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A los 91 años, Ángela Álvarez debutó en un escenario para impresionarnos con los desgarradores boleros de su autoría

El conocido Andy García (der.) besa en la frente a Ángela Álvarez, una veterana de la música cubana que impresionó a los asistentes a su concierto inaugural.

El conocido Andy García (der.) besa en la frente a Ángela Álvarez, una veterana de la música cubana que impresionó a los asistentes a su concierto inaugural.

(Cortesia Amanda Kari McHugh)

El ambiente en el Avalon de Hollywood, con mesas frente a la tarima y los diseños que caracterizan ahora al lugar, era de lo más elegante, mientras que los asistentes lucían mayormente como anglosajones que no hablaban español. Pero la artista que protagonizó la velada no podría haber sido más cubana.

Cubana, claro, pero del exilio, porque se trataba de Ángela Álvarez, una mujer de 91 años de edad que, si nos atenemos a la información proporcionada, no se había presentado hasta ese momento en un escenario profesional, sino simplemente en fiestas y eventos familiares, lo que es absolutamente sorprendente en vista de que estuvo más de una hora sobre las tablas cantando únicamente canciones de gran nivel que fueron creadas por ella misma.

Para que el recital fuera más largo, los instrumentistas invitados ofrecieron antes un preludio de mediana duración que incluyó la interpretación de la versión del archiconocido tema “Guantanamera” hecha por Joseíto Fernández. Lo realmente interesante aquí fue que estos músicos, que permanecieron durante todo el set de la veterana debutante y que fueron convocados por Carlos José Álvarez, compositor de música para películas y nieto de la referida, eran todos famosos y talentosos, empezando por el conguero y maestro de ceremonias Andy García (sí, el actor de Hollywood) y siguiendo por el tresero y guitarrista peruano Ramón Stagnaro, el clarinetista y saxofonista colombiano Justo Almario y el flautista cubanoamericano Danilo Lozano.

Pero el momento realmente esperado comenzó cuando apareció por una esquina Álvarez, luciendo encorvada y apoyándose en un bastón, lo que resultaba absolutamente razonable cuando se toma en cuenta su avanzada edad. Lo llamativo por ese lado es que se trataba de una broma, porque apenas llegó hasta el micrófono que le tocaba, la dama tiró el bastón y se paró completamente erguida. Se mantuvo de esa forma durante casi todo el tiempo, a excepción del momento en el que sentó para escuchar cantar a uno de sus hijos, José Álvarez.

“[Hice lo del bastón] para que empiece el show con alegría, porque yo estoy aquí para traer mucha alegría”, exclamó ella de inmediato en su español natal, aunque lo cierto es que, sin estar libre de composiciones festivas enmarcadas en el plano del son tradicional, su repertorio se encuentra mucho más orientado hacia las piezas tristes y melancólicas, que interpreta con una emotividad conmovedora.

De ese modo, la presentación se inició con “Un nuevo amanecer”, uno de los muchos boleros tristes que la distinguen; y poco después, le llegó el turno a “Camino sin rumbo”, una impresionante composición que, como ella misma lo dijo, surgió tras la muerte de su esposo, y que llegó acompañada por una brillante intervención de Stagnaro en la guitarra.

Alvarez al lado de todos los instrumentistas de lujo que la acompanaron durante la presentacion en el Avalon de Hollywood.

Alvarez al lado de todos los instrumentistas de lujo que la acompanaron durante la presentacion en el Avalon de Hollywood.

(Cortesia Amanda Kari McHugh )

Particularmente locuaz, la artista brindó permanentemente información sobre sus temas, traduciendo a veces lo que decía al inglés, lo que nos permitió saber que “Pedacito de cielo” está dedicada a la proverbial hermandad entre Cuba y Puerto Rico, país en el que vivió tras su salida de la otra isla; que “En mi jardín” fue hecha para comparar a sus cuatro hijos con flores; y que “María” fue gestada especialmente para el matrimonio de una de sus hijas, aunque no pudo cantarla en la ceremonia donde tenía que haberlo hecho al ser embargada por la emoción.

Pero el aspecto melancólico de su arte no se limita a los amores perdidos; de hecho, muchas de sus creaciones son un lamento por la patria perdida, ya que no ha podido regresar a Cuba desde que salió de allí, en 1962, y posee un espíritu evidentemente anticastrista que se plasmó en títulos como “Romper el yugo” y “Qué linda es”, pieza con la que se cerró el espectáculo y que, curiosamente, a pesar de su letra, fue una de las más alegres en el plano musical.

La audiencia celebró con entusiasmo la aparición de este “nuevo talento” en el mundo de la música.

La audiencia celebró con entusiasmo la aparición de este “nuevo talento” en el mundo de la música.

(Cortesia Amanda Kari McHugh)

Fuera de lo que se pueda pensar de sus posturas políticas, es evidente que Álvarez es una mujer dulce y profundamente talentosa a la que le habría venido de maravilla tener una carrera profesional, porque sabe pararse muy bien en el escenario y sigue teniendo una voz particularmente poderosa y expresiva para los años que trae encima, pese a que se salió en algunos momentos de los tiempos establecidos por el patrón rítmico.

Sea como sea, verla en vivo en un lugar tan apropiado y con un marco musical tan sublime fue una experiencia especialmente agradable, que se completó al cierre con la llegada de un pastel de cumpleaños y una versión tropical del típico “Happy Birthday”, convertida en excusa perfecta para verla practicando unos increíbles pasos de baile. Finalmente, todo parece indicar que, además de haber servido como base para un documental sobre ella misma que se encuentra en producción, el concierto fue un regalo para ella… y para todos los que estuvimos ahí.


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