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Para Hollywood, Donald Trump es un villano muy real

Aunque Winona Ryder llamó la atención con sus muecas, fue su colega David Harbour, también de la serie “Stranger Things”, quien dio el discurso más contundente contra Trump en los Premios del SAG.

Aunque Winona Ryder llamó la atención con sus muecas, fue su colega David Harbour, también de la serie “Stranger Things”, quien dio el discurso más contundente contra Trump en los Premios del SAG.

(Getty Images)

La mente de Donald Trump debe ser un lugar siniestro en el que no nos gustaría estar ni por un segundo, pero a pesar de ello, nos intriga saber lo que está pasando por ella en estos momentos y en relación al rechazo masivo que vienen sufriendo las lamentables decisiones tomadas en sus primeros días de gobierno.

El anuncio inicial de su victoria nos hizo pensar que nos encontrábamos súbitamente metidos en un episodio de la serie de ciencia-ficción “The Twilight Zone” (“Dimensión Desconocida” en Latinoamérica), y esa una sensación que no se ha desvanecido hasta ahora; pero lo que viene ocurriendo en estos días con los numerosos actos de protesta es cuando menos esperanzador, sobre todo porque estos se han extendido a toda clase de industrias y de compañías.

En ese sentido, el magnate no puede dejar de estar sorprendido por el clamoroso nivel de desacuerdo que ha generado su política hacia las personas originarias del Medio Oriente, y es probable que esté mucho más preocupado (si es que su ego le permite preocuparse) con las severas expresiones públicas de ejecutivos de Google, Starbucks, Netflix, Tesla y hasta Goldman Sachs que con las de los representantes de Hollywood, que de todos modos esperaba.

Pero eso no quiere decir que lo que hagan y digan las personas relacionadas al mundo del entretenimiento resulte intrascendente, porque si bien hay todavía sujetos que consideran que un artista no debe meterse nunca en la política, existe en el mundo entero gente que ve a estas celebridades como modelos a seguir; y lo más importante es que, a diferencia de un mitin hecho dentro de un edificio, los grandes eventos de cine, de televisión y de música cuentan con plataformas gigantescas de difusión y son vistos literalmente por millones de espectadores.

De ese modo, lo que ha estado pasando en esas ceremonias y lo que pasará sin duda en las que faltan sirvió y servirá como vitrina de lujo para una oposición al gobierno que, en vista de las circunstancias, suena más razonable y urgente que nunca. Eso es algo que se notó ya en los Globos de Oro del 8 de enero, pero que se vio indudablemente reforzado en los Premios del Sindicato de Actores (SAG) del domingo pasado, que se dieron justamente después del fenómeno conocido en las redes como #MuslimBan.

A no ser que ocurra algo completamente inesperado en la Casa Blanca, estamos seguros de que el podio del Oscar del 26 de febrero será también escenario de duras palabras contra el mandatario, quien, a este punto, debe tener serias dificultades para animarse a ver una película o un programa de televisión, debido a que el mundo creativo entero parece haber armado un bloque en su contra.

¿Y qué decir del universo de la música, cuyos representantes se negaron también en masa a participar en un concierto de toma de mando que resultó particularmente deslucido, a no ser que se admire a 3 Doors Down? Por ese lado, hay que esperar que el Grammy se sume a esta clase de sentimiento, pese a que la superestrella del hip-hop Kanye West decidió reunirse con Trump el pasado mes de diciembre en un acto que fue duramente cuestionado.

Finalmente, tenemos el tema de los latinos, que no se han manifestado de manera tan elocuente sobre lo que viene pasando en los eventos de este año por el simple hecho de que no han tenido muchas nominaciones ni mucho menos victorias; por ese lado, lo único que ha llamado la atención en estos días son las declaraciones de Salma Hayek en la alfombra roja de los Premios del SAG. Pero eso sería motivo de otra discusión.


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