Antigua, la ciudad entre volcanes que albergará la XXVI Cumbre Iberoamericana

EFE

A la sombra de tres volcanes y entre las montañas y los cerros del oeste de Guatemala se esconde Antigua, una ciudad colonial Patrimonio Cultural de la Humanidad que acogerá la XXVI Cumbre Iberoamericana.

Apacible y colorida, Antigua conjuga arquitectura colonial y cultura maya, dos elementos que la convierten en una joya ideal para descubrir con calma, una ciudad con encanto difícil de olvidar porque la imagen queda atrapada allí donde la memoria la puede rescatar una y otra vez.

La antigua capital de Guatemala fue el primer asentamiento europeo en tierras guatemaltecas, y el resultado de la mezcla entre los recién llegados y los indígenas dio como resultado un arte propio y singular: el colonial guatemalteco. Con sus iglesias, sus mercados, sus calles y sus colores, evoca la realidad de otro tiempo.

Sus calles empedradas y su historia, marcada en cada uno de sus edificios, se han preservado a pesar del paso del tiempo y tres volcanes, el de Agua, Fuego y Acatenango, la rodean por uno de sus flancos.

La que fuera cabeza de la Capitanía General de Guatemala floreció hasta convertirse, a mediados del siglo XVIII, en la localidad más populosa de América Central, llegando a tener más de cien iglesias y conventos, y ahora es una referencia turística internacional.

La construcción de este enclave estuvo marcada por un barroco español pero reinventado. Las casas recuerdan con frecuencia a la estructura de los patios andaluces, con los enrejados de las ventanas, las buganvillas y los chorros de las fuentes precipitándose en el silencio.

Pero las características distintivas de este estilo incluyen, además, el uso de estuco decorativo para la ornamentación interior y exterior, las fachadas principales con un nicho en la ventana central y, a menudo, un tímpano profundamente tallado, edificios masivos y campanarios bajos diseñados para resistir los frecuentes terremotos.

La ciudad, construida con arreglo a un trazado en damero inspirado en los principios del Renacimiento italiano con un patrón de líneas rectas, presidió el gobierno del período colonial desde Chiapas hasta Costa Rica y mantuvo el gobierno arquidiócesano.

Durante más de 200 años, fue la capital política, cultural y religiosa de Centroamérica, sede de la primera imprenta del istmo y de la tercera universidad de América.

Pero después de los terremotos de Santa Marta de 1773, la ciudad quedó destruida, y aunque fue reedificada y convertida más tarde en capital del departamento de Sacatepéquez, los guatemaltecos decidieron levantar su nueva capital: lo que hoy en día es Ciudad de Guatemala.

La Antigua, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, ha afrontado casi una veintena de devastadores terremotos, además de inundaciones e incendios, y pese a todos estos desastres naturales se mantiene en pie, luciendo con orgullo y garbo las grietas de sus edificios. Símbolo de su historia.

Y es que en esta ciudad el tiempo se detuvo y quedó atrapado en las gruesas paredes de sus templos, sus monasterios y sus casas coloniales. Por sus calles empedradas se respira el esplendor del encanto entre el hoy y el ayer, con sus artesanías, textiles, telas y piedras, como el jade.

Y será en uno de sus emblemáticos hoteles, en el Casa Santo Domingo, donde el próximo 16 de noviembre se celebre la XXVI Cumbre Iberoamericana para trazar el camino hacia un futuro sostenible.

Este espacio, que en el siglo XVII fue uno de los conventos más grandes de América hasta que en 1773 el terremoto de Santa Marta lo destruyó casi en su totalidad, se engalanará para recibir a los jefes de Estado y de Gobierno de la región.

Así es como Antigua recibirá a los gobernantes y representantes de 22 países que analizarán el futuro de los más de 600 millones de habitantes de la comunidad iberoamericana con la mira fija en un desarrollo inclusivo y sostenible, el tema central de esta cita.

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