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Interés ciudadano y lagunas logísticas en votación sobre aeropuerto mexicano

Ciudadanos mexicanos votan hoy, jueves 25 de octubre de 2018, en urnas instaladas en diferentes puntos de Ciudad de México (México). EFE

Ciudadanos mexicanos votan hoy, jueves 25 de octubre de 2018, en urnas instaladas en diferentes puntos de Ciudad de México (México). EFE

EFE

”?Puedo votar sin mi credencial?”, "?qué pasa aquí? ?regalan algo?”. El interés ciudadano y un cierto desconcierto acentuado por lagunas logísticas se pudieron percibir en la consulta organizada por el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, sobre el futuro del aeropuerto capitalino.

Una larga fila desciende desde la mesa de votación instalada en la Glorieta de Insurgentes, en Ciudad de México. Una urna de cartón recibe las papeletas con que los participantes responden a la siguiente pregunta: “Dada la saturación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ?cuál opción piensa que sea la mejor para el país?”.

Héctor Ortiz y Emma González esperan pacientemente que llegue su turno. Tienen claro que votarán por frenar las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) y continuar con el actual, cuyas tareas se reforzarían con el de Toluca y con la base de Santa Lucía, ahora de uso militar.

La otra opción es que continúen las obras del NAIM, iniciadas por el actual Gobierno de Enrique Peña Nieto y con un avance que ronda el 30 %.

“No queremos el nuevo aeropuerto por varias razones; la principal es el ecocidio, el daño ambiental que están haciendo a la ciudad y a una zona, que prácticamente es un santuario de aves”, razona Héctor.

Desde que López Obrador anunció que el futuro del NAIM se decidiría mediante una consulta vinculante, proliferaron las dudas respecto a la logística de la cita. Preguntas que, en esta jornada, todavía siguen sin despejarse por completo.

En la mesa de votación, Óscar Suastes atiende a los ciudadanos junto con su compañero, quien comprueba los datos de una credencial ayudándose con la linterna de un celular, debido a la falta de luz en este sitio de votación ubicado en un túnel.

Comenta a Efe que ellos mismos harán el recuento cuando se acaben las papeletas de hoy, pero que todavía no saben qué harán con la urna al finalizar la jornada: “Tengo que llamar para ver qué me dicen”, reconoce.

El futuro Ejecutivo ha dispuesto 1.073 mesas en 538 municipios del país. En la de Óscar hay disponibles 2.400 papeletas, que han repartido a lo largo de los cuatro días que durará la consulta, es decir, 600 cada día.

En las mesas únicamente están presentes dos voluntarios que encauzan todo el proceso de votación, sin la presencia de ningún observador ni suplente.

El votante llega a la mesa y recibe su papeleta, solo después de que uno de los voluntarios haya apuntado su número de identificación en una aplicación móvil que, supuestamente, avisa en caso de que esa persona ya haya votado.

Pocos se detienen a pensar su decisión y en leer las ventajas y desventajas de cada una de las opciones, impresas en el reverso de la papeleta. La opción favorita se marca con un lápiz, en la misma mesa, y a continuación se deposita en la urna.

A los ciudadanos, además, se les pide que marquen su pulgar derecho con tinta, aunque antes de votar no se comprueba si ya llevan el dedo manchado.

En otra mesa situada en el Paseo de la Reforma, Benigno Reyes espera su turno y, cuando recibe la papeleta, hace una marca en la opción del NAIM.

La consulta, afirma a Efe, “no tiene gran validez”, porque no está respaldada por organismos electorales oficiales, pero para él es “importante” que se sepa “la opinión de la ciudadanía”.

En su caso, aunque no es usuario regular del aeropuerto, defiende que el NAIM es la opción más viable porque dará a la capital “instalaciones del primer mundo”.

“Sé lo importante que es tener infraestructura para el movimiento de viajeros y de carga, que es importante también”, argumenta.

Pese a que la consulta ha acaparado todos los reflectores mediáticos, había algunos ciudadanos que no sabían que se iba a realizar. Curiosos, se acercaban a las mesas de votación para preguntar el funcionamiento, mientras que otros querían saber los requisitos para emitir su voto.

No todos se han inclinado por participar en la consulta. Uno de ellos, Héctor Lozada, se niega a formarse porque considera, entre otros aspectos, que los gobiernos deberían tomar ciertas decisiones y no dejarlas en manos de los ciudadanos.

Además, este abogado argumenta que la pregunta está mal formulada y que es imposible que la gente esté bien informada, porque no ha habido un estudio en profundidad del proyecto de Santa Lucía.

“Las circunstancias de inicio son deficientes; el resultado va a ser deficiente”, sentencia.


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