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Cine

Brady Corbet usa a una estrella del pop para referirse a temas mayores en la impresionante ‘Vox Lux’

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La actriz Natalie Portman y el director Brady Corbet durante la muestra especial de “Vox Lux” en el Egyptian Theatre de Hollywood. 

(CHRIS DELMAS / AFP/Getty Images)

En términos de salud, este no ha sido un año ideal para Brady Corbet, que se ha resfriado ya dos veces a lo largo del presente calendario, y que llegó a nuestra entrevista en el hotel Four Season de Beverly Hills extremadamente abrigado y portando un bufanda, pese a que la temperatura al interior de la habitación en la que nos encontrábamos era sumamente agradable.

Se trataba de un interesante contraste con lo que le viene sucediendo como director, ya que nadie deja de hablar de “Vox Lux”, su segunda película como director (era conocido hasta ahora básicamente como actor), que ha dividido completamente a los críticos pero no ha dejado a muchos indiferentes con su fiero retrato de la vida de una estrella ficticia del pop (Celeste, interpretada por Natalia Portman) que entra en una vorágine autodestructiva pero sigue de algún modo de pie.

“Vox Lux” -cuyo guion fue también escrito por Colbert- es un título ciertamente ambicioso en el que se analizan no solo las consecuencias de la fama obtenida desde la niñez, sino en el que se filtran igualmente comentarios sobre la violencia en los Estados Unidos, el papel de los medios de comunicación en la transmisión de la información y el terrorismo que afecta a muchos lugares del mundo.

“Es algo diseñado intencionalmente para ser una especie de cápsula del tiempo, para hacer referencia a muchos de los eventos que han definido a este país en los primeros años del nuevo siglo”, nos dijo el intérprete y realizador. “Ese fue de hecho el origen, de allí surgió la idea principal para escribir la historia”.

Debido a que lo ha venido pasando con cantantes como Demi Lovato y Ariana Grande, lo que se muestra en la cinta resulta más relevante que nunca. “Tengo la impresión de que los artistas de pop se encuentran ahora mismo en la cima de la cadena alimenticia, por llamarlo de algún modo; en la parte más alta de la jerarquía cultural”, retomó Corbet. “Y una figura así me servía como excusa perfecta para hablar de cosas que han venido sucediendo a lo largo de los últimos 20 años”.

“Como esa clase de artistas viajan tanto y se espera tanto de ellos, el uso era acertado, porque se encuentran en una posición mucho más vulnerable que, digamos, los actores, quienes pueden gozar de periodos de descanso entre proyecto y proyecto”, prosiguió. “Es mucho más rentable tener a una de esas estrellas de gira que ponerlas a hacer un álbum, y eso las pone bajo muchísima presión; cuando dejan de hacer un show por algún motivo, se disculpan mucho con los fans y hasta se sienten avergonzados, cuando están ofreciendo 200 conciertos en un mismo periodo”.

Pese a que Portman ha dicho que adora a Madonna, el relato no se basa realmente en ella, y Corbet no le pidió a la actriz que se enfocara en alguna artista en particular durante la etapa de preparación. “No lo hice porque, en realidad, todos conocemos ya a estas celebridades; muchos de los clichés sobre la manera en que surgieron son clichés por una razón”, afirmó el cineasta. “No queríamos dejar de lado todo eso, pero buscábamos llegar también a algo completamente original”.

“La película es muy crítica con la idea de levantar a un ídolo y luego destruirlo, y es por eso que me importaba mucho que nadie se sintiera ofendida con ella”, agregó. “Finalmente, no estamos contando la historia de una estrella del pop, sino hablando de muchas otras circunstancias; es una experiencia cinematográfica, no algo que busque representar una vida”.


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