Servilio de Oliveira: "Yo vi nacer a George Foreman"

EFE

Aunque en el ring parecía una pequeña pantera de movimientos veloces, a los 70 años Servilio de Oliveira, primer medallista olímpico del boxeo brasileño, es un sentimental, un obsesionado con los recuerdos de sus años mozos.

"Recuerdo todo de los Juegos Olímpicos de México 1968, la felicidad de la medalla, los combates y los entrenamientos. En uno de ellos yo vi nacer a George Foreman. Era un tremendo negro, pero callado y uno no imaginaba que iba a ser campeón de peso pesado de los profesionales", dijo Oliveira a Efe.

Oliveira está en México como parte de la celebración del medio siglo de los Juegos Olímpicos de 1968.

Dijo tener guardados todos los periódicos de la época y frescos en la memoria los acontecimientos deportivos de aquella justa.

"Era un muchacho tranquilo, de físico imponente. Nos entrenábamos cerca de él y ahora lo puedo ver cuando hacía sparring con el púgil de su país en la división medio pesada y su rival parecía con mejores condiciones que George", recordó

Cuando no tenía que pelear, Oliveira iba a ver los combates olímpicos y no se perdió ninguno de Foreman. El día de la final en la que el estadounidense derrotó al soviético Ionas Tschpulis, el brasileño se hizo una foto con él, ambos con la medalla colgada.

"Fue una foto hermosa, pero nunca me la entregaron y me quedé sin el recuerdo. Aquel día Foreman celebró el oro con mesura", dijo.

Encima del cuadrilátero, Oliveira era como un pequeño tren siempre con marcha hacia adelante, tenía buena pegada y rapidez, con lo cual conquistó la medalla de oro.

Su única derrota fue con el mexicano Ricardo Delgado en una pelea atractiva que 50 años después los dos reconocen como equilibrada.

"Para un boxeador salir con los brazos en alto ante un anfitrión debe vencer con ventaja clara y yo no la tuve porque el pleito fue equilibrado. Delgado fue un gran campeón. Después de eso quedamos como amigos", manifestó.

Luego de ganar su presea olímpica, Servilio fue un buen boxeador profesional. Ganó 20 peleas consecutivas hasta sufrir un desprendimiento de retina que lo obligó a colgar los guantes.

"Tengo el orgullo de decir de que jamás perdí por nocaut. Solo el problema de la vista me sacó del juego", resumió.

Hace unas horas Oliveira se encontró con su rival mexicano de hace 50 años. Posaron en posición de ataque para los fotógrafos pero cuando ellos apagaron sus cámaras se fundieron en un abrazo.

"Nuestras diferencias fueron con los guantes puestos. Ahora somos amigos", dijo y ratificó su veta de sentimental con un beso en la cabeza llena de cabellos blancos de su antiguo rival.

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