‘Night on Broadway’ fue una fiesta completa, sin muros ni fronteras

Cuando se dice que un evento va a tener “de todo para todos”, es imposible dejar de lado el escepticismo, porque se trata de un slogan que no por común es cierto; pero quien esto escribe debe reconocer que, en el caso de la tercera edición de “Night on Broadway”, que se llevó a cabo el sábado pasado en el Centro de Los Ángeles, la promesa no estuvo lejos de ser certera, porque había incluso por ahí un ‘food truck’ peruano, es decir, relacionado a la geografía de la que provengo.

Por supuesto, había mucho más de dónde elegir si se lleva sangre azteca, aunque la realidad es que el evento masivo y gratuito -que no tenía rejas de entrada ni controles de seguridad-  ofreció un panorama bastante amplio de lo que se cocina dentro de esta ciudad en el área del entretenimiento, porque si bien los actos centrales del escenario principal fueron el cantante blanco de ‘neo soul’ Mayer Hawthorne y el legendario grupo de New Wave anglosajón Oingo Boingo (o lo que queda de él), la oferta vinculada a otras culturas fue más que evidente.

En el caso de la nación vecina, sus aportes a esta parte del mundo contaron incluso con un auditorio propio, el del Million Dollar Theatre, completamente dedicado a lo largo de la jornada a celebrar la Época de Oro del Cine Mexicano, con un fastuoso y colorido espectáculo en el que participaron la nieta del legendario Pedro Infante, Lupita, así como los Cadetes de Linares, La Sonora Santanera Nueva Sangre y Tierra Blanca.

Pero la influencia de esta cultura alcanzó al citado escenario principal, que contó con la presencia de Las Cafeteras, una agrupación local de hombres y de mujeres que fusiona el son jarocho con el rock y el hip-hop, y que además de demostrar su virtuosismo, desplegó generosamente sus mensajes a favor de los inmigrantes y en contra de las políticas de odio y de discriminación que ha empezado a imponer la administración federal en vigencia.

Por ese lado, es importante destacar que el impresionante festival, organizado por el concejal demócrata y mexicoamericano José Huizar, tuvo un sabor ampliamente liberal, manifestado en los numerosos momentos en los que artistas de diferentes estilos y procedencias se manifestaron abierta o discretamente sobre Donald Trump, incluyendo a uno de los integrantes afroamericanos de Oingo Boingo, quien le pidió en un momento dado a los asistentes que corearan la frase “No More Walls” (“No más muros”).

También hubo menciones políticas durante la presentación de Thee Commons, un entusiasta grupo bilingüe de rock del Este de Los Ángeles que actuó ya entrada la noche en un escenario dedicado a la escena ‘indie’ del Sur de California (“estamos aquí y no nos vamos”, fue una de ellas). Sin ser enorme, este estrado convocó a una cuantiosa multitud de jovencitos y dio incluso pie a vibrantes escenas de ‘slam’ y de ‘stage diving’. Curiosamente, y para volver por un segundo al asunto peruano, la misma banda interpretó un feroz ‘cover’ de “Demolición”, tema emblemático del antiguo grupo de protopunk limeño Los Saicos, lo que nos arrancó nuevamente una sonrisa.

No todo se enfocó en la música: además de brindarle al visitante la posibilidad de admirar sus fabulosos diseños y estilos arquitectónicos, muchos de los teatros disponibles ofrecieron muestras de otro tipo, relacionadas tanto al video- arte combinado con ritmos electrónicos (el Orpheum) como a la comedia (el Palace); y las zonas exteriores (ubicadas a lo largo de la misma calle) ofrecieron diversas instalaciones conceptuales, un ‘jardín de la cerveza’ (aunque se podía comprar también bebidas al interior de los teatros), un área de box y peleas (cortesía de Lucha Va Voom) y hasta una llamativa ‘discoteca silenciosa’ (es decir, la modalidad en la que los asistentes escuchan los sonidos emitidos por un DJ a través del uso de audífonos).

De ese modo, el ambiente fue de completa fiesta, y a pesar de que la muchedumbre era gigantesca (se habla de 70,000 personas) y caminar con comodidad se hizo problemático cerca del final, nunca sentimos la clase de incomodidad que se experimenta en otros eventos debido a que el espacio era muy vasto. En lo que a nosotros respecta, el único momento desagradable se dio cuando una señora que llevaba a un niño de la mano le comentó exaltada a un guardia de seguridad que la mujer blanca que trataba de meterse apresuradamente al ‘backstage’ le había gritado “mexicana sucia”. Si esto sucedió realmente, está claro que la ofensora se encontraba en el lugar equivocado, aunque preocupa que contara con formas privilegiadas de acceso.     

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