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En Acapulco, el sueño de casarse se vuelve realidad para 250 parejas

En un ambiente de alegría y esperanza, más de 250 parejas contrajeron matrimonio anoche en el puerto de Acapulco, ubicado en el sureño estado mexicano de Guerrero, con el objetivo formalizar su unión ante la sociedad pese a las dificultades a las que se hayan enfrentado durante los años. EFE/Archivo

En un ambiente de alegría y esperanza, más de 250 parejas contrajeron matrimonio anoche en el puerto de Acapulco, ubicado en el sureño estado mexicano de Guerrero, con el objetivo formalizar su unión ante la sociedad pese a las dificultades a las que se hayan enfrentado durante los años. EFE/Archivo

EFE

En un ambiente de alegría y esperanza, más de 250 parejas contrajeron matrimonio anoche en el puerto de Acapulco, ubicado en el sureño estado mexicano de Guerrero, con el objetivo formalizar su unión ante la sociedad pese a las dificultades a las que se hayan enfrentado durante los años.

En esta celebración colectiva, el poder tener una boda se hizo realidad para las parejas que no habían podido casarse por la falta de recursos. Se podía apreciar en las caras de algunos contrayentes la frescura de sus rostros por los pocos años que podían tener, o la sabiduría reflejada en cada una de las arrugas de los de mayor edad.

“Hoy, como tantas veces, seremos testigos de la unión más hermosa que puede existir entre dos personas que se aman: el matrimonio”, dijo la juez que hizo válido cada uno de los matrimonios.

Cada pareja tenía motivos diferentes para casarse, desde traer un hijo al mundo, necesitar una acta de matrimonio para algún trámite o formalizar los años juntos como pareja.

Fue el caso de José y Marlenne Tapia, que a sus 19 años y con una niña de 2, dieron el “Sí" sin importar la incertidumbre respecto al futuro. “Sale muy cara una boda, así que dijimos ‘Hay que casarnos aquí', y estamos muy felices”, comentó Marlenne a Efe.

El caso de Blanca Romero y Armando Patiño fue uno de los más emotivos del evento, luego de que ellos se casaran después de 30 años de vivir en unión libre. “No nos habíamos casado porque siempre lo dejábamos para después”, dijo Blanca.

“No es nada diferente; somos los mismos pero quisimos vivir el momento, y nos sentimos igual. Estamos muy contentos”, enfatizó mientras modelaba su vestido de novia que ganó en un sorteo realizado por el Ayuntamiento de Acapulco.

“Las bodas colectivas son una manera de decirle a la sociedad acapulqueña de que hay que ser conscientes y sobre todo de siempre tener la parte del amor que une a las familias”, declaró la secretaria de Desarrollo Social de Acapulco, Mily Janet Ramírez, aludiendo a que el número de divorcios crece día con día dentro del estado de Guerrero, dejando “hogares disfuncionales”.

Alejandro y Sofía aseguran que lo único importante en el matrimonio es el amor, ya que ni el papel o la vestimenta de la boda hacen un matrimonio diferente.

“Es una suerte tenerla a ella como esposa”, afirmó Alejandro, mientras miraba a Sofía. “Ella me propuso matrimonio a mí; nos enteramos hace tres días y ‘pegó el chicle’ (funcionó). Ya estamos casados”.

A pesar de haber sido una boda masiva, el brindis, el pastel, los anillos, el primer vals de los novios y hasta un grupo musical estuvieron presentes.

Dentro de las parejas que unieron sus vidas se encontraba una extranjera de República Dominicana contrayendo nupcias con un acapulqueño, además de doce parejas de pueblos indígenas de la región de la montaña del estado de Guerrero.


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