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Del Papa, de política y otras cosas

Policías, soldados y miembros del Estado Mayor han colocado vallas de acero en todas las vías de acceso a la Basílica de Guadalupe.

Policías, soldados y miembros del Estado Mayor han colocado vallas de acero en todas las vías de acceso a la Basílica de Guadalupe.

(Alejandro Maciel/Hoy)

Poco a poco va cayendo el sol, y con ello los preparativos para dejar todo a punto en la Basílica de Guadalupe se intensifican.

Policías, soldados, guardias de seguridad, trabajadores de la delegación Gustavo A. Madero, vestidos de amarillo y muchos otros trabajadores tienen la consigna de no dejar pasar a nadie y dar una remozada a paredes y calles.

La visita del Papa Francisco es todo un acontecimiento. Acostumbrados a las movilizaciones masivas, las autoridades se preparan para recibir a 1 millón de personas a lo largo de 5 kilómetros de la Calzada de Guadalupe hasta el Puente Papal, ya en el interior de la Basílica.

Para recibir a la gente que llegará hoy sábado, han dispuesto la colocación de puestos decenas de puntos de hidratación y de primeros auxilios para atender a los peregrinos.

Me detengo a conversar con los miembros de uno de los puestos de socorro. Son las 3 de la mañana y el frío es intenso. Toman café y bromean. Se ve que todos ellos son verdaderos expertos en movilizaciones masivas. La mayoría participó en los operativos para recibir al Papa Juan Pablo II.

Todos tienen anécdotas que contar. “México siempre fiel”, era la palabra consentida de Juan Pablo II, dice Agustín Palacios. “Hoy no es que no se quiera a Francisco, simplemente, son estilos diferentes”, asegura, mientras se frota las manos para calmar el frio.

“Pues yo creo que si de verdad el Papa quisiera hacer algo, invertiría dinero del Vaticano para ayudar a los pobres”, dice Sergio García, el más joven del grupo y quien se tapa hasta la nariz con una cobija y se cubre con un gorro de lana.

“No, la verdad es que con tanta seguridad, la gente se desanima, no hay forma de sentirse en contacto con el Papa, es como si nos hubieran alejado de él”, de verdad, no es lo mismo que con Juan Pablo II, ya que hasta lo podías saludar… a lo mejor no es la culpa de Francisco, pero eso hace que la gente lo sienta más lejano...”, dice Francisco Rodríguez Cortés.

Poco a poco este grupo de trabajadores va sacando sus conclusiones y sus comentarios son cada vez más fuertes.

“Mire, no es por hablar mal del Papa, pero, a ver, ¿quienes son los que van a poder estar dentro de la Basílica hoy? El mismo se responde: Pues sólo la gente que tiene dinero, los que tienen conexiones... los pobres, los que tanto dice admirar el Papa, se va a quedar afuera, detrás de las vallas, ahí van a estar, y ahí sí ni quien les haga caso”, dice Palacios.

Los otros coinciden con él. “A ver, cómo es que algunas agencias de viajes vendieron paquetes de la gira del Papa con boleto de avión, hotel y hasta boleto a la basílica incluido? Pues porque tienen conexiones con los poderosos”, explica Rodríguez Cortés.

Otros se aventuraron más allá. “Mire, a me dijo un familiar que trabaja en el Hospital de los Niños, que va a visitar el Papa hoy, que cambiaron a los enfermos y al personal médico, para poder presentarle una buena cara al Papa, ¿usted cree?

“¿A ver, a qué viene el Papa?, pregunta Palacios. Las respuestas no se hacen esperar. “Viene a apoyar al Presidente, la verdad es que las cosas están mal en el país, y nomas porque somos un pueblo católico y tenemos fe, no pasa una tragedia en este país”, dice uno de los trabajadores que no quiere decir su nombre. “Ojala viniera y nos ayudara a resolver nuestros problemas”.

García asegura que viene de una familia muy católica y que él mismo lo es. “Estamos cerca del final de los tiempos, ya lo dice la Biblia, cuando haya dos Papas y uno de ellos busque hacer una misma religión en todo el mundo, entonces esa será la señal”, asegura. “Pero hay muchas cosas de este Papa que no me gustan, como sus comentarios del matrimonio entre personas del mismo sexo, en la Biblia dice claramente que eso es pecado, y Francisco lo está aceptando, eso me molesta”.

Los primeros rayos del sol nos sorprenden con esos comentarios y el café ya se terminó. Me retiro de la Calzada de Guadalupe y veo a la gente empezando a llegar, será sin duda una gran fiesta Guadalupana.


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