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La muerte de David Bowie deja un gran vacío en el mundo de la música (y en sus incontables seguidores)

Los admiradores de David Bowie se reúnen ante un mural de Londres que lo refleja en su etapa de Ziggy Stardusts luego de conocer la noticia de su muerte a los 69 años de edad.

Los admiradores de David Bowie se reúnen ante un mural de Londres que lo refleja en su etapa de Ziggy Stardusts luego de conocer la noticia de su muerte a los 69 años de edad.

(PETER NICHOLLS / Reuters Photo)

Para una buena parte de los integrantes de nuestra generación que se limitaban a escuchar los éxitos de la radio, el nombre de David Bowie remite directa y exclusivamente a cortes comerciales como “Modern Love”, “Let’s Dance” y “Under Pressure”, cantado a dúo con Freddie Mercury de Queen. Y el hecho de que el mismo cantante británico haya estado retirado de los escenarios desde hace 10 años no ayuda a mantenerlo en la mente del público general que se guía por el pop.

Sin embargo, y a pesar de que se negó a volver a girar -su última presentación en Los Ángeles fue en el Teatro Griego en el 2004-, Bowie no dejó de mantener el interés de sus fans en todo este tiempo, hasta el punto de que, dos días antes de su muerte -es decir, el viernes pasado-, lanzó un nuevo disco de material inédito en estudio, (se pronuncia “Blackstar”), el mismo que fue de inmediato señalado por los críticos como uno de sus mejores trabajos en los tiempos recientes.

A pesar de no contener ‘singles’ inmediatamente reconocibles y de ser ampliamente experimental (se hizo con una banda de jazz desconocida que el artista conoció durante una visita a un club neoyorquino cercano a su casa), el álbum, acompañado por dos videoclips meticulosamente elaborados y cargados de símbolos enigmáticos, demostró que su creador, quien cumplió 69 años el mismo día del lanzamiento, mantenía todavía su genialidad intacta. Sin embargo, en medio de fuertes especulaciones sobre su estado de salud, nadie alejado de su círculo inmediato sospechaba que se encontraba aquejado por el cáncer terminal que acabó finalmente con su vida.

Claro que, para sus oyentes más devotos, la mejor etapa de Bowie no es la final, más o menos inclinada hacia la electrónica, ni la ochentera, llena de guiños al ‘mainstream’, sino la de los ‘70, cuando le dio vida al personaje espacial y andrógino de Ziggy Stardust y a clásicos tan ineludibles como “The Man Who Sold the World”, “Changes”, “Life on Mars”, “Starman” y “Moonage Dream”. También incursionó de manera esporádica pero memorable en la actuación gracias a títulos como “The Man Who Fell to Earth” (1976), una maravillosa cinta de culto donde hacía pertinentemente de un extraterrestre; “Merry Christmas, Mr. Lawrence” (1983), un celebrado drama sobre un campo japonés de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial; y, por supuesto, “Labyrinth” (1986), una fantasía familiar donde encarnó al ya mítico Rey de los Duendes. Se le va a extrañar mucho, maestro.


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