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Haile Gebrselassie: El viaje del Emperador

El campeón olímpico etíope Haile Gebrselassie participa en un rueda de prensa para la presentación del maratón de la Ciudad de México (México). EFE

El campeón olímpico etíope Haile Gebrselassie participa en un rueda de prensa para la presentación del maratón de la Ciudad de México (México). EFE

EFE

Haile Gebrselassie se vio a sí mismo a los nueve años cuando corría descalzo camino de la escuela y en un impulso salido del corazón besó la cabeza del niño mexicano de su mismo nombre que viajó más de mil kilómetros para conocerlo.

Fue el momento más hermoso de la visita a México del corredor etíope, quien regresó este domingo a su país conmovido por la nobleza de sus admiradores, entre ellos el entrenador Miguel López, quien le puso a su segundo hijo el nombre del africano y viajó desde el municipio de Tepatitlán, Jalisco, para presentárselo a Haile.

“Por la mañana mi muchacho de 13 años corrió a 3:45 minutos por kilómetro en un entrenamiento abierto con “Gebre”, quien al llegar a la meta lo calificó de “good boy”. Después lo reconoció en la firma de autógrafos y cuando supo que el menor también corre y se llama Haile, pidió tomarse una foto con la familia”, explicó a Efe López.

La historia fue una de las varias de corte humano que protagonizó “El Emperador” en tres días en México, donde se tomó miles fotos con simpatizantes, firmó centenares autógrafos y se rindió ante quienes lo veneraron como feligreses a un santo.

Nada más equivocado. En su paso por el país el deportista retirado fue un hombre real, de finas maneras y con la boca abierta por su costumbre de sonreír a todas horas.

“La felicidad fue la clave de mi carrera, correr es mi alegría, un día sin correr es como un día sin comer”, dijo a Efe en uno de sus pocos encuentros con los medios, para los cuales tuvo poco tiempo porque se la pasó ocupado con los admiradores que ni en sus mejores sueños esperaron verlo un día fuera del televisor.

Haile se dejó querer en el viaje a México y solo rompió los protocolos cuando coincidió con niños, como ayer al conocer a Romina y Katy, las hijas pequeñas de Rosa Montalvo, una mujer que llegó a hacer 4:30 minutos en 1.500 metros planos y se declaró feliz por abrazar a su deportista modelo.

“Para la foto el cargó a una niña y yo a la otra y luego me dijo que quizás las chicas iban a ser corredoras”, contó Montalvo.

El viernes Gebrselassie fue la figura principal en la presentación del Maratón de la Ciudad de México que se correrá el 26 de agosto y al referirse a su pasión confesó en un discurso informal que antes corría para vivir y ahora lo hace para no morir.

En alguna plática pronosticó que en menos de 15 años el hombre bajará de dos horas en maratón, en otra con corredores recreativos insistió en la importancia de hacer una fiesta del acto de correr y cuando lo invitaron a hacer una firma de autógrafos, lo hizo con una condición: dar atención personalizada a quienes se le acercaran.

Fue así que habló sin prisas con la corredora no profesional Indira Romero después de firmarle un libro y a un señor vestido con la chamarra del maratón de Boston del 2013 lo interrogó sobre las emociones en aquella carrera, marcada por dos bombas que mataron a tres personas y por el asesinato de un policía tres días después.

“Vas a ser un campeón”, le pronosticó a Haile López, su tocayo corredor de nueve años, quien provocó que el campeón hiciera un viaje mental a la década de los años 80, cuando corría descalzo hasta la escuela y sin saber hizo un entrenamiento extremo, mucho antes de que en Etiopía lo bautizaran como “El Emperador”.


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