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El Papa habla del fervor guadalupano, de la violencia y de una tierra donde no se debe inmigrar para soñar

"Esta tierra tiene sabor Guadalupano", exclamó el pontífice en el último tramo de una eucaristía que ha sembrado esperanzas de "cambio" en gente venida de toda la geografía de la república y reunida en uno de los municipios más violentos del país.

“Esta tierra tiene sabor Guadalupano”, exclamó el pontífice en el último tramo de una eucaristía que ha sembrado esperanzas de “cambio” en gente venida de toda la geografía de la república y reunida en uno de los municipios más violentos del país.

La vista se perdía entre la multitud; el ojo no alcanzaba a atisbar el fin de la marea de 300 mil fieles que hoy acudieron al municipio de Ecatepec para ver la misa del papa. De repente, Francisco pronunció unas palabras que se clavaron en el corazón de los mexicanos y el silencio, por fin, se quebró.

“Esta tierra tiene sabor Guadalupano”, exclamó el pontífice en el último tramo de una eucaristía que ha sembrado esperanzas de “cambio” en gente venida de toda la geografía de la república y reunida en uno de los municipios más violentos del país.

En ese momento, el aplauso de los asistentes resquebrajó el ambiente solemne de la ceremonia, haciendo que brotara el más que conocido grito “Francisco, hermano, ya eres mexicano”.

Los ojos cerrados, las manos alzadas en posición de rezo y las miradas clavadas en el altar eran muestra de la atención que los fieles tenían puestas en las palabras de Francisco, de quien esperaban un mensaje que calara en el pueblo. No quedaron decepcionados.

“Jamás había vivido algo parecido, estoy sorprendida de todo esto”, afirma Teresa, quien ha venido desde San Miguel de Allende (Guanajuato) para ver y escuchar a un hombre “muy cuerdo, que irradia juventud”.

Vestido con una casulla morada, como corresponde en el tiempo de Cuaresma, el pontífice decidió centrar su homilía en el evangelio del día, que hablaba de las tentaciones de Jesucristo en el desierto.

Pero no fue hasta el final de la ceremonia cuando Francisco habló sobre la situación social del país, como ya habían predicho que haría algunos miembros del público antes de que comenzara la ceremonia.

Francisco animó a los mexicanos a pensar en una tierra “donde no haya necesidad de emigrar para soñar, donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar, donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos”.

En sus intervenciones, Jorge Bergoglio dio “un mensaje muy profundo que deberíamos tomar en cuenta todos los días”, para poder “cambiar nuestro país, nuestro México”, opina Tomás, uno de los asistentes natural de Querétaro.

Acompañado por su madre, Eufrosina, que sigue atenta a todo lo que pasa en el escenario desde su silla de ruedas, Francisco se muestra satisfecho por las palabras del papa y espera que estas logren conseguir “un mejor Ecatepec”.

Aquí “vivimos y tenemos mucha delincuencia”, apunta este tocayo del papa.

Los datos respaldan el comentario de Francisco: En 2014 el municipio triplicó, con una cifra de 35,9 homicidios por cada habitantes, la media nacional.

También se situó entre las primeras posiciones de los municipios con mayor número de extorsiones, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, y en el año pasado se declaró la Alerta de Violencia de Género (AVG) por la escalada de feminicidios.

Un manto de dibujos florales dio vida a la escalinata que ascendía hasta llegar al gran altar presidido por una cruz y construido para la ocasión con la altura suficiente para que pudiera ser visto a distancia.

A pesar de esto, el terreno conocido como “El Caracol”, en la Unidad de Estudios Superiores de Ecatepec, se armó con una treintena de pantallas para facilitar el seguimiento del evento.

“El Caracol” se iba llenando desde la noche, cuando los primeros fieles entraban dispuestos a afrontar, con ilusión y algunas mantas, unas largas horas de frío, todo con tal de escuchar el mensaje papal.

El grito de “Ya llegó el sol”, proclamado en mitad de una de las actuaciones que animaban las horas de espera, fue más que celebrado, a pesar de que, poco después, el ardiente astro fue el causante de pequeños incidentes provocados por el calor.

Entre ensayo y ensayo de cánticos y lemas, los presentadores lanzaban advertencias de seguridad al público y los invitaban a mantener la compostura durante la eucaristía del pontífice.

“Evitemos los aplausos, Dios habla en el silencio”, se escuchó desde los altavoces.

Aunque en ese momento parecía casi imposible, el mandato se cumplió religiosamente una vez que Francisco bajó del papamóvil y comenzara la liturgia.

Pero fue imposible que la norma se siguiera hasta el final y los fieles no pudieron reprimir su alegría tras la mención a la Virgen Morena, cuya imagen permanecía atenta al desarrollo de la ceremonia desde un rincón del altar.


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