El lujoso arte decorativo de Luigi Valadier llega al Frick de Nueva York

EFE

Durante más de dos décadas del siglo XVIII, papas, aristócratas y miembros de familias reales visitaban frecuentemente el taller donde Luigi Valadier, una de las figuras más prominentes del arte decorativo, creaba impactantes piezas con oro, plata, piedras preciosas, madera o cristal.

Ahora, el museo Frick de Nueva York le ha querido rendir homenaje con una exhibición que abre hoy sus puertas en la que se ha logrado reunir más de medio centenar de las obras del artista, cuya fama llegó entonces hasta Francia, Inglaterra, España, Portugal o Rusia.

"Valadier era enorme en la Roma del siglo XVIII. Todos los grandes aristócratas de la ciudad acudían a él, pero también gobernantes extranjeros. Hizo cosas para Rusia, la ciudad de México y, en realidad, por todo el mundo", explicó a Efe uno de los comisarios de la muestra, Xavier Salomon.

Los expertos del Frick han estado trabajando en la exposición cerca de cinco años, contactando tanto coleccionistas privados como instituciones públicas que han cedido temporalmente sus preciadas obras con el objetivo de recordar el destacado papel que jugó Valadier en el mundo de las artes.

Romano pero de padres franceses, Valadier era uno de los artistas más solicitados al trabajar con un amplio abanico de materiales y ser considerado un experto orfebre, platero, diseñador y dibujante, lo que le llevaba a crear elegantes y extravagantes elementos decorativos.

"Es importante pensar que lo que llamamos artes decorativas eran enormemente importantes en ese momento, igual de importantes que una pintura o una escultura destacada", añadió Salomon.

Entre las piezas más prominentes que se pueden ver en el Frick destaca un gran centro de mesa, uno de los artículos por excelencia del artista y que se decoraban con templos romanos en miniatura, obeliscos y arcos de triunfo.

Venido de Madrid, este "deser", nombre con el que eran conocidos los centros de mesa en Roma, fue adquirido por el embajador de Malta Jacques-Laure Le Tonnelier de Breteulier en 1778 y pasó después a manos de la emperatriz rusa Catalina la Grande y del príncipe que luego se convertiría en Carlos IV de España.

Este ejemplar, de más de dos metros de largo, es el más completo de los "deser", y está compuesto por varios templos en miniatura confeccionados en lapislázuli, amatista, pórfido y granates.

La excepcional pieza normalmente se conserva dividida en dos en Madrid, con una mitad en el Palacio Real y otra en el Museo Arqueológico, con lo que esta es una de las pocas ocasiones en las que puede verse completa.

En total, el Frick ha conseguido reunir 65 obras de Valadier de 29 instituciones y propietarios privados que han viajado desde Italia, Francia, el Reino Unido y España.

Bustos hechos en bronce y mármol, relieves y figuras religiosas en plata, oro y lapislázuli, así como jarras, bandejas, candelabros, copas, cubertería y relojes habituales en los hogares más acaudalados, forman la exhibición, que podrá verse hasta el próximo 20 de febrero.

"Estamos hablando de obras que costarían cientos de miles de dólares si no millones hoy en día, precios muy altos. (...) Eran objetos increíblemente lujosos", subrayó el comisario de la muestra.

El carácter extravagante de sus creaciones fue precisamente lo que acabó con la vida de Valadier, que se suicidó a los 59 años superado por la deuda que acumuló por el impago de algunos de sus clientes.

"Era el artista con más éxito de Roma, pero tuvo muchísima deuda porque produjo estos grandes objetos en materiales preciados como oro, plata o piedras preciosas, y tuvo que adelantar el dinero", explica Salomon.

"Muchos de los clientes le pagaban tarde, si es que llegaban a pagarle, así que lo triste es que en 1785 se suicidó saltando al (río) Tíber", explica el experto, al subrayar que hay que darle al arte decorativo la misma importancia que a cualquier otro arte.

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