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El Valle, una región entre la cotidianeidad y la protesta contra Trump

Manifestantes del grupo religioso "Faith in Public Life" (Fe en vida pública) protestan hoy, miércoles 27 de junio de 2018, frente al Centro de Procesamiento de Inmigrantes de la Patrulla Fronteriza (CBP) en McAllen, Texas (EE.UU.). EFE

Manifestantes del grupo religioso “Faith in Public Life” (Fe en vida pública) protestan hoy, miércoles 27 de junio de 2018, frente al Centro de Procesamiento de Inmigrantes de la Patrulla Fronteriza (CBP) en McAllen, Texas (EE.UU.). EFE

EFE

La región de El Valle del Río Grande (Texas), en la frontera sur con México, vive una compleja situación ante la crisis migratoria provocada por la “tolerancia cero” del Gobierno que, por otra parte, no parece sorprender a sus habitantes.

Dada su cercanía con el país vecino, lugares como McAllen (Texas) acostumbran a vivir día a día con el flujo de personas que cruzan la frontera en ambos sentidos, lo que se refleja en la propias calles de la ciudad repletas de señales y carteles en español y que, incluso, queda paralizada por los partidos de la selección mexicana en el Mundial de Fútbol.

Sin embargo, la comunidad local no es ajena a las últimas medidas en materia migratoria aprobadas por el presidente, Donald Trump, que han provocado que más de 2.300 niños sean separados de sus padres cuando trataban de cruzar la frontera o acudían a los puertos de entrada a pedir asilo.

Por ello, desde hace varias semanas, diferentes asociaciones en defensa de los derechos humanos, junto a organizaciones religiosas, desarrollan campañas y movimientos a favor de los inmigrantes en la región.

“Esto no es justo, no es digno, y vamos a dejar claro que no apoyamos esto; hay que cambiarlo ahora mismo porque hay niños separados de sus padres y no existe ley internacional que soporte esto”, comentó a Efe la reverenda María Swearingen, que participó en una protesta en McAllen.

La pastora, que oficia en una iglesia en Washington, tomó parte en una concentración frente al Centro de Procesamiento de la Patrulla Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) de McAllen, donde los menores separados de sus familias son enviados previamente antes de trasladarlos a un refugio.

Varios miembros de la organización religiosa “Faith in Public Life” intentaron entrar en las instalaciones para comprobar el estado de los niños, pero las autoridades denegaron su acceso, por lo que rezaron públicamente frente al edificio en señal de protesta.

Otras asociaciones, como la ONG Catholic Charities, mantienen un programa de ayuda en varias ciudades de El Valle para inmigrantes que necesitan de un lugar donde refugiarse, mientras tratan de encontrar la forma de reunirse de nuevo con sus familiares.

En este sentido, entidades legales como Texas Civil Rights Project (TCRP) ponen sus esfuerzos en que la Administración frene la asignación “masiva” de cargos penales a los inmigrantes detenidos por cruzar la frontera, ya que ello conlleva la deportación inmediata a sus países de origen.

“La orden ejecutiva firmada por Trump no hizo referencia ni a esto, ni a como se llevará a cabo la reunificación familiar, puesto que por ejemplo, nosotros llevamos casi 400 casos y algunos de ellos, ya han sido deportados mientras que sus niños permanecen en EE.UU.”, reveló el director de comunicación de TCRP, Zenen Jaimes.

Mientras tanto, los habitantes de la región se esfuerzan por mantener su normalidad, “no por falta de solidaridad”, sino porque para ellos, “esto no es nuevo”, tal y como comentó a Efe María, dueña de un establecimiento en McAllen.

Esta mujer, de origen mexicano pero residente en Texas desde hace varias décadas, reconoce que al principio de la crisis migratoria la gente se interesaba más, pero a medida que pasan los días, “todos tratan de hacer su vida ya que al estar tan cerca de México, esto siempre ocurre aunque no se cuente”.

En el puerto de entrada de Hidalgo, cercano a McAllen, la actividad diaria transcurre con normalidad con cientos de personas cruzando de un lado a otro tanto a pie como en coche, aunque, como reconoció un vecino de Reynosa, la primera ciudad mexicana al pasar la frontera desde Texas, “ahora” hay más seguridad.

“Antes solo había un control de pasaportes, ahora como mínimo hay dos y se tarda mucho más tiempo en pasar porque te hacen más preguntas, sobre todo si vas a entrar en Estados Unidos”, explicó a Efe.

Este hombre, que prefirió no revelar su nombre, considera que la política de Trump es un “verdadero horror” y jamás acabará con la migración porque, en su opinión, las personas que acuden a la frontera “huyen de un terror aún mayor para poder tener una vida mejor”.


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