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Juan Daniel F. Molero trae a L.A. una película peruana marcada por la experimentación (y lo alucinógeno)

La actriz Muki Sabogal en una escena de "Videofilia (y otros síndromes virales)", la cinta peruana que se exhibirá durante una semana en una sala de Hollywood.

La actriz Muki Sabogal en una escena de “Videofilia (y otros síndromes virales)”, la cinta peruana que se exhibirá durante una semana en una sala de Hollywood.

(Cortesía Factory 25)

A pesar de que su primera cinta de ficción era la apuesta de Perú para la categoría de Mejor Película Extranjera del Oscar, el director Juan Daniel F. Molero sabía que las posibilidades de obtener una nominación eran remotas, debido no solo a la dura competencia que existía, sino también al hecho de que la misma obra, “Videofilia (y otros síndromes virales)”, se encuentra lejos, muy lejos de manejar una propuesta ‘mainstream’ y concesiva.

“Haber llegado hasta ese punto me parece muy importante, porque demuestra que nuestro país ha alcanzado una madurez suficiente como para poder mandar a competencia algo así sin miedo, además de probar que ya no nos avergonzamos de nuestra propia cultura”, le dijo el cineasta a HOY. Este jueves, “Videofilia” se estrena en Los Ángeles, con una función especial dentro del Arena Cinema Hollywood (1625 North Las Palmas Ave) en la que se ofrecerá una sesión de preguntas y respuestas con Molero; después de eso, habrá un ‘after party’ en el restaurante peruano Los Balcones de la misma ciudad.

“[Lo del Oscar] ha sido además bueno para la difusión de la película en Estados Unidos, sobre todo porque ha sido difícil moverla en los festivales, debido a que no posee un carácter definido: tiene algo de ficción, de documental, de video-arte, de Internet, de película americana clásica sobre adolescentes, de cine europeo, de estética asiática y hasta de estética ‘chicha’”, prosiguió nuestro entrevistado. “Por mi parte, me siento feliz de poder mostrar por aquí una cara de mi país que ni se imaginan que existe”.

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En “Videofilia”, que ganó el Premio Tiger en la edición 2015 del importante Festival Internacional de Cine de Rotterdam, dos jóvenes limeños que se conocen a través de la Internet inician una relación tan apasionada como tormentosa que los encuentra metidos en una ciudad en la que no faltan las drogas, las ruinas antiguas y los videos pornográficos de factura casera; y todo esto se desarrolla en medio de un entorno de clase media que no suele ser tratado en el cine peruano.

“A pesar de que la película se ve bastante visceral, partí de un análisis del modo en que se ha representado cinematográficamente a Perú y al cine de adolescentes”, retomó Molero. “Yo tengo 29 años pero me siento más identificado con los [chicos] de 22, y el cine peruano habla generalmente de gente en extrema pobreza o en extrema riqueza, mientras la idea aquí era probar que también hay personas pertenecientes a otras clases sociales que no parecen tener mayores problemas en sus vidas y que ‘huevean’ [no hacen nada demasiado productivo], es decir, un estilo de vida que se presenta abundantemente en el cine americano, pero no en el nuestro”.

A la vanguardia

Molero estudió publicidad y llevó cursos de cine en Lima, pero como anhelaba centrarse únicamente en lo segundo y su ciudad no se lo ofrecía en exclusividad, se trasladó a la Universidad de Cine de Buenos Aires, que tampoco lo convenció. “Estuve un año y medio allí, y después me salí para filmar mi primera película, [el documental] ‘Reminiscencias’”, recordó. “Me interesaba más lo experimental que el estilo narrativo para festivales que se enseñaba y que se enfocaba en lo europeo, cuando a mí me gustaban el cine asiático y el de culto, porque me crié con la piratería”.

Más allá de tener escenas en las que confluyen imágenes de distintas procedencias, “Videofilia” recurre ocasionalmente a desnudos frontales y tiene un alto contenido sexual, lo que tuvo que ser difícil de filmar para un realizador que no había hecho nada semejante hasta ese momento. “Éramos un equipo mínimo que no tenía la intención declarada de hacer algo profesional; obviamente, en las escenas de sexo el asunto fue más serio, pero de todos modos había una empatía y una confianza que permitieron que todos se comportaran naturalmente, sin la idea de que lo que estaban haciendo iba a ser visto por todo el mundo”, precisó.

El cineasta peruano Juan Daniel F. Molero prefiere la experimentación a las formas cinematográficas más convencionales.

El cineasta peruano Juan Daniel F. Molero prefiere la experimentación a las formas cinematográficas más convencionales.

(Cortesía)

Los personajes de la cinta se obsesionan con las posibilidades de sus computadoras, van a conciertos de rock ‘subte’ y consumen drogas, pero nada de esto llega cargado de juicios de valor. “La película es sobre todo una experiencia, y una experiencia no puede ser mala ni buena; es como un sueño, y los sueños no tienen un mensaje”, aseguró Molero. “Mi público objetivo es la gente menor de 30, que actualmente es la población más grande en Perú. No quería hacer ese cine francés convencional y solemne que se crea para los jubilados”.

En el plano visual, no debe esperarse preciosismo alguno, porque “Videofilia” tiene una estética muy ‘under’: sus escenas más convencionales se grabaron con el lente incorporado de una cámara de fotos Rebel (“la más barata de Nikon”), y son constantemente combinadas sin aviso previo con imágenes registradas por ‘webcams’, lentes espía y iPhones. Pero eso no evita que la cinta contenga momentos altamente creativos, como los ‘viajes’ de LSD que aparecen en dos ocasiones, guiados por tomas ‘pixeleadas’ y procesadas.

“Yo comencé a ver cine por andar con ‘stoners’ en la [escuela] secundaria, lo que despertó en mí el interés por observar y analizar, que es lo más interesante de las drogas”, comentó el director. “Me interesaba también mostrarle a un espectador que nunca tomaría ácido lo que sería tomarlo, porque me gusta hacer cine en el que pueda mostrar lo que tengo en mi cabeza pero no puedo expresar en palabras; y eso va mucho más allá del tema de las sustancias”.

A fin de cuentas, “Videofilia” juega permanentemente con las percepciones de lo que nos rodea, lo que la hacía muy susceptible a la manipulación de las imágenes. “Vengo experimentando desde hace mucho con las texturas digitales, que concuerdan con la idea que yo mismo tengo de la realidad como algo frágil, no imponente ni inquebrantable”, concluyó Molero. “En todo caso, no creo en la existencia de una sola realidad, y eso incluye a la realidad virtual”.


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