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‘The Witch’ cuenta una historia de terror antigua de modo completamente original

La actriz de ascendencia argentina y española Anya Taylor-Joy es la protagonista de "The Witch", que llega finalmente este viernes a las salas de cine de EE.UU.

La actriz de ascendencia argentina y española Anya Taylor-Joy es la protagonista de “The Witch”, que llega finalmente este viernes a las salas de cine de EE.UU.

(A24)

Las pantallas de cine se llenan permanentemente de películas de terror sin mayores cualidades artísticas que se apoyan en historias trilladas y que ni siquiera dan demasiado miedo; pero siempre hay excepciones notables, y en ese sentido, “The Witch”, que se estrena este fin de semana, es una de las más llamativas.

Ubicada en el siglo XVII en medio de un medio rural estadounidense que nos puede parecer ahora irreal, la cinta, cuyo realizador y escritor Robert Eggers ganó el premio al Mejor Director en el más reciente Festival de Sundance, maneja una propuesta realista que hace más escalofriante el relato de brujas que trata, apoyado en un guión que desarrolla la trama con paciencia pero que tiene siempre matices particularmente inquietantes, empezando por el hecho de que sus protagonistas son los miembros de una familia en la que hay varios niños.

La originalidad de la producción puede tener que ver con el hecho de que, en lugar de haber estudiado cine, Eggers se formó en el medio teatral y accedió al séptimo arte a través de autores europeos poco celebrados por los directores modernos de los Estados Unidos, como Ingmar Bergman y F.W. Murnau. “Hay gente que me ha dicho incluso que la película no es de terror, sino un drama familiar existencialista; la verdad es que no me importa cómo quieras llamarla, pero sí me interesaba hacer algo donde el sentido de la amenaza fuera creciendo y en que los elementos completos apuntaran al clímax para que te sintieras al borde tu asiento todo el tiempo”, le dijo el joven autor a HOY.

La figura central de “The Witch” es Thomasin, una adolescente que parece estar sintiendo el despertar de las hormonas pese a que solo tiene cerca suyo a un hermano menor y que, además de ello, se enfrenta a una serie de circunstancias inquietantes y cada vez más aterradoras que pondrán en peligro a su familia entera, en la que hay dos infantes. Thomasin es interpretada por Anya Taylor-Joy, una chica de antepasados argentinos y españoles que creció en Inglaterra y que acababa de cumplir los 18 cuando se inició el rodaje.

“Desde que la elegimos, sabíamos que iba a hacer muy bien esta parte y que entendía la esencia de su personaje”, retomó Eggers, quien debutó con esto en el largometraje. “Todo salió razonablemente bien con ella; las tomas [en las que habían connotaciones sexuales] fueron incómodas para los participantes, pero había muchas mujeres en el set para que nadie se sintiera mal, y todo el mundo sabía que lo que hacíamos estaba destinado a contar la historia”.

Pese a que tiene un ritmo especialmente lento, la cinta incluye desde el inicio momentos perturbadores que no son precisamente gráficos, pero que involucran de un modo u otro a menores de edad, es decir, una estrategia a la que la mayoría de cineastas de la Unión Americana le huyen como a la peste, y que acerca al filme a una sensibilidad mucho más europea, ya que la aproximación, por más cruda que resulte, no cae jamás en el sensacionalismo.

“Fue difícil, porque había muchos padres que no querían que sus hijos estuvieran en una película como esta, por lo que el casting resultó complicado; pero, por supuesto, los actores más chicos no se enteraron del contenido completo de la historia y nunca estuvieron expuestos a nada malo, porque usamos marionetas y técnicas de interpretación para librarlos de cualquier daño psicológico”, enfatizó Eggs.

Fuera de su momento culminante, la cinta no incurre necesariamente en escenas sangrientas, lo que corresponde también a la intención del director. “El ‘gore’ termina aburriendo; en el momento en que se empezó a hacer, no se había apreciado nada así en la pantalla, pero ahora ya lo hemos visto todo, por lo que ha perdido completamente su impacto”, precisó. “Mi trabajo es mostrar lo que es personal y atemorizante para mí sin hacerlo demasiado evidente, para que tú como espectador puedas completarlo usando tu imaginación”.

Para Eggers, el realismo de la película cuando no se trata de las escenas sobrenaturales, que se ve reforzado por el manejo de un inglés antiguo por parte de los personajes, se debe a que la idea era “llevar a la audiencia a la época en que se desarrolla el argumento para que la posibilidad de existencia de las brujas se sintiera nuevamente real, aunque esto es también un cuento de hadas que se nutre de muchos simbolismos, como la exploración inconsciente de las dinámicas familiares oscuras que se daban en esa era”.

Incluso antes del estreno de “The Witch”, se estuvo diciendo que el siguiente proyecto del talentoso realizador era una nueva versión del clásico “Nosferatu”, un título original de su héroe Murnau que contó luego con otra adaptación conocida por parte de Werner Herzog.

“Suena como algo muy pretencioso, muy feo y muy megalómano, y es por eso que todo el mundo está hablando de ello”, nos dijo Eggers. “Todavía podría hacerlo, pero en un futuro lejano; ahora mismo estoy trabajando en otra cosa, una épica medieval. Y no, no me interesa hacer una película de superhéroes”.


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