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Cifras y datos de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018

Fotografía de una medalla de oro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018. EFE

Fotografía de una medalla de oro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018. EFE

EFE

Quedar fuera del equipo femenino de sóftbol en Mayagüez 2010 fue la peor pesadilla para la puertorriqueña Karla Claudio, la capitana que ocho años después lideró a la novena que con el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla cortó 25 años de sequía.

Pasó de perderse esa fiesta deportiva en su país a convertirse en un ícono del sóftbol boricua gracias a que supo lidiar con la frustración y trabajó para escalar pacientemente hacia la gloria.

“Me dolió mucho que me dejaran fuera. Yo tenía 15 años y entendía que merecía estar ahí. Costó mucho poder procesarlo, pero me sirvió de motivación”, relató a Efe Claudio.

Para ella, ese momento de dolor se convirtió en una oportunidad. Acompañó al seleccionado desde la tribuna como una catarsis particular, para luego conducirse hacia una carrera con más satisfacciones que fracasos.

“Poder estar ahí como fanática y no como jugadora me hizo crecer muchísimo. Fue algo que cambió el ritmo de mi carrera”, dijo Claudio, que ha figurado en el top-10 de las mejores lanzadoras de la liga italiana.

A partir de ese momento, su ascenso ha sido vertiginoso: Consagración como jugadora profesional, regreso al seleccionado nacional, nombramiento como capitana y medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015.

Pero el mejor premio en esa reinvención vino con el oro en Barranquilla, donde también debió sortear junto a sus compañeras la adversidad, entre ellas dos derrotas frente a México, el rival al que derrotaron 4-2 en un juego vibrante que le permitió a Puerto Rico regresar al podio de unos centroamericanos con el sóftbol.

“No queríamos que fuese fácil, sino luchar por esa medalla. Eso la hizo más gratificante”, sostuvo la deportista, y agregó que el equipo que lidera es “bien especial” y subrayó que llevaba mucho tiempo esperando por esto.

Con este premio a la perseverancia, después de la ausencia de Puerto Rico en Veracruz por problemas económicos de la Federación, la lanzadora reafirmó que va por el camino indicado.

A su vida llegó el sóftbol por casualidad y cuando el voleibol parecía ser su opción, pese a ser hija de expelotero puertorriqueño Carlos Claudio, para quien va la medalla una vez regrese a casa.

La deportista contó que una tarde en el parque con su papá cambió su historia cuando empezaron a lanzarse la pelota. "Él se dio cuenta de que tenía talento”, aseguró la boricua, pues instantáneamente percibió su la naturalidad de sus movimientos.

“Sin haber practicado o coger un guante antes, lo hice bien. Decidí empezar a entrenar y me enamoré del juego”, señaló.

De este deporte, “que me corre en la sangre porque mi papá fue un gran pelotero”, aprendió también el liderazgo. Y lo usa en su rol como capitana para mantener unido al seleccionado puertorriqueño, pese a que varias nacieron en diferentes lugares y algunas no hablan español: “Mi trabajo es hacerlas sentir que nacieron en la isla y que disfruten nuestra cultura”.

Luego de vivir “un torneo intenso” en Barranquilla, Claudio partió junto al resto de campeonas hacia Japón, para disputar el Campeonato Mundial de Sóftbol Femenino 2018, que será en Chiba del 2 al 12 de agosto, con el oro colgado al cuello y la ilusión de quedar “entre las cuatro mejores del mundo” tras el logro histórico en los Centroamericanos.


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