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Ben Stiller regresa con ‘Zoolander 2', una secuela innecesaria, pero realmente entretenida

Ben Stiller interpreta a Derek Zoolander, Owen Wilson se encarga de Hansel y Penélope Cruz hace de Valentina Valencia en una escena de "Zoolander 2", que se estrena este viernes.

Ben Stiller interpreta a Derek Zoolander, Owen Wilson se encarga de Hansel y Penélope Cruz hace de Valentina Valencia en una escena de “Zoolander 2", que se estrena este viernes.

(Philippe Antonello / AP)

En el 2001, después del lanzamiento de ”Zoolander”, es probable que nadie estuviera pensando en una secuela, ya que si bien tuvo un relativo éxito de taquilla y recibió críticas respetables, la comedia lanzada para mala suerte suya justo después del 911 era demasiado alocada y superficial como para ser considerada una obra digna de prolongación.

Ni siquiera se le ocurrió la idea a sus propios creadores, empezando por el director y coguionista Ben Stiller; al menos en ese momento, porque 15 años después, tenemos ante nosotros a un “Zoolander 2” que podría haber sido absolutamente desastroso, pero que sin ser un título ni siquiera remotamente destinado a los Oscar, nos parece más convincente que su antecesor, y curiosamente divertido en medio de su intencionada estupidez.

La premisa de la cinta de debut era la vida de Derek Zoolander (Stiller), un modelo masculino cuya debacle se iniciaba con la llegada de un nuevo competidor en las pasarelas y en los comerciales, Hansel (Owen Wilson); ninguno de los dos era demasiado inteligente, pero el primero se ganaba el premio, lo que lo ponía involuntariamente al servicio del archivillano Mugatu (Will Ferrell).

Todos estos personajes y sus intérpretes están de regreso, lo que es una noticia definitivamente mala si detestaste la cinta original pero que, incluso si te esta te resultó más o menos indiferente, tendría que ser placentero para quien no se resista a la nostalgia y decida dejar encargadas las neuronas en la puerta del cine para pasarla simplemente bien.

Al inicio de la película, Derek se ha convertido en un ermitaño completamente alejado de la sociedad luego de un espectacular accidente que tuvo aparentemente que ver con su escaso vigor mental; pero algunas circunstancias que no vale la pena describir lo encuentran de regreso como figura central de una campaña publicitaria en Roma (el asunto es ahora internacional) y al lado de los personajes citados, a los que se suma una presencia que no pasa nunca desapercibida: la de la preciosa y decidida Penélope Cruz, quien se pone en la piel de la agente de la Interpol Valentina Valencia, y que si bien no muestra mucho de la suya, luce algunos trajes espectaculares con los que destaca sus impresionantes atributos físicos.

En desmedro del paso del tiempo, Stiller y Wilson no lucen demasiado distintos a como se veían en la entrega de los 2000, donde, de todos modos, estaban lejos de convencer como modelos (eso era parte de la broma); y además de no haber incrementado sus coeficientes intelectuales, sus personajes siguen teniendo la suerte de encontrarse con una enorme cantidad de famosos en medio de sus aventuras.

Esta circunstancia nos somete a toda clase de ’cameos’, algunos mucho más efectivos que otros; pero digamos que Justin Bieber (sí, el verdadero) es el protagonista de una vistosa escena inaugural de acción, que Benedict Cumberbatch está increíble como un transexual de mirada matadora y que Sting (el exlíder de The Police) tiene un rol incluso mayor, lo que podría hablar de un esfuerzo desesperado por apuntar a todos lados pero tiende también un puente generacional para el disfrute de la historia.

En los tiempos actuales, es cada vez más difícil encontrar comedias irreverentes con cierto nivel de calidad en la cartelera local; en ese sentido, no faltarán quienes consideren que esta cinta no es parte de la solución, sino del problema. Pero nosotros estábamos predispuestos a ver algo mucho menos logrado, y en ese sentido, nos dejamos llevar por el ritmo de este “Zoolander 2” que no se llevará ningún premio (aunque es probable que alguien lo considere digno del Razzie), pero que, al menos en su primera parte, llega cargado de unas bromas que producen inevitablemente varias carcajadas, aunque no nos sintamos necesariamente orgullosos de ellas.


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