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‘A Quiet Place’ encuentra nuevas formas para aterrorizar a la audiencia

John Krasinski (en la foto) dirige, protagoniza y coescribe esta inquietante cinta.

John Krasinski (en la foto) dirige, protagoniza y coescribe esta inquietante cinta.

(Cortesía Paramount Pictures)

En una reciente entrevista, John Krasinski (el recordado Jim Halpert de la serie televisiva “The Office”) admitió que nunca le había gustado el género de terror y que no estaba realmente familiarizado con este, por lo que llama mucho la atención el nivel de “A Quiet Place”, una cinta protagonizada, coescrita y dirigida por él mismo que se inscribe completamente en los lineamientos de dicha escuela y que, aparte de dar mucho miedo, resulta ciertamente original.

No todo lo original que se podría pensar, claro, porque cualquier amante del horror cinematográfico reconocerá en ella elementos procedentes de títulos como “Alien”, “Predator” y “Signs”, así como huellas del todavía reciente éxito del espanto “The Witch” en lo que respecta a la puesta en escena; pero Krasinski demuestra tener no solo el talento y la creatividad necesarias como para hacer que estos detalles sean homenajes y no plagios, sino también la capacidad para desarrollar un trabajo que, fuera ya de cualquier subdivisión cinematográfica, es uno de los mejores que hemos visto en la pantalla grande en lo que va del año.

Al comienzo de “A Quiet Place”, no entendemos bien lo que está pasando. ¿Por qué tenemos al frente a esta familia que se comunica permanentemente con gestos y movimientos labiales, pero sin decir palabra alguna? ¿Son todos sus integrantes mudos? La respuesta llega poco a poco, cuando se revela que son sobrevivientes de una invasión de criaturas monstruosas que se encuentran escondidas por todos lados y que, pese a estar desprovistas del sentido de la visión, atacan a sus víctimas guiadas por los sonidos que estas producen.

La historia no toma la ruta ligera; casi al inicio, la familia sufre una trágica pérdida que la deja fuertemente marcada y que demuestra de paso lo implacables que son estas criaturas. Esa escena es evidentemente ruidosa, en contraste con la mayor parte de la película, caracterizada por un silencio que llega a resultar abrumador y que se convierte en un factor esencial de tensión para el espectador, acostumbrado a verse sometido a toda clase de estímulos auditivos cuando se encuentra en una sala oscura.

Lo recién descrito es el aporte principal de una cinta en la que los momentos de impacto directo tardan en llegar y están lejos de ser constantes, pero que nos pone al borde del asiento debido a sus generosas cuotas de suspenso y a la desesperada situación de sus personajes, que intentan mantener un estilo de vida mínimamente normal mientras se encuentran sometidos a una amenaza indescriptible.

Sin necesidad de recurrir al ‘gore’ y a lo escabroso, Krasinski ha creado una películas particularmente inquietante y perturbadora, hasta el punto de que habrá probablemente espectadores que no puedan tolerarla; y aunque él mismo no es lo más destacable en un reparto que lo encuentra como el padre de familia Lee Abbott, su habilidad para dirigir actores es evidente en los grandes resultados que obtiene con la gran Emily Blunt, quien interpreta a su esposa Evelyn, y con Millicent Simmonds, la impresionante niña que se pone en la piel de su hija Regan.


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