Luis María Garriga: "El salto de Fosbury rompió todos los esquemas"

EFE

"Fue un impacto emocional, rompió todos los esquemas", así relata cómo vivió Luis María Garriga, el primer español que fue capaz de volar por encima de los 2,00 metros, el salto que protagonizó el estadounidense Dick Fosbury hace 50 años en los Juegos Olímpicos de México 68, que le sirvió para ganar la medalla de oro pero también para cambiar la historia de esta prueba.

Hace 50 años las novedades en todos los ámbitos circulaban a una velocidad infinitamente menor a la actual y por eso Fosbury sorprendió "a todo el mundo, aunque ya había rumorología sobre un atleta que practicaba un nuevo estilo" y fue en la cita olímpica donde se dio a conocer definitivamente.

"La primera vez que vi el nuevo salto fue en una moviola en la Federación Española y me pareció una extravagancia. Además obligó a un modificación técnica que creó controversia, pero también supimos que se había aprobado", explica el atleta aragonés en declaraciones a EFE.

La única duda que le sigue quedando a Garriga, que compitió en la fase clasificatoria el 20 de octubre y fue finalista al día siguiente con un mejor salto en la final de 2,12 frente a los 2,24 de Fosbury, es qué habría sucedido y si habrían homologado el nuevo estilo en el caso de no haber sido estadounidense el atleta que lo hubiese ideado. "No lo sé", zanja.

El calibre global de la innovación de Fosbury lo explica con un ejemplo cuando ya retirado trabajaba para la marca deportiva Adidas.

"El publicista Lluis Bassat lo ponía como ejemplo en las reuniones de grupo para explicar el éxito de una compañía frente a la competencia. Imaginar, decía, que una empresa saca un producto a la calle y que es capaz de acabar con la competencia, eso es lo que hizo Fosbury", recuerda.

"Además su nuevo estilo nos obligó a todos, atletas y entrenadores, a tener que aprender la lección y la nueva técnica".

Luis María Emilio Miguel Garriga Ortiz (Borja, 14 de junio de 1945), séptimo Conde de Torreflorida, se define como un competidor nato cuyo objetivo era ganar y al que las marcas le "daban igual", aunque el récord de España fue suyo durante una década y lo fue batiendo y elevando hasta en trece ocasiones, para llevarlo desde los 1,98 metros que saltó en 1963 en La Salle Bonanova en Madrid hasta los 2,14 que superó en Viena en pista cubierta en 1970. Al aire libre lo dejó en un centímetro menos.

"En competición admito la derrota y te felicitaré aunque me duela y la procesión vaya por dentro, pero con la trampa no puedo. Con el dopaje soy intolerante y creo que la sanción debería ser de por vida", asegura sin ningún tipo de duda.

Lo que también tiene muy claro es el momento en el que descubrió el salto de altura: "Era julio de 1960. Fui con mi padre al bar 'Mi Casa' de Borja donde estaba la única televisión que había en el pueblo y estaban televisando pruebas de los Juegos Olímpicos de Roma y estaban con el salto de altura. Lo vi y sentí algo dentro. Llegué a casa y empecé a practicar".

En solo cuatro años pasó de haber visto por primera vez a un atleta saltando altura en unos Juegos Olímpicos a ser él uno de los protagonistas.

"En Borja no había ni campo de fútbol ni instalaciones y los críos jugábamos en las eras con cañas y piedras e íbamos al río", recuerda.

Garriga no tuvo un solo entrenador en su trayectoria deportiva, sino que trabajó con diferentes preparadores, desde Jesús Cuartero, que fue con el que dio sus primeros pasos; José Luis Barrachina, el sueco Carlsson y el checo Jaroslav Kovacs. De todos ellos conserva un gran recuerdo.

"Los primeros entrenamientos me los mandaba por correspondencia Cuartero desde Zaragoza con unos gráficos para preparar la técnica del salto", señala Garriga que recuerda a su primer entrenador como "un gran amigo" y al que años después sucedió como presidente de la Federación Aragonesa de Atletismo.

Todo esto, sin embargo, no hubiera sido posible sin el gran descubrimiento de Alexander Flemming, la penicilina. "Le debo la vida a Flemming. Tuve un hermano, que era el segundo, que murió con año y medio y a mí me curaron con penicilina".

Su primer gran hito deportivo fue volar por encima de los 2,00 metros, y lo hizo con tan solo dos años de entrenamiento, en un momento en el todos tuvieron que adaptar el trabajo hacia un reto que era nuevo. Sobre el salto de dos metros recuerda la postal que le mandó la multicampeona cántabra Ruth Beitia, la primera mujer española en no derribar el listón sobre esa misma altura. "Los dos metros nos hicieron únicos", puso.

Para el ser humano el salto de altura es lo más próximo a culminar su permanente sueño de volar sin utilizar ningún tipo de artilugio añadido, aunque Garriga ve en los 2,50 metros una barrera casi infranqueable, algo que ya predijo cuando todavía estaba en activo y que ahora vuelve a ratificar.

De hecho el récord mundial del cubano Javier Sotomayor con 2,45 metros, conseguido en Salamanca, ya ha cumplido el cuarto de siglo de vida sin que nadie en los últimos años haya sido capaz de acercarse a él.

"Solo la evolución genética podrá hacer que se supere esa altura y para ello deberá llegar un atleta de unos 2,10 metros que se mueva con gran facilidad para conseguirlo", dice.

"Para el que no sepa qué son 2,45 metros, la base de un larguero de una portería de fútbol debe estar reglamentariamente a una altura de 2,44 y Sotomayor saltó por encima de ella. A veces vemos a porteros que les cuesta llegar a tocarlo y él lo pasó por encima. Es simplemente impresionante", explica de manera muy gráfica.

José Luis Sorolla

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