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‘Glass’ es una secuela tan fascinante como frustrante y agotadora

De izq. a der., Samuel L. Jackson, James McAvoy y Bruce Willis en una escena de la cinta "Glass", que se estrena esta noche en salaa de EE.UU.

De izq. a der., Samuel L. Jackson, James McAvoy y Bruce Willis en una escena de la cinta “Glass”, que se estrena esta noche en salaa de EE.UU.

(Jessica Kourkounis )

Los retos no eran pocos. Diecinueve años después del estreno de su segunda película, “Unbreakable”, que nos pareció sumamente interesante pero que dividió a todos los fans que había ganado con su ópera prima “The Sixth Sense” (protagonizada igualmente por Bruce Willis), el cineasta estadounidense de origen indio M. Night Shyamalan lanza finalmente en salas la esperada secuela.

En realidad, “Glass” (así se llama la cinta) es no solo una secuela de “Unbreakable”, sino también de “Split”, el efectivo ‘thriller’ que presentó en el 2016 y que según los entendidos se mantuvo en la línea de ‘resurrección artística’ de Shyamalan tras varios títulos que fueron muy mal recibidos. En ese sentido, el nuevo film tenía mucho que probar.

Y el director y guionista parecía estar muy consciente de ello, hasta el punto de que ha hecho una película monumental que no deja de impresionar por sus ambiciones, pero que termina sintiéndose agotadora y desenfocada, hasta el punto de que parece extenderse por más de los 128 minutos que dura.

Eso no quiere decir que no hayan por aquí cosas rescatables y hasta fascinantes. Cualquiera que haya disfrutado de las cintas antes nombradas encontrará en esta múltiple referencias y detalles que no se explicaron anteriormente, además de reencontrarse con los personajes interpretados por los actores originales, es decir, Bruce Willis (en el papel de David Dunn, un tipo al parecer indestructible), Samuel L. Jackson (Mr. Glass, un villano de gran inteligencia pero de fragilidad física) y James McAvoy (Kevin, un psicópata con múltiples personalidades).

Todos ellos son grandes actores, pero uno de los problemas principales de “Glass” es que los dos primeros están ciertamente desaprovechados, hasta el punto de hacer que el nombre de la cinta resulte injustificado debido a que el protagonismo recae casi por completo en Kevin, lo que le permite a McAvoy una enorme oportunidad de lucimiento que, sin embargo, termina volviéndose excesiva con el paso de lo minutos y la insistencia en mostrar a su personaje en lugar de atender a los demás.

Sea como sea, no se puede desestimar por completo una película que, en desmedro de sus problemas de ritmo, maneja frecuentemente las formas cinematográficas con maestría, combinando tomas altamente expresivas con una banda sonora trepidante que genera verdadera tensión.

Además, la historia misma retoma esa mirada analítica al universo de los cómics que Shyamalan inició en “Unbreakable” y que sigue siendo todavía original y llamativa, aunque la falta de escenas de acción espectaculares y de grandes efectos especiales desconcertará sin duda a los amantes de las cintas de superhéroes más comerciales.


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