Morrissey, Mon Laferte y Bronco destacaron en un Tropicália Fest que sobrevivió ante las inesperadas ausencias

Los asistentes a la segunda edición del Tropicália Music and Taco Fest, que se llevó a cabo el fin de semana pasado en el Queen Mary de Long Beach, no recibieron noticias precisamente buenas una noche antes del inicio del evento, cuando, tras varios reclamos por parte de los interesados, se lanzó finalmente una lista de los horarios en la que faltaban cuatro de los artistas que habían sido confirmados meses atrás.

Además de Cardi B, que iba a ser el acto de cierre del domingo, los retiros incluían a artistas de distintas generaciones y diferentes niveles de popularidad como Cuco, BadBadNotGood y Ronnie Spector. Bajo estas circunstancias, era natural que el festival se viera perjudicado; pero lo interesante del caso es que las dos fechas fueron todavía sumamente exitosas en términos de asistencia, incluso cuando la última se cerró ante una multitud menos generosa de la esperada en vista de la salida de Cardi B, quien fue reemplazada por la menos conocida SZA (ella misma fue agregada a último minuto, como lo hizo también el veterano del soul Brenton Wood).

Y esto se debió probablemente a que, además de contar con la presencia de tres escenarios y más de 70 artistas, el cartel general era bastante sólido y acorde con la idea inicial de un festival que fue realizado el año pasado por The Observatory de Santa Ana y que se encuentra actualmente en manos de Goldenvoice (la misma compañía encargada del Coachella) con el fin de combinar propuestas latinas y anglosajonas de diferentes épocas y géneros, lo que parecía inicialmente una locura pero que probó ser un concepto magistral, como lo demostraba una simple mirada a una explanada en la que se veía a personas de distintas edades (la mayoría jóvenes) y de todos los colores posibles.

Ante la sorpresa de muchos, el que no canceló su presentación (como lo ha hecho muchas otras veces) fue Morrissey, aunque tenerlo en la tarima tuvo un precio adicional para los asistentes: privarse de comer cualquier producto con carne desde las 5 de la tarde hasta el cierre del concierto del sábado, porque esa fue una demanda específica del legendario pero caprichoso cantante británico.

Por fortuna, él mismo ofreció un set impresionante que fue sin duda lo mejor de un festival especialmente placentero (desplazarse era fácil, el sonido en todos los escenarios era bueno, había muchos puestos de comida y de bebidas y no faltaban baños portátiles), pero al que le hubiera venido bien un par de estrellas internacionales adicionales y, sobre todo, una tarima principal más elevada, porque era difícil observar lo que pasaba en ella desde la zona general, aunque nuestros pases de prensa nos dieron acceso a un área privilegiada (y obviamente más cara para quienes invirtieron en esa clase de boletos).

Morrissey sabe que no es monedita de oro, y para confirmarlo, interpretó cerca del final la elocuente pieza “If You Don’t Like Me, Don’t Look At Me”, aunque el entusiasmo fue mucho mayor cuando le tocó presentar temas de su legendaria (y difunta) banda The Smiths, como “Everyday Is Like Sunday” y “William, It Was Really Nothing”.

Lo interesante es que, más allá de las controversias, el británico (que no dejó de agradecer constantemente a la audiencia por su aprecio) sigue cantando de manera estupenda y tiene algunas canciones fantásticas como solista que formaron parte del repertorio de la noche, como “Alma Matters”, “November Spawned A Monster” y “The Bull Fighter Dies”, donde celebra sin reparos la muerte de un torero. Además, en evidente conexión con el conocido cariño que le tienen los mexicanos, dijo varias frases en español y aludió a su próximo regreso a tierras aztecas.

Voces latinas

Un día después, el mismo escenario le dio cabida a Mon Laferte, la cantante chilena radicada en CDMX que ha alcanzado una enorme popularidad en los últimos dos años y que ofreció también un espectáculo impecable, iniciado por la interpretación de “¿Por qué me fui a enamorar de ti?”, una pieza procedente de su nuevo álbum “Norma” que la encontró secundada por una sección de vientos y en pleno plan sonero, algo que, sorpresivamente, le sale también muy bien.   

El resto del repertorio apuntó al pasado reciente, ese que la ha visto recurriendo a elementos de la música sesentera para darles nueva vida en cortes como “Vuelve por favor”, “Amor completo” y, por supuesto, “Tu falta de querer”, que fue el inevitable cierre, aunque empleó también otros ritmos, como el reggae (“Flor de amapola”), la  cumbia (“Amárrame”) y el ska (“No te fumes mi mariguana” y “El diablo”).

Acompañada por un competente grupo de músicos mexicanos, la sudamericana -que además de lucir un encantador aspecto de chica ‘rockabilly’ lleva con orgullo muchos tatuajes y tiene un gran dominio de escena- deslumbró principalmente por las virtudes de una voz que resulta tan poderosa como apasionada.      

Tampoco le fue nada mal un día antes y en la misma tarima a Natalia Lafourcade, la cantautora mexicana ganadora de ocho Latin Grammys que no tiene el ‘look’ desafiante de Laferte, pero que cuenta también con una voz privilegiada -aunque menos intensa- y que es sobre todo una gran compositora e intérprete.   

En la tarima, Lafourcade desgranó con placidez temas como “Hasta la raíz”, de orientación folklórica; “Lo que construimos se acabó”, convertido en un tierno reggae de desamor; “Mi tierra veracruzana”, un agradable son jarocho; y “Tú si sabes quererme”, transformado en una gozosa cumbia. Lo disfrutamos, aunque nos quedamos con la impresión de que su show actual se presta para espacios más íntimos.

Los que sí desataron más movimiento durante la misma jornada y en un estrado más pequeño fueron los regios de Inspector, cuyo set fue breve pero contundente, mientras repasaba clásicos del ska mexicano como “El dejado”,  “Amnesia”, “Amargo adiós” y su conocido ‘cover’ del bolero “Bésame mucho”, donde se lució particularmente la profunda voz del vocalista Big Javy.

Por el lado del género regional, la representación de lujo llegó en esa misma tarima de la mano de Bronco, una emblemática agrupación norteña de Apodaca, Nuevo León, que llegó encabezada por su icónico vocalista y bajista Lupe Esparza y que, pese a los numerosos cambios de formación que ha sufrido en los últimos tiempos, convenció y hasta conmovió a los asistentes con un repertorio en el que no faltaron piezas como “Que no quede huella”, “Adoro”, “Nunca voy a olvidarte” y “Sergio el bailador”.  

Más anglos

Si Morrissey tenía ganada a la audiencia de antemano, le ocurría algo completamente distinto a SZA, quien tuvo el reto de reemplazar a Cardi B y que dijo de hecho en el escenario que se sentía nerviosa porque pensaba que nadie aquí quería verla.

La artista afroamericana de R&B se equivocó, porque a pesar de las deserciones de público que se empezaron a dar durante su set, contó con una audiencia más que respetable, aunque su música no es precisamente de baile y su estilo se presta más para tomarse un vino en casa que para apreciarse en un evento masivo como este, incluso cuando se inclina por el lenguaje soez y por los segmentos ‘rapeados’.

Durante la jornada anterior, uno de los escenarios secundarios fue ocupado por Albert Hammond Jr., quien es conocido a nivel mundial por su papel como guitarrista de la banda de rock neoyorquina The Strokes, pero que exhibió aquí sus composiciones como solista, que no se separan mucho de lo  que hace con su banda principal pero tienen un aspecto más melódico y lo muestran principalmente como cantante. Se trató de un acto tan enérgico como entretenido, y eso incluye definitivamente el momento en el que se burló de Morrissey al decir “bienvenidos a los sábados sin carne, cortesía de los idiotas a cargo”.  

Muchos de los demás actos que se presentaron en las mismas tarimas eran desconocidos para nosotros, pero eran sin duda alguna extremadamente populares entre los cientos de adolescentes que se amontonaron para verlas y convertirse en protagonistas de entusiastas sesiones de ‘slam’, como sucedió durante las presentaciones de Surf Curse y SWMRS, que, dicho de paso, fue la única agrupación a la que le escuchamos dar una opinión claramente política frente al advenimiento de las elecciones de esta semana (“f… Donald Trump”, fue exactamente lo que dijo su vocalista, entre otras cosas).

Regresando por última vez al escenario principal, debemos decir que la decepción mayor de todo el evento fue la presentación de Mac DeMarco, un tipo que goza actualmente de una popularidad imbatible entre muchos jovencitos (suponemos que ‘hipsters’), pero que ofreció un espectáculo lamentable al entonar con desgano sus desganadas canciones ‘indie’ con el único acompañamiento de una laptop (sí, ni siquiera llevó a su banda) y vestido con una especie de traje de dinosaurio que se sacó luego para mostrar el otro traje de obeso que llevaba. Parecía un acto de comedia de un pequeño club y no el de un artista digno de ocupar un horario estelar en un festival de esta magnitud; sin embargo, sus admiradores parecían estar encantados.

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