facebook una fotografía del ya mayor Chris Howe levantando el brazo debajo del texto “Chau, Howe”.

De inmediato, alguien escribió “nooooo!!!”, imaginando que el aludido había fallecido, cuando se trataba en realidad de una imagen tomada mientras él mismo se retiraba del escenario. Y eso que lo mencionado se produjo el viernes pasado, es decir, antes de que se diera a conocer el fallecimiento del legendario artista latino Juan Gabriel.

En realidad, el anuncio no pretendía tener ningún tono premonitorio, sino más bien celebrar lo que había sido un espectacular concierto ofrecido por una de las más grandes bandas del rock clásico y progresivo (Yes), encabezada todavía por Howe, uno de los mejores guitarristas del género, así como uno que no ha perdido visiblemente sus destrezas a pesar de que puede lucir a veces como una persona mayor de los 69 años que figuran en su biografía.

Armado de distintas variantes del instrumento de las seis cuerdas y con una vocación irremediable por los cambios constantes de tinte virtuoso, este artista inglés es uno de los ídolos incuestionables de los amantes del ‘progre’ y el único integrante original de la formación más reconocida de esta agrupación, que vio la luz en 1968 bajo la batuta del cantante Jon Anderson (quien no está en la banda desde el 2008) y el bajista Chris Squire (quien permaneció en ella hasta el 2015, cuando falleció).

De ese modo, no faltan los fans que consideran que la alineación actual es casi un conjunto de ‘covers’, lo que puede verse acentuado en las presentes fechas de la actual gira, que han venido prescindiendo de otro integrante esencial, el baterista Alan White, quien se recupera todavía de una operación a la espalda. Pero somos de los que creen que, tras tantos años en el campo de batalla, es un lujo poder ver a estas bandas en vivo con la formación que sea, siempre y cuando resulten todavía capaces de ofrecer un buen espectáculo y mantengan al menos a un músico legendario entre sus filas.

Y eso es justamente lo que hizo Yes el viernes pasado en el Grove de Anaheim, donde se rodeó de imágenes psicodélicas y de un impresionante equipo de sonido para ofrecer una poderosa sesión de cerca de tres horas (con intermedio incluido) en la que, lejos de limitarse a compilar sus grandes éxitos, llevó a cabo una faena especial que le sirvió para interpretar por completo el álbum “Drama” (1980) y para tocar el lado 1 y el 4 del controvertido disco “Tales from Topographic Oceans” (1973).

En ese sentido, la primera parte del concierto no se sintió tan afectada por las ausencias, ya que el “Drama” es una producción en la que no participó Anderson (el cantante en ese caso fue Trevor Horn, quien tampoco apareció esta noche) pero sí Geoff Downes, el tecladista que milita ahora en el grupo, y que es un auténtico maestro en lo suyo (también formó parte del supergrupo Asia, más orientado hacia la música comercial). Y en honor a la verdad, el bajista William Sherwood (quien tocó con Yes entre 1997 y el 2000) es también un instrumentista extraordinario, aunque no podía dejarse de lado la tristeza ante la ausencia de Squire.

Portada del álbum doble "Tales from Topographic Oceans" (1973), que está siendo tocado particialmente en la gira estadounidense de Yes y es uno de sus más complejos.

Portada del álbum doble “Tales from Topographic Oceans” (1973), que está siendo tocado particialmente en la gira estadounidense de Yes y es uno de sus más complejos.

(Cortesía)

En todo caso, para nosotros, lo más raro fue tener al frente a Jon Davison, un vocalista que, a pesar de no ser un jovencito (tiene 45 años), luce como si lo fuera, lo que desentona particularmente con el aspecto mayor de Howe; además, en desmedro de que es muy buen cantante, Davison parece esforzarse demasiado en imitar a Anderson, sobre todo en lo que respecta a la voz, lo que genera cierta incomodidad.

Sin embargo, nadie parecía tener motivo de queja en las butacas de la audiencia, y los aplausos no cesaron desde que se escucharon los primeros ‘riffs’ de “Machine Messiah”, una pieza de más de 10 minutos que sigue siendo de lo más rockera, pese a contar al medio con una de esas partes acústicas que tanto distinguen a Yes.

Uno de los mejores momentos de esta sección fue la interpretación de “Into the Lens”, marcada por su distintivo coro melódico y ciertamente más amable que otras composiciones de la banda, pero igualmente atractiva y, finalmente, interrumpida por arranques de lo más progresivos. Tampoco decepcionó “Tempus Fugit”, un tema de la misma escuela que le sirvió a Davison para acercarse al público en plan amable.

Luego de “I’ve Seen Good People” (una pieza demasiado ‘hippie’ y alegre para nuestro gusto, pero que los presentes festejaron de pie y hasta bailando) y de “Siberian Khatru” (mucho más dura y compleja), se dio paso a un intermedio de 20 minutos; y después de eso le llegó finalmente el turno a “And You and I”, el segundo ‘hit’ mayor de Yes.

Siguió lo que muchos habían ido a ver: la presentación de tres temas del “Topographic”, uno de los discos más discutidos de la agrupación británica debido a que es el epítome de esa tendencia del ‘progre’ que acumula diversos ambientes sonoros para desarrollar historias, pero que es el blanco principal de la ira de quienes reclaman modalidades más directas y menos pretenciosas para el rock. De hecho, este fue el trabajo que provocó la salida del tecladista Rick Wakeman, disgustado por su línea conceptual y sus excesos.

El viernes pasado, bastó con escuchar “The Revealing Science of God (Dance of the Dawn)” para entender a lo que se refería Wakeman, pero también para sorprenderse por la osadía de una canción (¿se la puede llamar así?) de más de 20 minutos que no deja de tener sus encantos, aunque nosotros preferimos la que se escuchó más adelante, “Ritual (Nous Sommes du Soleil)”, marcada por incursiones impresionantes de cada instrumento (incluyendo el del baterista temporal Jay Schellen, ex Hurricane) y un intenso intercambio de tambores entre Davison y Sherwood.

El ‘bis’ se inició con otro clásico total, “Roundabout”, que es probablemente el tema más famoso de Yes y uno de lo más comerciales de su etapa tradicional; y se cerró con “Starship Trooper”, más compleja pero igualmente accesible. Los temas nuevos brillaron por su ausencia (el álbum más reciente de Yes es del 2014), pero los músicos no los necesitaron… ni nadie se los reclamó. Se espera el mismo repertorio para la actuación de este martes en el Orpheum de L.A.


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