Biólogos en Dakota del Sur trabajan en una cura contra cáncer "customizada"

EFE

Un equipo científico de Dakota del Sur, liderado por la española Pilar de la Puente, de 33 años, trabaja en un innovador modelo de investigación para ofrecer una cura personalizada para cada cáncer.

De la Puente encabeza un grupo en el Centro de Investigaciones Sanford (Dakota del Sur) que reproduce en un modelo en tres dimensiones no solo las células cancerígenas, sino el "ambiente celular" que hay en su entorno.

Este modelo se basa en una investigación previa de esta española, en el Centro de Tejidos de León (España), de donde es originaria, y en la Universidad de Washington en San Luis (Misuri), sobre modelos de regeneración celular con el objetivo de combatir enfermedades hematológicas.

"Fuimos capaces de demostrar con las enfermedades hematológicas que se pueden hacer crecer las células del paciente fuera del paciente", añade esta científica, quien subraya que conseguir que las células crezcan fuera y sigan vivas da posibilidades infinitas de investigación.

Pero la clave está un paso más allá, cuando De la Puente pudo recrear las células cancerígenas y también las accesorias que están a su alrededor, y ver cómo interaccionaban, abriendo así la oportunidad de tratar los cánceres de forma personalizada.

Al otro lado del teléfono, la bióloga explica con la voz llena de entusiasmo que la importancia de su investigación radica en la certeza, ya comprobada, de que el entorno celular del cáncer es el origen de su resistencia a los tratamientos y del incremento de su agresividad.

Desde Sanford, y a la espera de su segunda hija, De la Puente ha comenzado a investigar cómo reproducir y recrear estas células en el caso de los cánceres de mama, aunque su idea es empezar a aplicar el modelo a otros tipos de cáncer en un futuro próximo.

"Aunque es más complicado con tumores sólidos. (...) Estoy convencida de que se puede adaptar a todos los cánceres", afirma.

Ambiciosa en sus objetivos, sus investigaciones van desde la comprensión más concreta de la evolución de las células ambientales del cáncer, hasta lograr que cada enfermo pueda solicitar de forma individual un estudio de sus células para que su tratamiento sea más exitoso y evitar su reproducción.

"El problema está en que tú cuando pruebas en un laboratorio normal cualquier fármaco, solo se pone a prueba contra las células del cáncer, pero cuando lo pones en un paciente, esas otras células no cancerígenas también están reaccionando y se resisten o lo hacen más agresivo", insiste.

"Con una muestra de sangre y una muestra del tumor hago ingeniería de tejidos para que las células crezcan -apunta-. Y sobre ese modelo, puedo probar en el laboratorio cómo reacciona esa reproducción celular a todos los fármacos posibles en menos de una semana".

La investigadora asegura que hasta el momento ha conseguido demostrar con muchísima precisión cuándo un fármaco va a ser realmente exitoso para atacar el mieloma o cuándo va a ser completamente fallido, y su meta es poder ampliar esa capacidad de predicción a la zona gris de tratamientos con un éxito intermedio.

"En un año ya tendremos como unos 70 pacientes para poder demostrar que el modelo es válido en el cáncer de mama. Y en el resto de cánceres, que creo que es completamente válido, puede que nos lleve un par de años más", augura.

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