Las gobernaciones en juego, la otra gran batalla de las elecciones

EFE

Las elecciones de mitad de mandato que del próximo martes no solo arrojarán una nueva composición para el Congreso, también decidirán las gobernaciones de 36 de los 50 estados, ahora en su mayoría del lado republicano.

Tras las elecciones de 2008, el Partido Demócrata alcanzó el control de 32 gobernaciones, pero tras la gran victoria republicana de 2010 se invirtió el equilibrio de poder y los conservadores tomaron el control de esa misma cifra, un cambio drástico que se ha mantenido durante el resto de la década.

Es por eso que los demócratas ven en estas elecciones una oportunidad única para equilibrar la balanza, y según las encuestas tienen serias posibilidades de arrebatar entre seis y nueve gobernaciones a los republicanos, lo que casi repartiría por igual el poder ejecutivo sobre los 50 estados.

El Partido Demócrata ve el Medio Oeste del país como un terreno particularmente fértil para hacerse con las gobernaciones de este ciclo electoral, especialmente en los estados de Michigan, Wisconsin, Iowa y sobre todo Illinois, mientras que Florida y Georgia podrían alzarse como sorprendentes victorias clave.

Larry Sabato, director del Centro de Política de la Universidad de Virginia y experto electoral, aseguró recientemente en declaraciones a la cadena ABC que estas elecciones son "absolutamente fundamentales para recuperar la fuerza demócrata en las gobernaciones".

Aunque esas batallas, junto a los asientos estatales y locales, pasan más desapercibidas que las vinculadas a cargos federales en la Cámara de Representantes y el Senado, el papel de los gobernadores es fundamental por varias cuestiones clave en la forma de distribución del poder en la nación.

"La redistribución de distritos (electorales) será en 2021-22, y la mayoría de las personas elegidas este año estarán en el cargo en ese momento. Los demócratas se despistaron en 2011-2012 al volver a dibujar las líneas, y no pueden darse el lujo de dejar que eso vuelva a suceder", afirmó el experto.

Se trata de la práctica conocida como "gerrymandering", mediante la cual el mapa de los distritos congresionales de cada estado tiene que volverse a trazar cada diez años en base al censo de población; una prerrogativa que en ocasiones tienen las autoridades del estado, aunque en otras se delega a comisiones independientes.

Así, muchos de los gobernadores, como máximo poder ejecutivo de cada estado, podrán intervenir en ese proceso de redistribución territorial que según se planee puede beneficiar a un partido u otro dependiendo de la demografía.

En resumen, ganar las gobernaciones puede ser un paso previo a modificar los distritos, a favor del partido propio, con el objetivo a largo plazo de poder controlar con mayor facilidad la Cámara de Representantes.

"Los gobernadores desempeñan un papel importante en el control del proceso de redistribución de distritos de sus estados y los republicanos han tenido éxito en la gestión de la distribución injusta del Congreso", apuntó en declaraciones a Efe el portavoz del Comité Nacional Demócrata (DNC) Enrique Gutiérrez.

Es por eso que el partido está poniendo especial interés en nuevas victorias a nivel estatal, con el objetivo de "combatir la agenda extrema de esta Administración" y "cambiar los asientos de los gobernadores del rojo al azul en todo el país", agregó el portavoz.

Por otra parte, como recuerda Gutiérrez, los gobernadores también toman decisiones clave para la implementación de ciertas cuestiones fundamentales para los ciudadanos, como el acceso a la sanidad o las políticas de educación pública.

El expresidente Barack Obama vio durante años cómo los gobernadores republicanos interponían demandas en bloque contra algunas de sus políticas por ser contrarios a su implementación, y en caso de que ahora los demócratas recuperen terreno como apuntan las encuestas, el presidente Donald Trump podría sufrir lo mismo.

Por otra parte, y según los cálculos de The New York Times, los demócratas tienen más probabilidades de vencer en la mayoría de los estados más populosos, a excepción de Texas, por lo que tras las elecciones unos 196 millones de personas estarían gobernadas bajo los demócratas, frente a unos 133 millones bajo los republicanos.

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