Los defensores de los DDHH revisan su estrategia para evitar nuevos ataques

EFE

Dos décadas después de que la Asamblea General de la ONU aprobara su Declaración sobre los Defensores de los Derechos Humanos, más de 150 activistas de todo el mundo evaluaron hoy un cambio de estrategia para frenar los ataques que proliferan en su contra.

Desde su adopción en diciembre de 1998, 3.500 activistas han sido asesinados. De ellos, 312 solo en 2017, 31 más que en 2016, según Front Line Defenders, una de las ocho ONG organizadoras de la cumbre parisina, que recoge el testigo de la celebrada también en la capital francesa hace 20 años.

El foro parte de la base de que, aunque en este tiempo se han establecido mecanismos de protección en algunas de las principales instancias internacionales, como la Unión Europea o la ONU, también ha evolucionado la manera de menoscabar la lucha de ese colectivo.

"Países que parecían un oasis de paz han sido seducidos por retóricas nacionalistas, populistas, xenófobas. Incluso en Europa, nos sorprende volver a escuchar discursos que pensábamos olvidados", destacó en la inauguración el relator especial de la ONU sobre la situación de los defensores de los derechos humanos, Michel Forst.

Los participantes constataron que en este nuevo contexto de autoritarismo, racismo o desigualdad de género no es una sorpresa que muchos defensores sean atacados, estigmatizados o discriminados por los mismos Estados que deberían protegerlos.

Su plan de acción, que se validará el miércoles, contempla pedir a los países que se comprometan a cumplir los compromisos internacionales en materia de derechos humanos, sin darles la espalda "por cobardía o intereses a corto plazo".

Ese borrador reclama igualmente la implicación del sector privado con una política de tolerancia cero a cualquier tipo de intimidación o violencia contra activistas contrarios a sus proyectos empresariales.

El aumento de los fondos para defender los derechos humanos, la revisión de toda ley que obstaculice las actividades legítimas de ese colectivo o la adopción de normativas que garanticen que los avances tecnológicos no son utilizados para silenciarles son otras medidas deseadas.

"No hay tiempo que perder", alertó la expresidenta chilena Michelle Bachelet, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Cada ataque a un defensor es un ataque a los derechos humanos en sí, lamentó la exmandataria, que criticó que el multilateralismo esté en peligro y los derechos humanos afronten actualmente una recesión.

El foro sucede al organizado por primera vez en 1998, del que salió la llamada "Declaración de París", que ya subrayaba que aunque los Estados deben garantizar los derechos humanos, muchos excusan su violaciones "en nombre de la especificidad cultural, religiosa, histórica o de la seguridad nacional".

Su clausura tendrá lugar en el emblemático Palacio de Chaillot, donde la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948, que estableció por primera vez que deben protegerse y promoverse.

"Generó muchas expectativas, (...) pero podemos decir que hay una gran distancia entre lo normado y lo que se vive", destacó la nicaragüense Vilma Núñez de Escorcia, presidenta y fundadora del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH).

Entre los participantes estuvo igualmente Matthew Caruana Galizia, hijo de Daphne Caruana Galizia, periodista de investigación maltesa asesinada hace un año, que denunció que la corrupción y la impunidad son las culpables de los actuales ataques a la libertad de expresión.

Y en su primera jornada dejó también lugar para el optimismo: "Somos muchos más que antes, lo que significa que somos más poderosos. Estamos más preparados para el debate democrático, aunque el Gobierno intente sabotearlo", dijo el abogado Kirill Koroteev, director jurídico de la organización "Memorial" por los derechos civiles en Rusia.

Por Marta Garde

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