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Cine

Reconstruye la germinación de la dictadura argentina para prevenirnos de lo que podría suceder ahora

Rojo
Alfredo Castro y Dario Grandinetti en una escena de “Rojo”, cinta argentina que se exhibe ya en L.A.
(Cortesía)

Aunque no había nacido todavía cuando estaba en vigencia la dictadura militar argentina que ocasionó miles de desapariciones y muertes, Benjamín Naishtat tiene razones suficientes como para que los hechos que se produjeron en su país desde mediados de los ’70 hasta inicios de los ’80 tengan una relevancia particular en su vida.

“Mi familia sufrió ataques y persecuciones por parte de fuerzas militares y paramilitares a causa de su militancia por los derechos humanos”, nos dijo el director de 33 años a través de una conexión telefónica con Buenos Aires. “Tuvieron que huir del país durante casi una década para salvarse, o sea que hay una resonancia personal en esta temática, aunque yo retrato aquí a los que se quedaron”.

Se refiere, claro, a “Rojo”, la aclamada cinta que se estrenó ayer en el Laemmle Royal de L.A. tras haber arrasado en el Festival de San Sebastián (donde se llevó los premios de Mejor Dirección, Mejor Actuación y Mejor Fotografía) y que se ubica en el momento inmediatamente anterior al golpe de estado de 1976 para contar la historia de un abogado (interpretado por el gran Darío Grandinetti) que aprovecha la sensación de impunidad que se respira ya en el ambiente para hacer de las suyas.

“Me parece interesante la germinación de un momento histórico, y en este caso, eso me permitió analizar cuáles son las condiciones que posibilitan la existencia de un régimen fascista”, retomó Naishtat. “Me parecía que era también interesante hacer algo así como una mirada hacia el presente, porque ahora mismo nos enfrentamos a la posibilidad de otro momento de totalitarismo a través de personajes como [Jair] Bolsonaro [el nuevo presidente de Brasil] y [Donald] Trump, entre otros”.

En ese sentido, no es gratuito que la cinta incluya a un misterioso investigador privado de origen chileno que es interpretado por Alfredo Castro, otra figura de renombre en el cine latinoamericano.

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“En esa época había todo un tejido de colaboración entre fuerzas represivas del Cono Sur; se trataba del Plan Cóndor, que fue financiado por los Estados Unidos, lo que se refleja de algún modo en este personaje chileno, quien tiene una idea muy elevada de sí mismo y pretende que está aquí para arreglar las cosas”, describió el cineasta

“Sería muy importante que la comunidad norteamericana actual hiciera un trabajo de memoria sobre la participación de su país en la instauración de gobiernos terroristas que tuvieron un altísimo costo de vidas, sobre todo ahora que se le ha dado una voz mínima a la comunidad hispana en esos territorios”, agregó.

Por ese lado, cita unas recientes desclasificaciones de documentos del Departamento de Estado que resultan particularmente reveladores. “En ellos, queda absolutamente claro que se le pagaban montos fijos a agentes que viajaban a estos lugares y que era en Washington donde se decidía a quién había que matar”, relató. “Fue algo sistemático, orquestado desde la Casa Blanca bajo la Doctrina Monroe, pero nunca hubo ningún tipo de ‘mea culpa’ ni conocimiento real de la sociedad estadounidense; y ahora mismo se ve otro tipo de injerencia sistemática, como está ocurriendo por ejemplo con los procesos judiciales en Brasil, donde se supo que el juez que metió preso a [el expresidente Luiz Inácio] Lula [da Silva] trabajaba con una contraparte en los Estados Unidos”.

Rojo
Otra escena de la inquietante "Rojo".
(Cortesía)

Lo interesante es que, a diferencia de otros trabajos fílmicos con tendencia política, “Rojo” funciona como un ‘thriller’ de alcance internacional con referencias a Sidney Lumet y Francis Ford Coppola en el que los comentarios críticos no se sienten nunca forzados.

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“No debería haber ninguna contradicción entre entretener y hacer obras que contengan expresiones de esta clase; tengo la convicción de que puedes llegar a muchos más espectadores mientras más lograda sea la forma artística y mientras menos te apoyes en cuestiones panfletarias”, enfatizó Naishtat. “En ese sentido, estoy contento de que la película pueda ser vista ahora en Los Ángeles y en lugares donde nunca pensé que iba a llegar; y creo que eso tiene que ver también con el haber confiado en el poder del cine como lenguaje universal”.


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