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El traslado de la embajada de EEUU “quiebra” las resoluciones 181 y 242, dice un experto israelí

El catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Mario Sznajder. EFE/Archivo

El catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Mario Sznajder. EFE/Archivo

EFE

Con su decisión de trasladar de Tel Aviv a Jerusalén la embajada de su país, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, “está quebrando” las resoluciones 181 y 242 de la ONU, afirma el politólogo israelí Mario Sznajder.

Sznajder acaba de publicar su libro “Historia Mínima de Israel” (Turner-El Colegio de México), que se presenta mañana en Casa Sefarad de Madrid, y en el que hace un sucinto recorrido por la historia de su país desde los tiempos cananeos hasta el siglo XXI y el fracaso del proceso negociador con los palestinos iniciado en Oslo en 1993.

En entrevista con Efe, Sznajder incide en que esa “quiebra” se verifica el 14 de mayo con la inauguración de la embajada estadounidense en Jerusalén y el reconocimiento explícito por Washington de esa ciudad como capital de Israel, lo que, afirma, supone “un incentivo muy fuerte” para este país.

En opinión del politólogo y profesor emérito de la Universidad Hebrea de Jerusalén, esa “quiebra” se divide en dos partes, una ideológica, la referida a la 181, y otra geopolítica, a la que alude la 242.

Así, la 181 (aprobada por la Asamblea General de la ONU el 29 de noviembre de 1947) establece la partición de Palestina al término del Mandato británico en dos estados, uno árabe y otro judío, y deja fuera de ambos a Jerusalén, que, por su extraordinario valor político y religioso, quedaría directamente bajo control internacional.

La 242, sin embargo, es mucho menos adanista y es producto de una guerra, la de los Seis Días, del 5 al 11 de junio de 1967, en la que Israel conquistó y ocupó territorios de tres países árabes (Egipto, Siria y Jordania), entre ellos la mitad oriental de Jerusalén.

En dicho documento, la ONU es taxativa e insta a Israel a abandonar los territorios ocupados, una posición sobre la que había prevalecido un consenso internacional, roto ahora por Trump, a quien ya han secundado, de momento, Guatemala y Paraguay, cuyas embajadas también se han trasladado ya a Jerusalén.

“A mí, como ciudadano israelí, la decisión de Trump en sí me es irrelevante porque para mí la capital ‘de facto’ de Israel es Jerusalén”, sin más consideraciones, subraya Sznajder.

Sin embargo, señala que Trump insiste en la necesidad de la negociación entre las partes y afirmó que el conflicto “se va a arreglar negociando”, aunque “ha dejado en el aire” el modo de afrontar dicha negociación.

Por otro lado, afirma, “la sociedad israelí es básicamente muy pragmática” y si se le presenta un paquete, una oferta de negociación “realizable”, entonces “lo va a apoyar”.

En este sentido, Sznajder incide en que la clave de la negociación pasa por resolver la cuestión de Jerusalén, y en particular lo relativo a la Explanada de las Mezquitas (o Monte del Templo en la terminología judía), que, en su opinión es “incuestionablemente árabe”.

Si se establecen también compensaciones territoriales para los palestinos basadas en el Plan Clinton (en torno al que pivotaron las fracasadas negociaciones de Camp David de 2000), podrían darse avances, afirma Sznajder, quien destaca que dicho documento “es lo único serio que queda” para dialogar.

Sin embargo, la pregunta que se hace Sznajder es "¿Con quién tiene que negociar Israel?”.

La pregunta radica en si hay que negociar con el movimiento nacionalista Al Fatah, núcleo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), a la que la comunidad internacional e Israel reconocen como actor legítimo para una interlocución, o bien con el islamista Hamás, al que Israel, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) consideran un grupo terrorista.

Si los palestinos “quieren construir un Estado, este se tiene que dotar de un cuerpo representativo, como hizo Israel”, incluso décadas antes de su fundación, el 14 de mayo de 1948, subraya el politólogo israelí.

“Este es un problema demasiado complicado como para darle explicaciones simples. Hay que conocer los antecedentes, los errores de las dos partes”, afirma Sznajder, aunque destaca que “los cometidos por la parte palestina han sido clamorosos”.

“Lo que falló fue que no se ha podido sacar adelante Oslo, lo que, añadido al terrorismo de Hamás, condujo a una sensación de gran desilusión entre israelíes y palestinos”, comenta el experto.

Fernando Prieto Arellano


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