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El año en que Kareem Abdul-Jabbar renunció a ser olímpico

La estrella del baloncesto Kareem Abdul-Jabbar. EFE

La estrella del baloncesto Kareem Abdul-Jabbar. EFE

EFE

“La idea de ir a México a pasármelo bien me pareció muy egoísta, dada la violencia racial que reinaba en mi país”.

Cuarenta y nueve años después de renunciar a participar en los Juegos Olímpicos de 1968, Kareem Abdul-Jabbar explicó de esa manera en un libro sus motivos para no acudir a aquella competición con la selección estadounidense de baloncesto. Uno de los mejores deportistas de todos los tiempos se cerró así la posibilidad de ser alguna vez olímpico.

Cuando tomó aquella decisión, el joven jugador tenía 21 años, había ganado dos títulos con la Universidad de UCLA y respondía aún al nombre de Lew Alcindor, que se cambió en 1971 tras su conversión al islam.

Estaba ya consagrado como uno de los mejores baloncestistas universitarios de la historia, pero era también un hombre comprometido con su tiempo y, sobre todo, con su raza.

Había sido testigo directo de las revueltas de julio de 1964 en el barrio neoyorquino de Harlem, tras la muerte de un muchacho negro de 15 años, James Powell, por disparos de un policía blanco, y los llamamientos a la resistencia pacífica formulados por Martin Luther King le parecían insuficientes para acabar con la discriminación que sufrían los suyos.

En la temporada 1966-1967 ganó el título universitario con UCLA, que no cedió una sola derrota en 30 partidos. Al acabar la liga, la NCAA (asociación universitaria) se sacó del bolsillo una norma que prohibía los mates, bajo el pretexto de que los jugadores podían lesionarse al hacerlos o al defenderlos. Esa regla pronto fue conocida popularmente como ‘la norma Alcindor’, al asumirse que estaba hecha específicamente para detener el poder bajo (y sobre) los aros de un jugador concreto.

El implicado la interpretó directamente como la enésima ofensa a su raza: “Esta nueva regla de ‘no mates’ me huele un poco a discriminación. Si te paras a pensarlo, la mayoría de los que hacen los mates son negros”.

En ese verano de 1967 Lew Alcindor participó en un encuentro de varios deportistas negros con Mohamed Ali, a quien le habían despojado de su título del peso pesado por su negativa, en plena Guerra de Vietman, a incorporarse a las Fuerzas Armadas.

Según ha narrado el profesor de Historia Johnny Smith en The Undefeated, una web especializada en “la intersección de raza, deporte y cultura”, aquella reunión “marcó un punto y aparte en la vida de Alcindor y en la rebelión de los deportistas negros”, que por primera vez se unieron “tras una misma causa”.

El jugador devoró la autobiografía de Malcolm X. “Absorbió cada palabra y descubrió un modelo de conducta, el arquetipo del Black Power”, sostiene Johnny Smith, quien detalla que la idea de boicotear los Juegos Olímpicos la formuló en noviembre de 1967 Harry Edwards, profesor de la Universidad de San José.

“Edwards argumentó que el sistema deportivo, incluido el Comité Olímpico Estadounidense, se servía de los atletas negros como muestra de democracia, mientras el conjunto de los negros eran relegados como ciudadanos de segunda clase”.

Allí mismo, en una iglesia baptista de Los Ángeles, Lew Alcindor decidió no acudir a los Juegos.

La negativa no tuvo marcha atrás cuando al año siguiente, el año olímpico, Alcindor y sus compañeros Mike Warren y Lucius Allen no acudieron a las pruebas de selección para formar el equipo de México.

Según el profesor Smith, el futuro Kareem Abdul-Jabbar, de carácter tímido, se mostró poco firme a la hora de explicar en público sus razones para el boicot y aludió al perjuicio que las concentraciones deportivas causarían a sus clases y a su intención de graduarse.

“Tenía principios, pero discutirlos públicamente le producía mucho estrés”, sostiene el historiador.

Abdul-Jabbar publicó en 2017 un libro titulado “El entrenador Wooden y yo”, sobre su técnico en aquella etapa en UCLA, John Wooden, en el que se extendió sobre su decisión de no acudir a los Juegos.

“No fue fácil tomarla. Yo quería, de verdad, unirme al equipo. Era un reto apasionante jugar contra los mejores del mundo y estar en el mismo equipo que los mejores universitarios de mi país. Además, la aventura de ir a México y mezclarme con deportistas de todo el mundo atraía al joven que yo era”, escribió.

“Pero la idea de ir a México a pasármelo bien me pareció muy egoísta, dada la violencia racial que reinaba en mi país”, continuó."No podía sacudirme el pensamiento de que, si iba allí y ganaba, estaría contribuyendo a honrar al país que nos negaba nuestros derechos”, afirmó.

El 4 de abril de ese año había sido asesinado a tiros en Memphis el reverendo Martin Luther King.

Según expuso Abdul-Jabbar en ese libro, también influyó en su decisión el sentimiento de rechazo que le provocaba el entonces presidente del COI, el estadounidense Avery Brundage, quien en 1936, siendo responsable del equipo olímpico de su país, “apartó a dos atletas judíos (de los Juegos de Berlín) para no disgustar a Adolf Hitler”.

La decisión no tuvo vuelta atrás y los Juegos de México, que este año festejan su 50 aniversario, se disputaron sin la participación de Lew Alcindor. Estados Unidos ganó la medalla de oro en baloncesto y en el Estadio Universitario el ‘Black Ppower’ tuvo su momento de protagonismo cuando Tommie Smith y John Carlos levantaron los puños, enfundados en guantes negros, en la ceremonia de entrega de medallas de los 200 m.

Tras dejar pasar el tren olímpico, Kareem Abdul-Jabbar se consagró como uno de los más grandes de la historia. A partir de 1969 jugó 20 temporadas en la NBA (Milwaukee Bucks y Los Angeles Lakers) y fue seis veces campeón y otras tantas Jugador Más Valioso.

Cuando se retiró en 1989 había anotado 38.387 puntos, más que nadie hasta entonces y más que nadie hasta ahora. A día de hoy le siguen Karl Malone (36.928), Kobe Bryant (33.643), Michael Jordan (32.292) y Wilt Chamberlain (31.419).

Con el tiempo fue entrenador, actor y autor de éxito y siempre permaneció pendiente de los desfavorecidos y de las causas nobles. Barack Obama le impuso en 2016 la Medalla de la Libertad. Sin haber sido nunca olímpico, o precisamente por no haberlo sido, también forma parte de la historia de los Juegos.

Natalia Arriaga


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