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‘John Wick 2’ es el antídoto perfecto contra el romanticismo forzado de San Valentín

El popular actor Keanu Reeves en una escena de "John Wick: Chapter 2", que se estrena hoy en salas de todos los Estados Unidos.

El popular actor Keanu Reeves en una escena de “John Wick: Chapter 2", que se estrena hoy en salas de todos los Estados Unidos.

(Cortesía)

No cabe duda de que el suspenso y la acción son elementos esenciales para llamar la atención de las audiencias que acuden a las salas de cine, y es por eso que hasta “Fifty Shades Darker”, la cinta de tendencias eróticas que se encuentra supuestamente destinada a las parejas y se lanza hoy mismo, incluye algunas escenas que van por ese lado.

Pero si lo que quieres es disfrutar realmente del género y, de paso, alejarte un poco del sentimentalismo casi obligatorio de estas fechas, la opción perfecta para los días que se vienen es “John Wick: Chapter 2”, y no solo porque es el único título de su clase que se estrena este fin de semana, sino porque es, sencillamente, una de las mejores películas de acción que hemos visto en los últimos tiempos, incluso mejor que la primera entrega de la misma saga, que fue particularmente lograda.

Si se quiere ser detallista, no falta tampoco por aquí de algún modo el romanticismo, como lo demuestran los ‘flashbacks’ en los que el protagonista (sí, se llama John Wick) recuerda con dolor a su esposa, desaparecida a causa de una enfermedad; y como lo sabe bien cualquiera que haya visto el film original, si alguien se mete con cualquier animal u objeto que tenga alguna clase de relación con la fallecida, recibirá por parte de su viudo una generosa retribución que no tiene nada que ver con ramos de rosas.

Y es que, en realidad, la mujer aludida -así como la trama, que encuentra a Wick nuevamente metido en el mundo del crimen organizado del que se había supuestamente apartado- es solo una excusa para el desarrollo de una serie que no se caracteriza por su complejidad ni sus grandes comentarios sociales, sino que parece más bien un cómic hiperviolento cuya sencillez narrativa da pie a la elaboración de incontables escenas de persecuciones automovilísticas, peleas cuerpo a cuerpo y, por supuesto, enfrentamientos a balazos.

Todo esto se ve habitualmente y hasta el cansancio en las grandes producciones hollywoodenses, pero lo interesante en este caso es que, en lugar de recurrir a esa acumulación de cortes rápidos que no permiten entender lo que sucede y que son típicos de los directores “por encargo” de Hollywood, el realizador Chad Stahelski -quien se encargó también de la primera cinta- maneja una puesta en escena que permite seguir claramente cada movimiento producido en la pantalla y que cuenta además con unas coreografías espectaculares.

Para ello, cuenta con la valiosa ayuda de Keanu Reeves, quien había caído prácticamente en un nivel de anonimato en los últimos años, pero que regresó al primer plano con el debut de esta saga y que, en el presente capítulo, vuelve a colaborar con su doble de “The Matrix” para demostrar que, con 52 años a cuestas, es todavía capaz de transformarse en un antihéroe memorable. Si Liam Neeson hizo algo parecido, ¿por qué no él?


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