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Polución y diabetes por la adicción de Tailandia al azúcar

Un niño se bebe un refresco en Bangkok (Tailandia). EFE

Un niño se bebe un refresco en Bangkok (Tailandia). EFE

EFE

Tailandia afronta una crisis de diabetes entre los niños por el abuso del azúcar, según fuentes médicas, mientras la quema de los cañaverales ahoga al país, el segundo mayor exportador del mundo de este aditivo.

“Es una práctica habitual. La quema del pasto facilita la recogida y nos permite ahorrar”, afirma a Efe Chalern, un agricultor de la nororiental provincia de Ubon Rachathani cerca de su parcela carbonizada tras la cosecha.

Aunque a largo plazo es perjudicial para la tierra, la quema agrícola es una práctica extendida entre los campos de cultivo de la fértil Tailandia, donde todos los años entre diciembre y febrero -coincidiendo con la época seca- los niveles de contaminación se disparan.

En los cañaverales, la primera quema se realiza para purgar el terreno de rastrojos y hojas secas y facilitar el acceso a las cuadrillas de cortadores, mientras la segunda quema tiene como objetivo limpiar el campo de desechos tras la recolección.

Un estudio liderado por la Universidad tailandesa de Kasetsart publicado a finales de 2014 incide que esta práctica prevalece en las regiones rurales del centro, norte y noreste, donde la polución es consecuencia de la quema agrícola y las secas condiciones de climatologías.

Mientras que en grandes ciudades o zonas industriales se suman otros factores, como el tráfico y la construcción.

Ahora cuando Bangkok, ahogada por la congestión de vehículos y el desaforado ritmo de edificación, se toma un respiro tras semanas atenazada por la contaminación; la norteña ciudad de Chiang Mai o la nororiental Khon Kaen continúan con niveles insalubres según el índice de calidad del aire (ICA).

Chiang Mai, la segunda ciudad por población del país, llegó a colocarse el pasado jueves como la tercera urbe del mundo con peor calidad de aire, solo superadapor Nueva Delhi y Lahore, según los datos del portal chino Air Quality Index.

Tailandia exportó el año pasado 7,8 millones de toneladas métricas de azúcar, según los datos del Ministerio de Industria, y se asienta desde hace años como el segundo mayor exportador del mundo de este producto, solo superada por Brasil.

Además es el cuarto productor mundial de caña de azúcar, utilizada principalmente para la producción de biocombustibles.

Tal es la importancia del sector azucarero en el país que dos equipos de fútbol de la Primera División tailandesa pertenecen a dos de las mayores empresas productoras de azúcar, y cuando se enfrentan el partido es conocido como “el derbi del azúcar”.

El Gobierno aprobó a finales de 2017 la imposición de una tasa impositiva de hasta el 30 por ciento a las bebidas azucaradas, pero un moratoria retrasó su aplicación hasta octubre de este año.

“Los casos de diabetes entre los menores se han multiplicado en los últimos años, unidos al incremento de los afectados por obesidad”, declara a Efe la doctora Wannee Nitiyanant, presidenta de la Asociación para Diabetes de Tailandia.

La enfermedad, que según la experta está más extendida entre los menores y los más ancianos, afecta a más de 4,8 millones de tailandeses o cerca del 7 por ciento de la población total del país.

“Cada año detectamos más de 200.000 casos nuevos de diabetes”, asegura la doctora, que califica al azúcar como “un dulce veneno”.

Un estudio del Ministerio de Sanidad apuntó en 2015 que cada tailandés consume al día 26 cucharadas de azúcar o 104 gramos, frente a las 6 cucharadas o 26 gramos al día recomendadas como máximo por la Organización Mundial de la Salud.

En cada plato de la rica cocina tailandesa, a los ingredientes se añade una o varias cucharadas soperas de azúcar refinada junto a otras salsa que también cuentan con este aditivo, lo unido al mayor consumo de aperitivos rápidos y un ritmo de vida más sedentario empeoran la salud de los tailandeses.

Además, en muchos colegios se han instalado máquinas expendedoras con “productos poco nutritivos y bebidas carbonatadas” que son consumidas por los escolares y que ayudan a “agravar el riesgo de sufrir diabetes” u otras enfermedades relacionadas, según la experta.

“Hace unos años lanzamos una fuerte campaña para combatir el consumo de azúcar en las escuelas y promover un estilo de vida más sano. Entonces fue un gran éxito, pero al paso del tiempo hemos observado que los centros han regresado a los malos hábitos”, declara Wannee.

La facultativa acoge con optimismo la aplicación de impuestos al azúcar, pero subraya que son necesarias más medidas para combatir las enfermedades derivadas del abuso de este producto.

Noel Caballero


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